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Francisco Javier López Peña, Thierry o Zulos, era “la persona con más peso político y militar en la banda”, según el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba. La captura de este peso pesado la noche del martes en Burdeos (Francia), junto a tres etarras más, ha sido la mejor noticia en la lucha antiterrorista que ha tenido hasta ahora el Gobierno socialista, aun más que la caída del que durante años fue el ícono de Eta, Mikel Antza (en 2004). Porque mientras éste incluso tenía una hoja de ruta para el final de la banda (inaceptable para el Ejecutivo), Thierry había embarcado a la organización en una dura campaña de atentados para ‘hacer pagar al Gobierno’ la ruptura de las conversaciones para el fin dialogado de la violencia. Por todo ello, su detención fue calificada de “durísimo golpe” a Eta por el presidente José Luis Rodríguez Zapatero.
Con él cayeron otros cuatro etarras. La rama dura, los que decidieron romper la tregua en diciembre de 2006, después de haberse posicionado en mayoría dentro del Zuba (Zuzendaritza Batzordea), el comité de dirección de Eta que se celebra cada mes. Detectados en su escondite, la policía francesa estaba esperando la celebración de una reunión para intervenir, pero una indiscreción precipitó la intervención del martes.
De los cuatro detenidos, Javier López Peña, Thierry (Galdakao, 1958), es el último veterano que logró reunir la dirección de los aparatos militar y político de la banda. Antes, sólo lo consiguieron Josu Ternera, hoy en paradero desconocido, y Mikel Albisu, Mikel Antza, detenido en octubre de 2004, quienes además de mando militar tuvieron liderazgo político para marcar la estrategia de la banda.
López Peña accedió a número uno en plena tregua etarra, en sustitución de José Antonio Urrutikoetxea, Josu Ternera, retirado, según fuentes policiales, por un problema de salud. Apareció abanderando la posición más dura y contraria al mantenimiento de la tregua. Fue el interlocutor sorpresa de los enviados de Zapatero en los dos encuentros, celebrados en diciembre de 2006 y en mayo de 2007, donde fue portavoz de la banda y voz cantante del sector duro, que se distinguió por la rigidez de sus planteamientos.
Hasta entonces, López Peña era conocido por los expertos franceses como Zulos, un alias ilustrativo de su papel en la estructura etarra. Se incorporó a Eta militar a principios de los años 80. Se fue a América, de donde regresó para llenar el vacío tras la caída de la dirección etarra en Bidart, en 1992, que dejó a la banda sin norte y a punto de desaparecer. Un año después, se hizo cargo de los zulos, los militantes en la reserva y los cursillos.
Con este bagaje, López Peña, pareja de la abogada aberzale Yolanda Molina, era un colaborador estrecho de Josu Ternera desde que regresó a la clandestinidad tras la ruptura de la tregua en 1999. Aunque varios años más joven que él, su trayectoria en la banda, la experiencia de su periplo americano, así como el hecho de ser un cuadro interno calificado, pero sin proyección pública —no había sido detenido por la policía—, lo convierten en uno de los hombres imprescindibles del aparato militar. Desde ahí va escalando posiciones en la estructura directiva de Eta hasta ponerse al frente de esta, como lo evidenció su papel en la ruptura de la última tregua.
Su trayectoria interna se fue fortaleciendo conforme Eta se debilitaba con los golpes que le dio la policía a sus aparatos militar y logístico.
En esta carrera, el aparato militar de Eta, que se había rearmado durante la tregua de Lizarra con la incorporación de la nueva savia joven procedente de la cantera de la kale borroka (terrorismo callejero), fue descabezado al menos una vez por año. El goteo de dirigentes detenidos desde entonces, todos ellos en Francia, dejó la estructura raquítica. Esta presión policial fue el principal móvil que impulsó a Josu Ternera a ofrecer al nuevo Gobierno socialista la tregua que fracasó en la T-4 de Barajas.
El primero en caer de la banda el año 2000 fue Ignacio Gracia Arregi, Iñaki de Rentería. Un año después, en 2001, cayó Txapote. El descabezamiento prosiguió con la detención del jefe de comandos, José Antonio Olarra Guridi. Tras él fue Ibón Fernández Iradi, Susper, arrestado en diciembre de 2002. Félix López de Lacalle, Mobutu, otro veterano, cayó seis meses antes que el número uno, Mikel Antza.
Números etarras
822 personas han muerto en los atentados de la Eta desde su creación, en 1959. 341 son civiles y 481 militares o policías. La víctima más reciente fue el guardia civil Juan Manuel Piñuel, muerto el 14 de mayo en un atentado.
5 treguas totales han sido declaradas por la organización durante su existencia. La última fue anunciada el 22 de marzo de 2006, y se dio por terminada tras los atentados al aereopuerto de Barajas, en Madrid, el 30 de diciembre de 2006.