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Guerra de globos entre las Coreas

En este nuevo episodio de la crisis, las partes han optado por armas psicológicas.

02 de febrero de 2016 – 11:13 p. m.

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Desde el pasado 6 de enero, cuando Corea del Norte realizó un ensayo nuclear que despertó una vez más las condenas internacionales y la preocupación por los posibles alcances de su material atómico, en la península coreana se desató una nueva crisis entre Seúl y Pyongyang que, en vez de armas nucleares, involucra el uso de globos y parlantes a todo volumen.

Las tensiones en la península vienen desde 1953, cuando se puso fin a la guerra entre las dos Coreas con un armisticio y no con un tratado de paz, por lo que técnicamente ambos estados siguen en guerra. Dicho armisticio estableció una zona desmilitarizada en la frontera entre las dos Coreas, que está fuertemente fortificada en su división entre Norte y Sur, con unidades militares armadas y listas a responder ante cualquier provocación. A pesar de algunos escalamientos esporádicos, el conflicto no ha vuelto a estallar con fuerza. Mientras se mantiene el statu quo, han aparecido nuevas formas de lo que algunos llaman “guerra psicológica”, que atraviesan la zona desmilitarizada sin disparar una bala. En este nuevo episodio de la crisis, las partes han optado por estas armas.

No es una novedad que organizaciones civiles surcoreanas envíen globos de helio al país vecino cargados con información sobre el mundo exterior (Corea del Norte es uno de los países más herméticos del planeta), o con mensajes que defienden la democracia y los derechos humanos, o con artículos imposibles de adquirir para los norcoreanos (por ejemplo, chocolatinas o billetes de un dólar). Los civiles hacen esto desde 2004, cuando Seúl prohibió el envío de panfletos por parte de funcionarios del Gobierno. El envío de globos ha sido considerado una afrenta por los líderes de la dinastía Kim, que en ocasiones han ordenado disparar directamente a los globos. Ante esto, Seúl ha reiterado que no puede impedir el lanzamiento de globos por parte de civiles, pues se enmarca en el derecho a la libertad de expresión amparado por la Constitución.

Esta vez, ante el ensayo nuclear de Corea del Norte, los surcoreanos optaron por reactivar otra vieja arma psicológica: un sistema de parlantes que tienen instalado cerca de la zona desmilitarizada, cuyas emisiones se pueden escuchar a 20 km de la frontera. El contenido que emite incluye música pop, programas periodísticos críticos del régimen de Kim Jong-un, dedicados a desmentir información publicada en los diarios norcoreanos, o invitaciones a los soldados enemigos a desertar y pasar la línea fronteriza.

En principio las fuerzas norcoreanas respondieron disparando hacia los parlantes, con lo cual se desató el fuego cruzado, sin causar mayores daños. Más adelante, Kim Jong-un optó por seguir el juego de la guerra psicológica. Varios medios surcoreanos han reseñado que desde el 12 de enero enviaron como respuesta globos a territorio surcoreano. Estos, sin embargo, no van cargados sólo con mensajes políticos, sino con papel higiénico usado, residuos, colillas de cigarrillos y algunos mensajes que llaman a la presidenta surcoreana, Park Geun-hye, una “basura política”. Según medios surcoreanos, los globos van equipados con un pequeño artefacto explosivo que se detona para que el contenido sea descargado en el territorio vecino.

Pero no todos los globos enviados desde el Norte han estallado. Algunos cayeron completos en algunos campos fronterizos. Las autoridades surcoreanas encendieron las alarmas por posibles agentes biológicos o químicos contenidos dentro del envío norcoreano y afirmaron que están dispuestas a responder del modo más contundente ante esta agresión.

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