Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Unas cuantas maletas y mucho miedo es lo único que traen consigo los refugiados libios que consiguen llegar a Ben Garman, la ciudad tunecina que encuentran tras traspasar la frontera occidental y dejar atrás las bombas y los disparos con los que el coronel Muamar Gadafi trata de someter a su pueblo. Lo primero que encuentran es un improvisado comité de bienvenida de jóvenes tunecinos, que los reciben amistosamente con gritos y vítores. Los intentan contagiar del entusiasmo que ellos vivieron hace un mes, cuando se libraron del dictador Ben Alí tras una revuelta ciudadana, pero la situación esta vez parece muy distinta y los testimonios de los que llegan no describen una revolución, sino una guerra.
“Están usando granadas y todo tipo de armas. Son mercenarios africanos los que disparan a la gente”, dice Fadi, un joven libio. La llegada de los periodistas a Ben Garman despertó la curiosidad de los tunecinos y el recelo entre los libios que huyen. Uno de ellos agredió el martes a una periodista que grababa imágenes, le partió la cámara y se apropió de la cinta. “Si Gadafi nos ve las caras estamos muertos”, dijo.
Aun así, la mayoría quiere contar su testimonio. Muchos no han visto gran cosa, sólo huyen de las terribles historias que les han relatado otros. En este lado de la frontera nadie habla por ahora de resistencia sino de sobrevivir. De sus relatos se desprende que, al menos en el oeste del país, el coronel Gadafi mantiene el control. “Los helicópteros están disparando indiscriminadamente. Hay pillaje y robos en la carretera. En los puestos de control, la policía está quitándole a la gente las tarjetas de los móviles para que no saquen fotos o videos que sirvan como prueba de lo que está pasando”, explican los refugiados.
El Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) teme que se produzca un importante éxodo desde Libia y pidió a los países vecinos que no den la espalda a quienes huyen de la violencia. La ONU prepara el envío de ayuda a las fronteras de Túnez, por donde han salido ya más de 4.500 personas. El ministro de Exteriores de Italia, Franco Frattini, teme un “éxodo bíblico” de libios hasta de 300.000 personas, estima, si cae el gobierno de Gadafi.
Según la cadena árabe de televisión Al Jazeera, la parte este del país está bajo control de los opositores: Bengasi, la segunda ciudad del país, y Tobruk fueron tomados por comités cívicos y ahora civiles armados organizan a los manifestantes.
El dimitido ministro de Justicia, Mustafa Abdel Yalil, aseguró que la zona oriental del país “ha sido liberada totalmente del control” de Gadafi, mientras oficiales del ejército de Al Yabal al Ajdar, en el noreste y cuya capital es Al Baida, anunciaron que se unieron a la revolución.
Condena internacional
Más del 25% de la producción de petróleo de Libia — ocupa el tercer puesto en la lista de países productores— se encuentra paralizada por los disturbios y ya se sube el tono de la condena a Muamar Gadafi. Ayer, la Unión Africana condenó “el desproporcionado uso de la fuerza del régimen libio contra la población civil”. La Unión Europea (UE) acordó preparar sanciones como el embargo de armas, congelar cuentas, denegar visados y otras restricciones hasta que el régimen no cese la violencia contra los manifestantes.
Estados Unidos también anunció que está considerando emprender una serie de acciones para enfrentar la represión, según explicó el portavoz del departamento de Estado. “Toda una gama de medidas están a nuestra disposición para alcanzar nuestro objetivo: el fin de la violencia en Libia”, declaró Philip Crowley.
Por su parte, la alta comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Navi Pillay, anunció que pedirá una investigación que determine si la violencia ejercida durante los últimos días en Libia constituye un “crimen contra la humanidad”.
La crisis dispara el refugio. Para ver infografía clic aquí.