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Luego de dos días de la que ha sido estimada como la mayor incursión en Cisjordania en los últimos 20 años, el ejército de Israel empezó su retirada el martes en la noche. La operación, en la que se utilizaron desde buldóceres hasta drones, dejó un total de 12 muertos, de los cuales se dijo que al menos ocho eran militantes (aunque, como señala CNN, ningún grupo los ha reclamado como miembros) y que entre tres y cinco eran menores de edad, de acuerdo con distintas fuentes.
El gobierno conservador de Benjamin Netanyahu justificó la incursión como un “extenso esfuerzo antiterrorista”, que, no obstante, fue denunciado por la Autoridad Nacional Palestina como un crimen de guerra. Además de dejar cerca de un centenar de personas heridas, la operación habría desplazado a aproximadamente 3.000 personas del campamento de refugiados de Yenín, según dijo el gobernador adjunto, Kamal Abu al Rub.
En plena escalada, el martes, en Tel Aviv, siete personas fueron heridas por un atacante que abordo de un vehículo perpetró un atropellamiento masivo y que, además, apuñaló a varios peatones. Como registra la AFP, el atentado fue celebrado por el movimiento palestino Hamás, que dijo que se trató de “una primera respuesta a los crímenes contra nuestro pueblo en el campo de Yenín”. Según el jefe de policía Yaakov Shabtai, el “terrorista” vivía en Cisjordania y fue abatido por un civil.
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¿Una nueva intifada?
En medio de esto, no han faltado las comparaciones con la Segunda Intifada (levantamiento palestino). “En 2002, helicópteros de ataque sobrevolaban el campo de refugiados de la ciudad de Cisjordania durante una semana de brutales combates. La nueva ofensiva ha sido liderada por ataques con aviones no tripulados cuando los soldados israelíes entraron en la ciudad, reduciendo el centro del campamento a escombros”, escribió el reportero de conflictos Peter Beaumont en The Guardian.
Para Marcos Peckel, profesor de la Universidad del Rosario y columnista de este diario, “no estamos todavía en una intifada”, sino que lo que “vemos son ataques terroristas de organizaciones palestinas y la retaliación de Israel”. El analista explica que la incursión en cuestión “no es contra Yenín ni el campo de refugiados”, sino contra el “nido de organizaciones terroristas que no tienen ninguna intención de paz con Israel (…), sino que incurren en actividades terroristas contra civiles”.
La explicación de Felipe Medina, profesor Medio Oriente de la Universidad Javeriana y de Civilización Islámica en la Universidad del Rosario, es totalmente diferente: “Se trata de una ofensiva militar brutal que encaja perfectamente en lo que es terrorismo por parte de un Estado. Ya no es casualidad: siempre que hay protestas de israelíes en contra de su gobierno o un escándalo político al interior de Israel, el factor distractor es siempre posicionar en los medios de comunicación ‘que hay que acabar la amenaza terrorista palestina’”.
Medina se refiere a la ola de protestas que el gobierno de Netanyahu ha vuelto a enfrentar por el trámite de su reforma judicial, que busca aumentar el poder del Parlamento sobre el de la Corte Suprema. De hecho, el lunes varios cientos de personas se manifestaron en el aeropuerto internacional Ben Gurión, cerca de Tel Aviv. Según información citada por El País de España, al menos 37 personas terminaron arrestadas.
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En línea con el paralelo con lo que ocurría hace 20 años, para Beaumont, “entonces, como ahora, el campo de refugiados de Yenín era un lugar donde el mandato de las fuerzas de seguridad palestinas se consideraba débil”. Medina señala que “en dicha fecha, Israel adelantó un asedio al campo de refugiados de Yenín bajo el mismo argumento de hoy: “luchar contra el nido de terroristas palestinos”. La similitud es que cada vez que Israel siente que hay un movimiento de resistencia a sus políticas de ocupación, inmediatamente tiene como objetivo aplastarlo sin importar la población civil”.
Para Peckel, en cambio, hay que señalar a las organizaciones que utilizan a los civiles como escudo: “Organizaciones palestinas y Hezbolá, en Líbano, operan desde lugares de concentración civil, lanzan los cohetes desde escuelas, hospitales o barrios. En ese momento entra a jugar el tema de la proporcionalidad frente a [la obligación de] defender a sus ciudadanos, que le toca a Israel. Hay momentos en que mueren civiles palestinos, es lamentable, pero la primera culpabilidad recae sobre las organizaciones que, ocultas tras civiles palestinos, lanzan sus ataques contra Israel”.
Medina habla, en cambio, de una “resistencia en Yenín” que se conformó en medio de “la expansión de los asentamientos y colonias ilegales (de acuerdo con el Derecho Internacional) que fracturan la integridad del territorio palestino, el acoso y asedio a diario de militares israelíes a la ciudadanía palestina, sin hablar de los puestos de control (”check points”). Este es el marco desde donde debemos entender cualquier tipo de respuesta de los palestinos”.
Como recuenta la AFP, en lo que va de año, al menos 190 palestinos, 25 israelíes, una ucraniana y un italiano han muerto en lo corrido del año por cuenta del conflicto palestino-israelí.
Pero si en algo coinciden los analistas es en señalar el papel del liderazgo de la Autoridad Nacional Palestina. Mientras que para Peckel no hay un “horizonte político”, para Medina ha quedado demostrada la incapacidad de la ANP para “garantizar el bienestar y proteger a sus ciudadanos de cualquier amenaza”.
Y he ahí una diferencia que Beaumont señala respecto al escenario de hace 20 años: “Yenín y Cisjordania en general han cambiado en las últimas dos décadas, con la marginación constante por parte de Israel de la Autoridad Palestina respaldada por Occidente, lo que ha dado paso a una nueva generación de militantes que no pueden ser controlados”.
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¿Y la comunidad internacional?
Asimismo, los analistas coinciden en el poco interés o peso de la comunidad internacional en esto, ya sea para mediar, como señala Peckel, o en velar por el bienestar de los palestinos, en el caso de Medina, quien, de hecho, sostiene que se debería dejar de hablar de “comunidad internacional” si esta no condena “estos actos de brutalidad con el mismo rigor de lo que sucede entre Rusia y Ucrania”.
Mientras que Jordania y Emiratos Árabes Unidos denunciaron la incursión, países como Estados Unidos han dicho que Israel tiene derecho a defenderse, pero ha pedido “tomar todas las precauciones posibles para evitar la pérdida de vidas civiles”.
La Cancillería colombiana, por su parte, se pronunció este martes. Expresó su “preocupación por los hechos que se registran desde el amanecer del lunes en el Campo de Refugiados en Yenín” y rechazó “cualquier recurso de violencia o de actos unilaterales que conlleven a un mayor nivel de confrontación”.
No dejó de referirse al asunto de los asentamientos en Cisjordania: “El Gobierno de Colombia también observa con profunda preocupación las acciones de hecho de los colonos israelíes y el anuncio del Gobierno de Israel de ampliar los asentamientos en Cisjordania”. Pero también se refirió “ataque de hoy a civiles israelíes en Tel Aviv”, hechos que calificó como “lamentables”.
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