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Las posibilidades de que el nuevo método de contención del vertido de crudo no funcionen son tan altas que la Casa Blanca ya ha hecho saber a sus ciudadanos que deben preparase para ver emanar crudo hasta agosto. ‘Estamos preparados para lo peor’, declaró Carol Browner, asesora del presidente en temas de energía, en el programa televisivo Face The Nation. ¿Por qué agosto y no julio o septiembre? Porque ese es el mes en el que BP considera que habrá podido acabar el pozo subterráneo alternativo por el que desviar el crudo que ahora se filtra por la tubería rota y que lleva construyendo desde 10 días después del accidente. Browner dijo que es ‘probablemente el mayor desastre ecológico que ha sufrido este país’, EE.UU.
Pasan los días y la comparación que más se maneja es la del malo de la película que nunca se muere; que, cuando parece que bueno ya ha acabado con él, recupera fuerzas y ataca de nuevo. Seis semanas después de la explosión y hundimiento en el golfo de México de la plataforma petrolífera de BP, el crudo sigue brotando sin control y el intento más ambicioso por frenarlo se ha declarado fracasado. Era el tercero.
La tarea es una misión casi imposible. Para lograr matar el escape de petróleo de la tubería rota, los ingenieros de BP deben lograr que los robots submarinos acierten sobre una diana de menos de 18 centímetros que se encuentra a más de cinco kilómetros bajo el mar. De pesadilla. Si ese intento no prospera, la única alternativa que quedará es la que está en marcha desde 10 días después de iniciada la crisis y que podría dar resultados en agosto. El largo plazo de esta solución -la perforación de un pozo de auxilio por el que desviar la fuga- es lo que ha hecho que mientras se desarrolla se intentaran otras opciones. Mientras, la marea negra crece y avanza.
Las cifras aportadas por el Gobierno -BP no ofrece ninguna, la compañía sabe que las indemnizaciones que tendrá que pagar dependerán de los litros de crudo que se hayan derramado- hablan de entre 70 y 150 millones de litros de petróleo desde que comenzó el vertido. Un desastre que ya duplica el provocado por el petrolero Exxon Valdez frente a las costas de Alaska en 1989, según los expertos.
Fracasado el intento de sellar la fuga con cemento y lodos pesados, el siguiente paso tampoco invita demasiado al optimismo. En esta ocasión se trata de intentar alcanzar el foco de la fuga para capturar buena parte del petróleo en el lecho marino y canalizarlo hacia la superficie para ser recuperado por barcos. Fuentes de la compañía estimaron ayer que esta operación puede tardar entre cuatro y siete días, y que el próximo fin de semana se sabrá si ha sido fructífera.
La noticia del nuevo descalabro de BP llegaba justo un día después de que el presidente Barack Obama visitara el viernes Luisiana -el Estado más afectado por el vertido- para contrarrestar las críticas que le llegan desde la opinión pública y desde el Congreso. Críticas que piden que la Casa Blanca desempeñe un mayor papel, quizá que desbanque a la compañía británica del control y tome las riendas de las operaciones de reparación -a pesar de que la tecnología punta y los más renombrados ingenieros están a sueldo de BP-.
Obama ha pasado el puente de Memorial Day, que concluye hoy lunes (día en el que se conmemora a los caídos del Ejército de EEUU), retirado en Chicago con su familia. Desde allí, la Casa Blanca emitió un comunicado en el que se aseguraba que la catástrofe era ‘descorazonadora’.