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En estado de corrupción

El gobernador de Illinois fue arrestado por cargos de soborno. La tradición de políticos corruptos encuentra su más reciente ejemplo en Rod Baglojevich. Un problema de más de un siglo.

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“Si alguien quiere grabar mis conversaciones, que lo haga, siéntase en la libertad de hacerlo”, respondió el lunes desafiante el gobernador de Illinois Rod Baglojevich cuando un reportero le preguntó sobre las posibles investigaciones que en su contra se adelantaban  por corrupción.

Quizá la invitación no habría sido tan temeraria si el gobernador hubiera sabido que agentes del FBI tenían grabaciones en las que Baglojevich ofrecía al mejor postor el escaño legislativo que dejó atrás Barack Obama cuando ganó la Presidencia de Estados Unidos. “Nos ha llevado a un punto bajo”, como lo dijo el fiscal Patrick Fitzgerald. Baglojevich había buscado sacarle provecho a la facultad que, como gobernador, le da la ley para nombrar reemplazos a aquellos congresistas de su estado que por una u otra razón dejen el puesto antes de cumplir su período.

El FBI lo acusa tanto de intentar vender el escaño que dejó Obama como de presionar y hacer ofertas monetarias al diario Chicago Tribune para que despidiera a editores que lo criticaran. En las grabaciones, el gobernador agresivamente utiliza su poder como herramienta de chantaje.  “Me darán lo que se me dé la maldita gana”, exigió el Gobernador en una conversación. “Si no me dan suficiente, de pronto me nombro a mí mismo como Senador. Así podría tener acceso a más recursos”, reconoce.

Cuando se lanzó por primera vez a la Gobernación en 2002, Baglojevich siguió la estrategia que años más tarde condujo a la Presidencia a Obama: se enfocó en promover el cambio y en hacer campaña puerta a puerta. Baglojevich prometió sacar a Illinois de la olla podrida en que la había dejado su predecesor republicano, George Ryan, quien actualmente está en la cárcel por 18 diferentes  delitos, la mayoría asociados con corrupción y hurto de dinero público.

El escándalo es el ejemplo más reciente de lo arraigadas que están, en ciertos sectores de la clase gobernante de Illinois y del país entero, la codicia y las mentiras. En los últimos cinco años, varios gobernadores y congresistas han sido expuestos como criminales de cuello blanco.

En el orden nacional, basta mencionar al ex gobernador de Nueva York Eliot Spitzer, quien en marzo tuvo que renunciar al ser descubierto que era el “cliente número nueve” de una de las redes de prostitución más exclusivas del país, a las cuales tildaba en público de inmorales. O el caso del congresista Ted Stevens, “el rey de Alaska”, quien en 2007 se unió con una petrolera para sobornar a legisladores del estado y lograr el capital  político que le permitiera expedir a su antojo licencias para la explotación de petróleo.

Pero históricamente, entre los estados de la unión, Illinois ha sido uno de los más afectados por la corrupción. El jefe estatal del FBI afirmó hace unos días públicamente que es uno de los más corruptos. Una afirmación que,  a la luz de la historia, resulta  bastante fácil de sustentar.

Desde el siglo XIX, Illinois ha sido víctima de los intereses personales de su clase política. El Gobernador del estado de 1853-1857 intentó escabullirse con 200 mil dólares que “encontró” en una caja de zapatos. En 1895, un grupo de concejales le

otorgó la licencia de explotación de gas a una compañía de mentiras, para después venderla a una empresa real y robarse el dinero.

Durante la época de la prohibición de licor, cuando el mafioso Al Capone redactaba, interpretaba y ejecutaba la ley en la ciudad de Chicago, todos —desde los cabos rasos de la policía, pasando por los jueces y alcaldes, hasta los senadores del estado en Washington— estaban untados por el  licor de contrabando. Para muchos, sin embargo, la plata y el temor que implicaba la figura de Capone no eran suficientes, como fue el caso del gobernador Lennington Small, quien se robó un millón de dólares del erario, y aunque fue llevado a juicio, resultó  absuelto a pesar de la contundente evidencia en su contra, hecho que se explicó cuando cuatro de sus jurados fueron nombrados en cargos públicos.

Recientemente, tres de los últimos siete gobernadores han terminado tras las rejas, para un total de siete en la historia. Incluso los auditores tributarios han sido descaradamente corruptos, como el que utilizó 1,5 millones de dólares de los contribuyentes para comprar un avión, cuatro carros y seis años y medio en la cárcel.

Hoy el futuro político y la solidez del Partido Demócrata en Illinois está comprometido. En una de las grabaciones que tiene el FBI en contra de Baglojevich, aparece involucrado Jesse Jackson Jr., hijo de Jesse Jackson, el emblemático líder de la conquista de los derechos civiles  de los afroamericanos. El hoy representante  Jackson Jr. aparece presuntamente interesado en el escaño en el Senado que andaba subastando Baglojevich.

Según las grabaciones, el actual congresista es identificado como “el Senador número cinco” y uno de sus representantes supuestamente le ofreció medio millón de dólares a Baglojevich por el escaño. Los abogados de Jackson han aceptado que “el Senador número cinco” es efectivamente el congresista Jackson Jr., pero que éste jamás estuvo involucrado en el asunto, que todo era una mentira de Baglojevich para conseguir más dinero por el puesto.

También estarían involucrados los dirigentes del relativamente nuevo Sindicato Internacional de Empleados de Servicios, el cual ha crecido enormemente en años recientes, llegando a tener 2 millones de miembros. La evidencia indica que este sindicato era uno de los más interesados en conseguir el escaño.

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Barack Obama ha pedido la renuncia del Gobernador y con  este episodio se empieza a vislumbrar la larga y difícil tarea de cumplir lo que prometió en su campaña: cambiar las malas costumbres de una tradicional clase política.

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