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Jair Bolsonaro es denunciado ante la CPI por su gestión durante la crisis sanitaria

Más de un millón de trabajadores de la salud se unieron para denunciar a Jair Bolsonaro ante la Corte Penal Internacional por su gestión durante la crisis sanitaria. Según el documento, las decisiones del mandatario han sido “fallas graves y mortales”.

El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, dio negativo por COVID-19 luego de tres semanas de haberlo padecido.
El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, dio negativo por COVID-19 luego de tres semanas de haberlo padecido.
Foto: Agencia EFE

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Ayer en la noche fue presentada ante la Corte Penal Internacional, con sede en La Haya, una denuncia en contra del presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, por “fallas graves y mortales” que, según más de un millón de profesionales de la salud, ha cometido durante el manejo de la pandemia. El hecho no es de poca monta, teniendo en cuenta que el mandatario ya tiene una denuncia ante el mismo tribunal que involucra a los pueblos indígenas brasileños.

El documento, firmado por La Red de la Unión Brasileña, UNISalud, afirma: “Hay evidencia de que Bolsonaro cometió un crimen de lesa humanidad durante su administración ante la pandemia, al adoptar acciones negligentes e irresponsables, que contribuyeron a las más de 80 mil muertes por la enfermedad en el país”.

Eso sí, por ahora no hay un proceso formal abierto en contra de Bolsonaro. La decisión del organismo podría tardar meses, aunque las más de 30 quejas que se han hecho en diferentes foros internacionales podrían acelerar el proceso.

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El documento afirma que ha habido desprecio, negligencia, negativismo. Además, afirma: “Trajo consecuencias desastrosas, con el consiguiente crecimiento en la difusión, el estrangulamiento total de los servicios de salud, que se encontró sin las condiciones mínimas para brindar asistencia a las poblaciones, como resultado de esto, muertes sin más controles “.

“Se debe culpar al gobierno de Bolsonaro por su acción insensible frente a la pandemia y por negarse a proteger a los trabajadores de salud brasileños, así como a la población brasileña, a la cual prometió defender cuando se convirtió en presidente”, dijo Marcio Monzane, de UNI Americas y citado por UOL.

El 26 de febrero Brasil registró el primer caso oficial de coronavirus. Cinco meses después, la pandemia parece todavía descontrolada en un país que ya es el segundo más afectado del mundo, por detrás de Estados Unidos, con 86.000 muertos y unos 2,4 millones de contagios.

En los 152 días transcurridos desde ese primer caso, que fue también el primero en América Latina y se registró en un hombre que había llegado de Italia, el país ha visto pasar tres ministros de Salud y convivido con el fuerte negacionismo del presidente Jair Bolsonaro, quien incluso llegó a sufrir el virus.

El líder de la ultraderecha brasileña se recuperó finalmente este sábado, cuando anunció que un último examen dio negativo, después de que el 7 de julio se comprobara que había contraído lo que en algún momento había llegado a tildar de «gripecita».

La gestión de la pandemia por parte del Gobierno se podría resumir en los constantes terremotos políticos que ha sufrido el Ministerio de Salud. Cuando el virus llegó al país, ese despacho estaba a cargo del médico Luiz Henrique Mandetta, destituido a mediados de abril por su firme defensa de las cuarentenas aplicadas por estados y municipios, pero censuradas por Bolsonaro, quien se enfrentó por eso al Congreso y hasta a la Corte Suprema.

Su lugar fue ocupado por el oncólogo Nelson Teich, quien duró un mes en el puesto y renunció tras negarse a liberar el tratamiento de la COVID-19 con cloroquina, medicamento de cuya eficacia duda la ciencia pero que Bolsonaro recomienda, al punto de que dijo haberlo usado en su propia terapia.

La solución de Bolsonaro para ese ministerio fue el general Eduardo Pazuello, con vasta experiencia en logística pero ninguna en salud, que cumplió el precepto castrense de la «obediencia debida» y le hizo coro a las diatribas del gobernante.

Recomendó una acelerada reapertura económica y también que la cloroquina fuera usada en pacientes de la COVID-19 cuando surgieran los primeros síntomas, pese a las protestas de la comunidad científica.

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