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El pasado martes, mientras Rafael Velásquez, de origen peruano, hablaba por teléfono con varios colegas en Beirut (Líbano), sintió una especie de temblor, al inicio pensó que era un terremoto. “Dejé la llamada y me dirigí hacia la puerta de mi habitación y fue en aquel momento que me alcanzó la onda expansiva. Luego de unos segundos de consternación miré por la ventana y vi una espesa columna de humo”.
La explosión que destruyó la mitad de la capital libanesa deja cerca de 137 muertos y más de 5.000 heridos, varios de ellos extranjeros. Velásquez es director de la organización Mercy Corps en Líbano que trabaja con los refugiados y las comunidades que los hospedan al llegar. El tema no es poca cosa, teniendo en cuenta que la migración ha sido uno de los fenómenos sociales más importantes en la historia del golpeado país, debido a que millones de personas llegan huyendo de otras guerras y otras violencias. “La París de Oriente Medio” como se conoce Beirut siempre atrajo a inversionistas, turistas y migrantes principalmente de Oriente Medio.
Según datos de la ONU, hasta el año pasado había 1’863.000 migrantes en el país. De esos, poco más de 1’162.000 son de origen sirio. Además, la ONU registra otras comunidades extranjeras importantes, como la palestina (487 mil personas), iraquí (114 mil), egipcia (78.700), indonesia (2.578), china (2.294) e india (1.462). “Líbano siempre a abierto sus puertas a gente con necesidad, de hecho, una cuarta parte de su población son refugiados”, señaló a este diario Velásquez.
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Con los últimos reportes se han empezado a conocer cifras sobre víctimas internacionales. Las embajadas de Egipto, Marruecos y Australia informaron que cada una tenía conocimiento de un ciudadano muerto. Además, un francés, el arquitecto Jean-Marc Bonfils, figura en la lista de los fallecidos, junto con otras 24 personas de ese país. La Cancillería colombiana, por su parte, aseguró que hay dos connacionales heridos cuyo estado de salud todavía es reservado. Lo mismo informaron los ministerios de Relaciones Exteriores de Rusia y Kazajistán.
A las pérdidas de vidas humanas hay que sumarle la destrucción que dejó la explosión: cerca de 300 mil personas se quedaron sin hogar, hay decenas de desaparecidos y los traumas del momento del potente estallido todavía están muy presentes. “Después de asegurarnos de que mi equipo estaba a salvo, nos dirigimos hacia el apartamento de una colega, el cual quedó inhabitable, para llevarla a un hotel donde pudiera pasar la noche. Fuimos a pie porque ir en carro en ese momento no era una opción”, aseguró Velásquez.
Ana María Guizelán, de ascendencia siria, recuerda en un relato a la agencia EFE, que “ese día estaba con un amigo en su apartamento en Gemmayze, en el centro de Beirut, cuando vieron una pequeña columna de humo. “De repente oigo un sonido similar al de un avión viniendo muy bajo y un estallido. Recuerdo decirle a mi amigo Ahmad: ‘¿Sabes? en Siria siempre oíamos ese sonido cuando algo explotaba’. Sin acabar de hablar, todo estalló a mi alrededor. Lloro, cierro los ojos porque estaba tan segura de que iba a morir que no quería ver cómo pasaría”.
Luego, agrega: “Miré hacia mi pecho y me di cuenta de que estaba llena de sangre, mi cabeza tenía una brecha, mi cuello dos grandes cortes, mi barbilla estaba abierta y mi mano derecha tenía tanta sangre, que no podía ni ver las heridas. Ahmad, con la cara llena de sangre, me dio su camiseta para parar la hemorragia. Salimos del edificio, estábamos en modo supervivencia”. Después de una larga travesía, en la que no lograban dar con un centro sanitario que tuviera cupos para atenderlos, regresaron al apartamento. “De repente mi amiga me dijo que estaba mi madre en el teléfono. Me limpié las lágrimas y como una psicópata sonreí y lloré tratando de parecer que estaba bien”, señaló.
Otro de los testimonios de extranjeros que se conocieron fue el del español Daniel Jiménez, quien ese día completaba su primer entrenamiento como director técnico del club de fútbol Al Ahed. En entrevista con el portal AS, afirmó que todos sus futbolistas y familiares estaban bien, pero que el momento había sido de los más trágicos de su vida.
“Conducía con los botines puestos y con una mano en el volante y otra en los ojos, porque en esos momentos pensaba que podía ser una bomba y, en caso de que cayeran más, quería protegerme de una posible rotura de cristal del vehículo. Durante este trayecto vi a Beirut destrozado, con muchos cuerpos cubiertos con cristales, gente mutilada… fue terrorífico. La peor parte de todo, sin duda, fue el camino de vuelta a casa, por todo lo que vi”.
Ante la crisis, la comunidad internacional ofreció su apoyo para ayudarle al gobierno libanés. La Unión Europea anunció una ayuda de emergencia por 33 millones de euros (unos US $40 millones). Sin embargo, las declaraciones del presidente francés, Emmanuel Macron, no cayeron bien en algunos sectores de su gobierno. El mandatario viajó a Líbano afirmó: “Más allá de la explosión (…) hoy hay una crisis política, moral, económica y financiera que ha durado varios meses, varios años, y esto implica fuertes iniciativas políticas”.
Líbano fue un protectorado francés hasta 1941, por lo que algunos políticos franceses señalaron que en las palabras de Macron se están asumiendo responsabilidades que no le corresponden. “Independientemente de lo que se piense de los dirigentes libaneses, ¿qué legitimidad tiene Macron para presentarse como salvador?”, indicó en Twitter el líder socialista Olivier Faure.
El gobierno estadounidense también anunció su respaldo, de la mano de Frank McKenzie, portavoz del Comando Central del Ejército, quien afirmó que la ayuda llegará en tres aviones de forma «inminente».
En este momento se debe actuar rápido. Lo más inmimente en estos próximos días será el seguimiento de estas poblaciones afectadas y sin hogar, según el presidente de Médicos sin Fronteras, el francolibanés Mego Terzian. “La otra prioridad serán los enfermos crónicos, aquellos que padecen cáncer, HIV o enfermedades respiratorias como el asma, con riesgo de tener problemas en el suministro de medicamentos. Nos hemos enterado de que los depósitos de medicamentos y vacunas situados en el puerto de Beirut se vieron afectados”.