Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
“Esa dificultad no radica en la Palabra de Dios, si no a causa de interpretaciones ideológicas y políticas”, precisó Twal ante los más de 250 obispos de todo el mundo que asisten a esta XII Asamblea sinodal, cuyo tema es “La Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia”.
El arzobispo jordano, de 68 años, hizo un llamamiento durante su intervención en favor de Tierra Santa y pidió “más rezos, más solidaridad y más peregrinaciones para ayudarnos a ser testimonios de Cristo, desde Jerusalén, toda Judea y Samaria hasta los confines de la tierra”.
En varias ocasiones Benedicto XVI ha expresado su preocupación por el descenso de cristianos en Tierra Santa, debido, entre otras, a la situación de inseguridad que viven en la zona, y ha dicho que los Santos Lugares corren el riesgo de transformarse “en zonas arqueológicas, privadas de vida eclesial”.
Según datos de 2006 del diputado palestino Bernard Sabella, los cristianos palestinos apenas llegan a los 150 mil.
En la sesión de hoy intervino también el Patriarca de Antioquia de la Iglesia Greco-Melquita (católica de rito oriental, con sede en Damasco), Gregorio III Lahamb, que abogó por el diálogo interreligioso y exigió el derecho de los cristianos a mostrar la Buena Nueva a los demás, lo que no significa que pidan a los otros que abracen el cristianismo, “ya que la conversión es obra de Dios”.
El patriarca expuso la situación de los cristianos en una zona, como la suya, donde son minoría y el islam es mayoritario y los problemas que encuentran los cristianos para su labor.
“No existe un monopolio de la palabra de Dios, es tanto del otro como nuestra. El mundo musulmán tiene miedo de nuestras predicaciones y le pedimos a los musulmanes que reconozcan el derecho a llevar la Buena Nueva a los demás, con amor y respeto por su fe”, dijo Gregorio III Lahamb
El líder religioso greco-melquita añadió: “no le pedimos que abracen nuestra fe, nos basta que los demás puedan descubrirla, estimarla y respetarla.
La conversión es obra de Dios. Nosotros no tratamos de convencer a un amigo, Dios convertirá a quien quiera”.
Gregorio III Lahamb subrayó que la Palabra de Dios “no desprecia a nadie, no se regocija en el mal, sino en el amor”.
En el debate de hoy viernes también intervino el obispo Anton Justs, de Jelgava (Letonia), que hizo que muchos prelados y asistente lloraran al contar la situación en la que vivieron los católicos durante el régimen comunista
Justs contó la historia del sacerdote Viktor, que fue condenado a diez años de trabajos forzados en Siberia por poseer una Biblia y negarse a pisotearla, cuando se lo exigieron.
“A los ojos de los agentes soviéticos la Biblia era un libro contrarrevolucionario”, precisó.
El obispo señaló que en Letonia durante la era soviética no estaba permitido imprimir libros religiosos, Sagradas Escrituras o catecismos. “El razonamiento era el siguiente: si la Palabra de Dios no está escrita, no habrá ninguna religión. Nuestro pueblo hizo como los primeros cristianos, aprendió de memoria las Sagradas Escrituras”, subrayó.