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God save the queen

La reina heredó el trono el 6 de febrero de 1952, cuando falleció su padre, el rey Jorge VI. Fue coronada un año después.

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Eran dos mujeres olvidadas en el tiempo. Sin edad, sin memoria; sin quien las visitara, sin quien les llevara un ramo de flores el día de su cumpleaños. Los registros del Royal Earlswood Hospital de Redhill, fechados en 1941, indicaban que sus nombres eran Nerissa y Katherine Bowes-Lyon. Que padecían de un trastorno psíquico, y pese a haber nacido en 1919 y 1926, sus edades mentales eran de cinco y seis años. Fueron dos mujeres olvidadas en el tiempo hasta que en 1987 un diario informó que eran hijas de John Herbert, un hermano de Elizabeth Bowes-Lyon, la reina madre. Es decir, primas de la reina Isabel II de Inglaterra.

El escándalo estalló. Hubo declaraciones. Acusaciones. Justificaciones. Una enfermera, Onelle Braithwaite, opinó que “una visita de la realeza, por lo menos de alguno de sus integrantes, alguna vez en sus vidas, las hubiera hecho muy felices”. Otra añadió que “durante el tiempo que estuvieron allí, yo nunca vi a nadie visitarlas, nunca les enviaban felicitaciones de cumpleaños o de Navidad”. La reina, afirmaron, se mostró muy dolida porque un documental de televisión, Las primas ocultas de la reina, había relatado la historia, y lo había hecho “a punta de mentiras”. “Tanto Katherine como Nerissa eran visitadas regularmente por su familia, pero ninguna de ellas podía hablar, pues durante toda su vida fuero como niñas de cuatro años”, dijeron que había dicho.

La historia comenzó a escribirse en el año de 1941, en plena guerra mundial, cuando Nerissa y Katherine Bowes-Lyon fueron internadas. Durante más de 40 años, sólo unos pocos allegados a la Casa Real británica sabían de su existencia. Ninguno hablaba de ellas. Sin embargo, en 1987 un diario reseñó que en el árbol genealógico de los Bowes-Lyon las dos mujeres aparecían muertas, una en el 41 y la otra en 1961. Una década más tarde, el Canal 4 inglés transmitió su investigación. En ella, incluso, una de las enfermeras del Earlswood, Bridie Tingley, recordaba que ni la reina Isabel II ni su esposo ni sus hijos fueron al sepelio de Nerissa en el cementerio de Redhill. “Nerissa fue sepultada en presencia de su hermana Katherine en una tumba para pobres”.

La reina, repitieron sus áulicos, se mostró dolida, más dolida que nunca. Desde el 6 de febrero de 1952, cuando sucedió en el trono a su padre, el rey Jorge VI, quien falleció mientras dormía, Isabel II de Inglaterra no se había mostrado jamás así de indignada. Vivió momentos de crisis y de dolor cuando su hijo Carlos se separó de Lady Di, en 1992, y luego padeció las consecuencias de su “frialdad” cuando en agosto del 97 no quiso izar la bandera inglesa a media asta, después de la trágica muerte de Lady Di en París, ni devolverse a Londres para hacerles sentir a sus súbditos que su pena era también suya (al final lo hizo, y les dijo que era su reina y también su abuela). Sufrió la muerte de su hermana Margarita y de su madre en 2002 y conoció la ira de la muchedumbre cuando anunció que no iba a pagar impuestos.

Incluso, reaccionó con total mesura al enterarse de que en 1970 había sido víctima de un atentado contra su vida. La reina supo la historia unos meses atrás, cuando Cliff McHardy, un oficial en retiro, decidió contar que un grupo de militantes del IRA (por sus siglas en inglés, Irish Republican Army) había puesto un enorme tronco para descarrilar el tren en el que viajaban la reina y su corte hacia la ciudad de Orange. El tren chocó contra el árbol en Bowenfels, a 150 kilómetros de Sidney (Nueva Gales del Sur), y se detuvo 200 metros más adelante. McHardy confesó que no había podido encontrar a los culpables del atentado, una de las mayores frustraciones de su carrera, y que por eso había mantenido el suceso oculto.

Pocos meses atrás guardó un fantasmal silencio cuando le informaron que la BBC llevaba meses preparando a sus periodistas y presentadores para informar su muerte. Según la cadena, no se podrá repetir la vergüenza que soportaron cuando pereció la reina madre. En aquel entonces, el presentador dio la noticia con una corbata roja. Los planes de la BBC están archivados bajo llave con un código y un nombre, London Bridge, y se pondrán en marcha en el instante del deceso. El primer ministro lo comunicará a los gobernadores de la Commonwealth, la Corte comenzará con el luto, las Fuerzas Armadas participarán con varios desfiles y el príncipe heredero jurará. El pueblo, reunido alrededor del Palacio de Buckingham, gritará ‘God save the queen’.

Cinco meses de celebraciones

El Reino Unido conmemora de febrero a junio el Jubileo de Diamante de la reina Isabel II con la fastuosidad habitual de los Windsor, aunque la misma reina pidió un homenaje modesto en tiempos de austeridad. La soberana tiene intención de ahorrar al contribuyente “gastos extravagantes”, informaron los consejeros de la realeza. El primer ministro, David Cameron, incluso aseguró que la factura por los cinco meses de eventos será “9.000 veces menor que la de los Juegos Olímpicos de Londres de julio-agosto”.

Las celebraciones comenzarán mañana, 6 de febrero, con una visita al pueblo medieval de King’s Lynn y a una escuela del condado de Norfolk. Los momentos claves de su reinado serán repasados por la propia soberana en un discurso solemne ante el Parlamento el 20 de marzo y en un espectáculo ecuestre en el castillo de Windsor a mediados de mayo. Los principales festejos fueron postergados por cuenta del clima del 2 al 5 de junio.

Historia de familia

La reina Isabel II se casó con el príncipe Felipe de Grecia y Dinamarca, en 1947. Lo conoció desde los 11 años.

El matrimonio tuvo cuatro hijos: Carlos (1948), Ana (1950), Andrés (1960) y Eduardo (1964).

Un año crítico fue 1992. Todos los hijos de la reina, excepto Carlos, se divorciaron de sus parejas.

El príncipe Carlos se separó de Diana de Gales en 1997. En 2005 se casó con Camila Parker.

Fernando Araújo Vélez

Por Fernando Araújo Vélez

De su paso por los diarios “La Prensa” y “El Tiempo”, El Espectador, del cual fue editor de Cultura y de El Magazín, y las revistas “Cromos” y “Calle 22”, aprendió a observar y a comprender lo que significan las letras para una sociedad y a inventar una forma distinta de difundirlas. fernando.araujo.velez@gmail.com
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