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Una delegación de alto rango del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) reinició este lunes en Viena sus contactos con Irán para esclarecer los asuntos pendientes de la investigación del controvertido programa nuclear de la República Islámica.
Las conversaciones de Viena, que se realizarán entre el lunes y el martes de esta semana, se producen en un momento crucial de la disputa internacional sobre las actividades atómicas de Irán.
En una semana, el próximo 23 de mayo, la comunidad internacional, representada por seis grandes potencias (EEUU, Rusia, Francia, Reino Unido, China y Alemania) se reunirá en Bagdad para avanzar en una solución dialogada del conflicto, que dura ya casi diez años.
Es «»importante negociar lo sustancial» dijo el director adjunto del OIEA para las salvaguardas (controles), el belga Herman Nackaerts, en unas declaraciones a la prensa en la entrada de la embajada iraní en Viena, minutos antes de comenzar las conversaciones.
«En particular, esclarecer las posibles dimensiones militares sigue siendo nuestra prioridad», agregó el inspector jefe de desarme de la agencia nuclear de la ONU.
Acompañado por el director adjunto del OIEA para asuntos políticos, el argentino Rafael Grossi, y otros dos expertos, Nackaerts tratará de recibir de Irán el permiso para visitar una controvertida instalación militar cerca de Teherán, donde la agencia sospecha de actividades nucleares militares.
En dos reuniones mantenidas en Teherán en enero y febrero pasado, las partes no alcanzaron ningún acuerdo. Por eso, «es importante que podamos negociar lo sustancial de estos asuntos y que Irán nos conceda acceso a personas, documentos y sitios (relevantes)», concluyó el inspector jefe del OIEA.
Irán asegura desde hace años que no tiene nada que ocultar aunque tampoco permite el acceso a los sitios que el OIEA reclama, alegando que no se trata de instalaciones nucleares.
Mientras que Estados Unidos, Israel y los países de la Unión Europea (UE) sospechan que Irán puede estar desarrollando capacidades nucleares con fines militares bajo el paraguas de un supuesto programa civil. Teherán rechaza estas alegaciones diciendo que sólo tiene intenciones pacíficas, como la generación de energía y la lucha contra el cáncer.