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Para Israel, una incursión a gran escala en Rafah sería, supuestamente, lo último para erradicar a Hamás. Aunque la comunidad internacional le pide a Benjamin Netanyahu que detenga la operación porque la ciudad del sur de la Franja es el último refugio para más de un millón de palestinos, el primer ministro se muestra imperturbable en su intención de lograr lo que, para él, es la victoria total.
Por el ataque del 7 de octubre de Hamás a Israel, que dejó casi 1.200 personas muertas y 250 rehenes, de los cuales 130 siguen en cautiverio, al menos una tercera parte ya ha muerto, Netanyahu prometió “aplastar y destruir a Hamás”. Luego de siete meses de que Israel respondiera con toda su fuerza, hoy las consecuencias en la Franja son al menos 34.904 víctimas mortales, según el Ministerio de Salud del territorio, dirigido por Hamás; casi 1.900.000 desplazados; cerca de 1,11 millones de personas en inminente hambruna, y tan solo 13.000 bajas de combatientes de Hamás, de acuerdo con cifras de las Fuerzas de Defensa Israelí (FDI), de los 30.000 que se creía existían.
La violenta respuesta de Israel bajo el argumento de defenderse ha puesto en duda el alcance del derecho internacional invocado por Occidente y, con ello, la legitimidad del sistema. Según Juan Sebastián Silva, profesor de la Universidad Javeriana y magíster en estudios de paz, pareciera que el famoso Domo de Hierro con el que Israel se protege “no solamente ha sido casi impenetrable para los misiles, sino también para las interpelaciones morales alrededor de la guerra”. Pero ahora, con la advertencia, por primera vez, de Estados Unidos con dejar de suministrar a Israel cierto armamento ofensivo si Netanyahu sigue con el plan de un gran ataque terrestre en Rafah, “creo que ese domo empieza a tener fisuras”, dijo Silva.
Aunque para algunos es tardía, con esta decisión del gobierno de Joe Biden “hay una representación de algo muy importante, y es no dar por sentado que todo lo que diga Israel se va a hacer”, explicó el analista. Pese al tiempo transcurrido, en el que se han hecho denuncias por genocidio en instancias internacionales, como la que emprendió Sudáfrica, con el apoyo de países como Colombia, “esta nueva postura muestra que hay un límite para Estados Unidos”, añadió.
“Esta decisión significa que Biden ha decidido utilizar su única forma real de influencia sobre ‘Bibi’: retener las armas”, afirmó Cliff Kupchan, presidente de Eurasia Group, según recogió “The New York Times”. “Es un momento precario para las relaciones entre Estados Unidos e Israel, ya que comienza a poner en juego la seguridad israelí. Biden no tuvo otra opción. La guerra es un lastre para su campaña electoral, para la unidad del Partido Demócrata y para la posición de Estados Unidos en el mundo”, continuó.
De hecho, según algunos analistas, el cambio de postura de Estados Unidos podría ser una anticipación a algo que no se ha dicho públicamente, pero que puede estar en el radar, y es que Estados Unidos sea señalado como cómplice.
La intención, por el momento, parece ser presionar a Israel con un factor de peso; sin embargo, Netanyahu respondió “si tenemos que estar solos, lo estaremos”. Horas después el portavoz del ejército israelí, Daniel Hagari, apoyó al mandatario y aseguró que Israel tiene armas suficientes para llevar a cabo sus operaciones militares sobre la Franja de Gaza. “Las Fuerzas de Defensa de Israel tienen armamento para las misiones que se están planeando y también para las misiones en Rafah. Tenemos lo que necesitamos”, señaló Hagari.
Para Silva, “seguramente Israel sí tiene armas para varios días, pero de todas maneras quiere mostrarse como autónomo, y eso es muy complicado para las relaciones con un país que ha recibido simpatía incluso en sus momentos de ser villano”.
Según Felipe Medina Gutiérrez, docente de Oriente Medio de la Universidad Javeriana, con verdaderas sanciones económicas internacionales, aislamiento político y embargo militar se podría contener a Israel. “En otros escenarios en Oriente Medio en el pasado observamos estrategias como la zona de exclusión aérea. Esto es lo que debería de aplicarse para detener las masacres”, opina Medina.
Por otro lado, según Silva, “para no ponerlo en términos absolutos, pareciera que Israel les tiene miedo a muy pocas cosas, porque se siente respaldada por esa idea de autosuficiencia”. Un carácter que Estados Unidos ha ayudado a construir desde la Segunda Guerra Mundial. Hasta el año pasado, Washington había proporcionado US$158.700 millones a Israel desde su fundación, la mayor parte (US$124.300 millones), para su ejército y sus defensas antimisiles, según el Servicio de Investigación del Congreso, citado por “The New York TimesW. De acuerdo con un memorando de entendimiento de 10 años firmado por el presidente Barack Obama y citado por el mismo medio, Estados Unidos proporciona US$3.800 millones anuales en ayuda militar, sin contar los US$15.000 millones en ayuda adicional aprobados el mes pasado por el Congreso.
Por ahora, en un intento por contener la avanzada israelí y revertir el “colapso” del derecho internacional, como advirtió Amnistía Internacional en su último informe, la Asamblea General de la ONU adoptó el 10 de mayo una resolución que otorga a Palestina más derechos de participación. Sin embargo, los países miembros pidieron al Consejo de Seguridad que reconsidere su membresía plena. Por su parte, el embajador de Israel ante la ONU, Gilad Erdan, condenó, por adelantado, la votación, y dijo: “Van a promover un Estado terrorista palestino. Esta semana se recordó el Holocausto, y precisamente esta semana ustedes han decidido honrar a los terroristas modernos. Cómo pueden estar tan ciegos”, aseguró el embajador Erdan.
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