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Después de casi cuatro meses de fricción entre Irán, por un lado, y Estados Unidos e Israel, por el otro, la novela desatada por los supuestos fines militares del programa nuclear iraní parece desviarse del camino hacia la guerra y tomar dirección hacia una solución negociada. No obstante, hasta ahora los pasos logrados se quedan en acuerdos de palabra. El miércoles se inicia la reunión entre el país persa y el G5+1 (conformado por los estados miembros del Consejo de Seguridad de la ONU y Alemania), en la cual se pondrá a prueba la voluntad de las potencias para llegar a compromisos concretos que pongan punto final a las amenazas que van y vienen desde Teherán hacia Washington y Tel Aviv.
La víspera de la esperada reunión entre las potencias estuvo marcada por lo que el gobierno de Barack Obama llamó un “paso significativo”. La noticia llegó por boca del director de la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA), el japonés Yukiya Amano, quien después de su primera visita a Irán desde 2009 indicó que los ayatolás dieron señales de flexibilidad y voluntad de lograr un acuerdo para que el organismo internacional verifique sus sospechas sobre el arsenal nuclear que estaría fabricando el país persa.
Aunque Amano no dio mayores detalles sobre el acuerdo logrado, indicó que dentro del pacto estaría incluida la base militar de Parchim, a la cual los inspectores de la AIEA no han tenido acceso y donde se sospecha después del año 2000 se han realizado pruebas secretas de mecanismos para detonar armas nucleares. Amano también dijo que el pacto será firmado “próximamente” y se trata de un avance importante en la misión de su tarea por alcanzar un “acuerdo estructural” para determinar cómo sus agentes deben conducir la investigación sobre los posibles alcances militares del programa atómico iraní.
No obstante, después de tantas promesas y amenazas que no han hecho sino engrosar las páginas de la prensa internacional, no es descabellado pensar que el preacuerdo sea una jugada diplomática de Irán para bajar los ánimos de los asistentes mañana al encuentro que se realizará en Bagdad. Los ayatolás podrían estar buscando la flexibilización de las sanciones económicas que les han sido impuestas por Estados Unidos y la Unión Europea –de las cuales la más importante es el embargo al petróleo iraní que se está imponiendo gradualmente hasta el 1 de julio-.
La respuesta por parte de EE.UU, que ha manifestado que la ventana de la salida diplomática al conflicto con los persas se está cerrando cada vez más, y por parte de Israel, que asegura que Irán amenaza su existencia y se ha mostrado dispuesto a atacarlo para neutralizar sus avances nucleares, fue escéptica. El gobierno estadounidense indicó que Irán será juzgado por sus acciones y no por sus promesas. Ehud Barack, ministro de Defensa israelí, indicó que Irán parece estar creando la impresión de progresar en las negociaciones para quitarse la presión antes de que inicien las negociaciones de Bagdad y evitar una intensificación de las sanciones.
La reunión que comienza mañana en Bagdad estará enfocada en la reducción del enriquecimiento de uranio por parte de Teherán, la autorización de inspecciones de la AIEA a Irán y el establecimiento de un protocolo adicional del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP). El representante iraní para asuntos nucleares, Said Jalilí, ya está en Bagdad esperando a las seis potencias para la reunión. «Mi país desea que la celebración de esta cita en Bagdad suponga un paso relevante en la senda hacia el logro de una solución a los problemas vinculados al programa nuclear iraní», afirmó Jalilí.