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Las imágenes recuerdan el día en que cayó Hosni Mubarak. Después de varias semanas de protestas, ese 19 de febrero, miles de egipcios abarrotaron la plaza Tahrir, en pleno centro de El Cairo, y le exigieron su renuncia. La presión internacional y la complicada situación interna hicieron que Mubarak empacara sus maletas y huyera con su esposa e hijos hacia Arabia Saudita. Sin embargo, el poder que ostentó durante 30 años quedó en manos de la Junta Militar, un organismo que lo acompañó durante todo su régimen y que hoy, nueve meses después, no quiere entregar el poder.
Ese es el reclamo de los egipcios, quienes, después de una semana de protestas con un saldo de 40 muertos, aumentaron la presión contra los militares. Les exigen que entreguen el poder. Les piden que cesen la violencia contra ellos. Les reclaman por la pobreza y la falta de oportunidades. Les reprochan que quieran apoderarse de las elecciones, que comienzan el próximo lunes 28 de noviembre y que culminarán con la redacción de una nueva Constitución en la que ya tienen planeado incluir 23 artículos que les garantizan aún más poder.
“Es la última oportunidad”, gritaban miles de egipcios que cubrieron la plaza Tahrir, recordando que fue un día como este que cayó Mubarak. Estados Unidos, que inicialmente los apoyó, también aumentó la presión para que dejen el poder. “Creemos que una completa transferencia del poder a un gobierno civil debe tener lugar de una manera justa e incluyente que responda a las legítimas aspiraciones del pueblo egipcio tan pronto como sea posible”, dice el comunicado que emitió Barack Obama.
El mariscal Mohamed Tantaui, consciente de que Washington administra una ayuda militar que se eleva hasta 1.300 millones de dólares anuales, está pensando en la mejor salida. En un intento por calmar las manifestaciones, nombró como primer ministro a Kamal Ganzuri, un exfuncionario del gobierno Mubarak. “¿Cuál cambio es este? Tantaui y Ganzuri son una copia exacta de Mubarak”, aseguró Ahmed Mamdu, uno de los manifestantes.
No se equivocan. En su primera intervención Ganzuri, de 78 años, exprimer ministro de Mubarak entre 1996 y 1999, dijo que dispondrá de más poderes que ningún otro jefe de Gobierno en el pasado y que logrará prerrogativas completas para servir a Egipto. “Las prerrogativas que se me han otorgado superan por mucho a las que se han dado a ningún otro gabinete”. Y aclaró que el mariscal Tantaui, “no tiene intención de quedarse en el poder”.
Pero pocos le creen y ayer le cerraron el paso para que llegara a su despacho. Incluso desde el púlpito piden su renuncia. El influyente imán de Al Azhar, Hassan Chafie, máxima autoridad religiosa del país y una de las más influyentes del islam suní, dijo que los manifestantes no se detendrán hasta que sus reclamaciones sean satisfechas y le pidió a la Junta Militar que transfiera el poder a un gobierno civil. Sus palabras fueron seguidas por el eslogan más escuchado en la plaza: “El pueblo quiere la salida del mariscal”.
El mariscal, sin embargo, no cede. Ayer aseguró que “Ganzuri será el encargado de formar un gobierno de salvación nacional” y les recordó a todos los egipcios que fueron ellos los que le dieron al Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas, el pasado 19 de marzo, el encargo de supervisar la transición hacia la democracia en Egipto. “Y estamos cumpliendo con sus deseos”.