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¿Hora de intervenir en Siria?

El régimen del presidente Bashar al Asad niega ser el autor de la masacre que dejó 116 muertos, 32 de ellos menores de edad.

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La brutal masacre que acaba de ser perpetrada en la ciudad de Hula, en el centro de Siria, no sólo pone de nuevo en la mira al presidente Bashar al Asad, quien intenta desmarcarse de la autoría de ese cruel episodio en el que murieron 116 personas (32 de ellas niños), sino también a la comunidad internacional, cuyos pasos para lograr una solución diplomática al conflicto en el país árabe han fracasado uno tras otro. Dadas las magnitudes de la peor masacre ocurrida durante los 15 meses de violencia en Siria, muchos se preguntan si ha llegado la hora de una intervención más drástica para proteger a la población civil. Mientras tanto, la oposición llama a una batalla final de liberación.

El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores sirio, Jihad Makdissi, ha negado las versiones de la oposición siria que culpan al ejército de Al Asad del bombardeo perpetrado durante 12 horas en Hula, antes de que tropas y mercenarios entraran a la ciudad para aplacar una protesta contra el régimen. “Mujeres, niños y ancianos murieron a tiros. Ese no es el sello del heroico Ejército de Siria”, aseguró Makdissi. Además, el Gobierno ha culpado por el episodio a grupos terroristas conectados con Al Qaeda.

El jefe de la misión de la ONU en Siria, el general Robert Mood, confirmó que existían indicios de disparos de tanque en algunas zonas de Hula. “Esto es una tragedia, se mire por donde se mire”, declaró Mood, quien confirmó que la zona estaba repleta de impactos de “toda variedad de armas, ligeras, rifles, ametralladoras, artillería y proyectiles de tanque”. El general concluyó diciendo que “no es claro” quién está detrás de los ataques.

Ya se han divulgado las imágenes en internet de hileras de cadáveres envueltos en sábanas y grupos de niños muertos por las bombas y las balas. El primero en reaccionar fue Estados Unidos, a través de su secretaria de Estado, Hillary Clinton, quien aseguró que su país condena en los términos más drásticos la masacre y que los observadores de la ONU en Siria “han confirmado que docenas de hombres, mujeres y niños murieron y cientos están heridos tras el ataque en el que estuvo incluida la artillería del régimen”. La Unión Europea y los gobiernos de Reino Unido y Kuwait declararon que es urgente determinar quiénes son los responsables de los ataques en Hula. La misión de observadores de la ONU en Siria alertó sobre la posibilidad de una “guerra civil” tras la matanza.

Si la masacre de Hula va a ser otro sangriento capítulo de la revolución siria o logrará que el mundo se ponga de acuerdo para evitar mayor mortandad, es algo que está por verse. Sin embargo, reina el escepticismo. Rusia, país aliado de Al Asad, bloqueó un comunicado del Consejo de Seguridad de la ONU que condenaba la masacre y convocó a una reunión urgente del organismo multilateral, que se llevó a cabo ayer y en la cual manifestó que dudaba que el gobierno sirio fuera el autor de la masacre. China es la otra potencia aliada del régimen y silenciosamente veta las sanciones propuestas para asfixiar a Damasco en la ONU. Además, varios países apoyan las acusaciones que hace el gobierno sirio a grupos extremistas islámicos y fundamentalistas suníes.

El supuesto alto al fuego logrado entre el Gobierno y la oposición no ha tenido efecto alguno. La guerra continúa mientras que el plan de Kofi Annan, el delegado especial de la ONU y la Liga Árabe para solucionar la crisis en Siria, sigue sobre el papel. Hoy, Annan vuelve a Siria para insistir en su plan, el cual fue supuestamente aceptado por Asad pero aún no se ha cumplido.

Las perspectivas de paz son pocas. Ayer, desde Estambul, el líder opositor, Burhan Ghaliun, llamó al pueblo sirio a librar una “batalla de liberación y dignidad, contando con sus propias fuerzas, con los rebeldes desplegados en todo el país y en las brigadas del Ejército Sirio Libre” contra el régimen, hasta que la ONU decida realizar una intervención militar. Ghaliun, quien renunció a la jefatura del Consejo Nacional Sirio (CNS), principal fuerza opositora, justificó esa acción “a menos que la comunidad internacional asuma sus responsabilidades bajo el capítulo 7” de la Carta de la ONU, que permite actuar con fuerzas armadas en un país extranjero para proteger a los civiles.

En todo caso, ya es demasiado tarde para actuar. Nuevas estimaciones del Observatorio Sirio de Derechos Humanos elevan a 13.000 la cifra de muertos que ha dejado la cruenta lucha entre el poderoso ejército de Al Asad y un disminuido Ejército de Liberación que intenta sobrevivir a las represiones.

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