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Fisuras en la Cumbre del G-8

El optimismo de Barack Obama sobre la reducción de los gases contaminantes en todo el mundo se vio opacado por la posición de los países pobres, que no aceptaron unirse al acuerdo.

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Los países que integran el G-8 (Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, Japón, Canadá y Rusia) acordaron limitar el aumento de las temperaturas a no más de dos grados centígrados y reducir en 80% las emisiones de CO2 antes de 2050, mientras que la reducción sería de un  50% para el resto de las naciones durante el mismo plazo.

Después de una larga batalla por acordar objetivos comunes en la lucha contra el cambio climático —la primera batalla se dio en 1992 durante la  cumbre de Río de Janeiro, luego llegó Kioto en 2005 pero solo entró en vigor hasta 2007 sin la firma de EE.UU., el mayor contaminante del planeta—,  parecía que los países desarrollados se habían fijado, por primera vez, metas ambiciosas y comunes sobre dicho tema.

Pero, las fisuras no tardaron en aparecer. El acuerdo alcanzado les pareció insuficiente a los países en desarrollo (India, México, China, Brasil y Sudáfrica), que mantienen posiciones encontradas y que creen que para pedirles a ellos sacrificios —cerrar fábricas para no contaminar y gastar dinero en tecnología—, los ricos tienen que hacer más esfuerzos.

Brasil, el mayor productor de biocombustibles del mundo, fue el país en desarrollo que se mostró más inclinado a firmar el acuerdo. Según fuentes presentes en las negociaciones, al país suramericano le conviene el compromiso propuesto por el G-8 para beneficiar su creciente industria del etanol. China y la India, por el contrario, no quieren firmar reducciones de sus emisiones pues argumentan que eso frenaría su desarrollo. También piden que las grandes potencias deberían establecer con mayor claridad las fechas desde las que comenzarán a reducir la emisión de gases. El acuerdo no menciona este aspecto.

El secretario general de la Organización de Naciones Unidas (ONU), Ban Ki-moon, también presente en la cumbre de los países más ricos del mundo en L’Aquila (Italia), se mostró “insatisfecho” con la falta de acuerdos concretos de esta jornada. Una muestra más que la lucha contra el cambio climático se convirtió en una guerra de intereses.

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