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Hace cinco años no se vivía un episodio tan sangriento en la Franja de Gaza como el de ayer domingo. Una operación del ejército israelí en Shejaiya, uno de los barrios más poblados al norte de la Franja, dejó casi un centenar de palestinos muertos, muchos de ellos civiles, mientras que del lado israelí murieron al menos 13 soldados bajo los ataques por parte de milicianos de Hamás. El total de víctimas fatales en Gaza ya supera los 450 y los heridos son más de tres mil. Por el lado israelí los muertos no son más de 20. Y los enfrentamientos siguen.
En Shejaiya viven alrededor de 40.000 personas. Es uno de los barrios con mayor número de habitantes en Gaza, que es a su vez uno de los lugares más pequeños y densamente poblados del planeta. La infraestructura utilizada por Hamás para atacar a Israel (depósitos de municiones, plataformas para el lanzamiento de cohetes y túneles que conectan con territorio israelí) está mezclada con las áreas civiles, por eso es prácticamente imposible evitar que, para dar con uno u otro objetivo militar, las Fuerzas de Defensa de Israel no provoquen una mortandad y un desplazamiento masivos. Al final del día, Shejaiya estaba prácticamente convertido en escombros.
La ONU indicó estar atendiendo a cerca de 63.000 desplazados palestinos, un número superior al del conflicto de 2008-2009, bajo la operación “Plomo Fundido”, que dejó 1.400 palestinos muertos (al menos 759 civiles) y serios daños en la infraestructura de Gaza, entre estos más de 3.500 viviendas destruidas.
El gobierno israelí alega que Hamás, no sólo en este sino en los varios enfrentamientos previos, utiliza a los civiles como “escudos humanos”. Consciente de esto, así como de su desproporcionada superioridad bélica, el Ejército israelí emprendió la ofensiva en Shejaiya, como lo ha hecho en otras partes de Gaza, con el objetivo prioritario de atacar la infraestructura de Hamás. El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, dijo que hará “todo lo necesario” para detener los lanzamientos de cohetes en Gaza por parte de Hamás y restaurar la seguridad y la calma a la zona, y que su ejército hará todo lo posible para evitar las bajas de civiles. Agregó, además, que la defensa de Israel es muy “mesurada”.
El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, llamó a Israel a “hacer mucho más” para proteger a los civiles en Gaza. Mientras tanto, la Liga Árabe y la dirigencia de la Autoridad Nacional Palestina calificaron como una “masacre” lo ocurrido en Shejaiya.
La operación terrestre israelí se realiza con el beneplácito de Washington. El propio presidente Barack Obama ha manifestado que apoya a Israel en su defensa ante los centenares de cohetes que son enviados contra su territorio por parte de Hamás. Sin embargo, en una conversación telefónica privada que escucharon periodistas que iban a entrevistar el secretario de Estado estadounidense, John Kerry, este funcionario calificó como “infernal” la incursión israelí en Gaza. Luego se conoció que Kerry viajará hoy a El Cairo para negociar un cese al fuego.
Las condiciones de Hamás para el cese de hostilidades son claras: la principal es el levantamiento del bloqueo israelí de su territorio. Desde 2007 Israel bloquea por tierra, mar y aire la Franja de Gaza, y ejerce un estricto control del movimiento de personas y el suministro de productos y servicios básicos. Este bloqueo, que la comunidad internacional considera ocupación aunque en 2005 se retiraron las colonias israelíes de Gaza, ha sido una de las razones del empobrecimiento y el deterioro en las condiciones de vida en esta zona. Además, Hamás exige la apertura del paso fronterizo de Rafah con Egipto y la liberación de prisioneros palestinos en cárceles israelíes.
No se sabe cuánto pueda aguantar Hamás en un enfrentamiento contra el ejército israelí, uno de los más poderosos del mundo, aunque esta vez ha demostrado tener un arsenal de mayor capacidad. Ha utilizado cohetes de largo alcance y algunos de sus integrantes han pasado al lado israelí a través de túneles. Aunque el número de muertos es mínimo, si se compara con los palestinos, los 20 soldados israelíes fallecidos representan el mayor número de muertes en combate en el ejército de Israel desde el conflicto con Líbano en 2006.
Asimismo, las brigadas de Ezzedine al-Qassam, el brazo armado de Hamás, reivindicaron el secuestro de un soldado israelí, Shaul Aaron. Esto probablemente incremente la retaliación por parte del ejército israelí o lleve a alguna negociación, como la que se realizó en noviembre de 2011: a cambio del soldado Gilad Schalit, secuestrado en junio de 2006 por Hamás, Israel accedió a liberar más de mil presos palestinos.
dsalgar@elespectador.com
@DanielSalgar1