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Después de que el ejército de Bashar al Asad arremetiera durante casi un mes contra la ciudad de Homs, específicamente al barrio Bab Amro, que era el bastión del Ejército Sirio de Liberación (ESL), los rebeldes tuvieron que huir hacia otras ciudades como Idleb, al norte, y las fronteras con Líbano y Turquía, donde permanecen en pie de guerra, aunque a la espera de una urgente ayuda internacional o una solución pacífica al conflicto.
Desde que el ejército del presidente Al Asad se tomó los territorios de los insurgentes, estos se encuentran fragmentados, desorganizados y con poca munición, pero siguen en la lucha que, según su líder, identificado como el coronel Ryad al Assad, no tiene otro objetivo político que la liberación del país del autócrata que cumple más de una década en el poder. El coronel de las fuerzas que están compuestas en su mayoría por soldados desertores ya había anunciado su deserción desde julio pasado e invito a los demás a renunciar al ejército oficial y luchar contra el régimen. Luego el líder rebelde recibió refugio en Turquía, donde se encuentra la sede de sus fuerzas, que se han atribuido varios ataques mortíferos contra las tropas leales al presidente, especialmente en Idleb, Homs y la provincia de Daraa, al sur del país.
El número exacto de soldados rebeldes es imposible de determinar, en parte porque todos los días mueren decenas de ellos. Sin embargo, el coronel Asad ha indicado que tiene bajo su mando a cerca de 20 mil hombres. Otros oficiales dicen que pueden ser hasta 40 mil. No obstante, la gran mayoría no tiene mucha experiencia en combate, pelean con sus cada vez más escasos recursos en contra del ejército sirio, que en cambio cuenta con artillería pesada, tanques, helicópteros y entre 140 mil y 160 mil integrantes. El régimen sirio ha acusado a países occidentales de proveer armamento a los “grupos terroristas”, por esta razón durante el último mes el régimen viene minando sus áreas fronterizas, impidiendo a la vez la evacuación de civiles en busca de un lugar más seguro, según lo ha denunciado la ONU.
Los rebeldes sirios han sabido sobrevivir a esta asimétrica lucha. Están escondidos en las montañas, se alimentan de pan y tomates, protegen a los civiles y les ayudan a evacuar el país, mientras tanto esperan la intervención de fuerzas internacionales o el envío de armas desde el extranjero. También buscan nuevas estrategias para luchar, recientemente el ESL anunció la creación de un nuevo consejo militar para coordinar las operaciones adentro y alrededor der Damasco, la capital del país. Varios expertos en estrategia militar han expresado que el principal error de los rebeldes fue pretender atrincherarse en territorios específicos y conocidos públicamente, lo que no debieron haber hecho como grupo guerrillero.
Hoy una noticia mantuvo en una tensa calma el ánimo de los insurgentes: los seis puntos que el enviado especial de la ONU y la Liga Árabe, Kofi Annan, le propuso al presidente Al Asad para la resolución de la crisis en el país, fueron aceptados por el régimen sirio. No obstante, lo que determinará si la decisión del gobierno es creíble serán las acciones que tome en los próximos días. El plan para la paz busca un cese de las hostilidades bajo supervisión de la ONU, la puesta en libertad de los detenidos en las protestas antigubernamentales y el envío de ayuda humanitaria. La comunidad internacional y el ejército rebelde permanecen prudentes, a la espera de una respuesta concreta del gobierno, cuya represión ya ha dejado en un año alrededor de nueve mil muertos según la ONU.