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Durante una operación antiterrorista de las fuerzas afganas en la que tropas internacionales prestaban su apoyo, los estadounidenses bombardearon por error un edificio tomado precisamente por los afganos en la provincia de Helmand, al sur del país.
No es la primera vez que los estadunidenses se equivocan de objetivo. En septiembre del año pasado, las autoridades de ese país reconocieron que aviones de la coalición que ellos lideran en contra del Estado Islámico (EI), bombardearon sin querer una zona del ejército de Siria, en el noreste de ese país. Decenas de personas murieron por el ataque. Rusia, al conocer lo sucedido, convocó de inmediato a un Consejo de Seguridad.
En el 2002, durante los primeros años de la guerra en Afganistán, dos aviones estadounidenses atacaron una boda en la provincia central de Uruzgan, Mataron 48 civiles.
Según el Pentágono, los pilotos estaban reaccionando al fuego producido por “armas pesadas» que se estaban disparando en tierra. Sin embargo, según el ministro de defensa afgano, los invitados sólo estaban disparando al aire, con armas pequeñas y sin mucho alcance, para celebrar la boda. Los sobrevivientes respaldaron dicha versión.
No es la única vez que han bombardeado una boda durante su intervención en el conflicto afgano. En el 2008 lo hicieron nuevamente, dejando 100 personas muertas. Después, aseguraron que su real objetivo eran militantes talibanes que operaban en la zona.
La Guerra del Golfo también fue un escenario de sus equivocaciones. El 13 de febrero de 1991, atacaron un albergue en Bagdad. Funcionarios del Pentágono y de la CIA argumentaron que el refugio estaba siendo utilizado por el régimen de Saddam Hussein, quien deliberadamente alojaba a civiles en instalaciones militares para actuar como «escudos humanos». Del ataque resultaron 208 civiles muertes.
Históricamente, las fuerzas armadas estadounidenses se han blindado de este tipo de acciones a través de la figura del “daño colateral”, que surge en 1960 y que está reconocido por el derecho internacional.