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¿La culpa es de Erdogan?

Los ataques del gobierno contra las milicias kurdas y la propagación de un discurso nacionalista son el caldo de cultivo de los atentados del sábado, que dejaron 97 muertos.

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En las calles de Turquía, después de los atentados del sábado que dejaron 97 personas muertas, buena parte de ellas pertenecientes a movimientos en favor del pueblo kurdo, los manifestantes denominan al presidente Recep Tayyip Erdogan como un verdugo. Las razones son numerosas: desde junio las fuerzas militares turcas han atacado las posiciones de los militantes kurdos, en el norte del país, y los planes de una negociación pacífica están rotos. Además, los kurdos se han convertido en una fuerza de oposición en crecimiento, que le prohibió a Erdogan conformar una mayoría en el parlamento en las elecciones de junio. Como el presidente fracasó en su intento de crear una coalición, habrá de nuevo elecciones el 1° de noviembre. Estos comicios son esenciales para el futuro de Erdogan, que con una mayoría en el Parlamento tendría el poder de cambiar la constitución a su favor y, como apunta el diario Le Monde, “proveer a Turquía de un régimen presidencial”.

El pueblo kurdo, que está disgregado entre Irán, Irak, Siria y Turquía y exige su independencia desde finales de los años setenta, ha sido una ficha clave para que Erdogan capte los votos de los más fervorosos nacionalistas y los más religiosos. Sin embargo, sus acciones en contra de las milicias kurdas han fomentado también una fuerte polarización en el país, visible desde mediados de este año cuando el opositor Partido Democrático para el Pueblo (HDP) se hizo con numerosos escaños en el Parlamento.

El ascenso de los partidos prokurdos y la constante crítica a las decisiones de Erdogan (como la censura de medios de comunicación, el bloqueo de las redes sociales, su relación con fraudes electorales) alimentan un conflicto político que ha producido más de 40.000 muertes en las últimas décadas. Un elemento religioso se cuela en la fórmula: el círculo de Erdogan utiliza en ocasiones fórmulas y símbolos religiosos en sus actuaciones públicas, lo que ha derivado en sendas denuncias de parte de los otros partidos políticos, que ven en ello una suerte de manipulación política. La unión nacional a la que exhortaba Erdogan durante un discurso después de los atentados parece elusiva. Seul Selahattin Demirtas, director del HDP, pidió a los militantes de su partido que participen en las elecciones de noviembre para “derrocar al dictador”.

La indeseable relación de Erdogan con los partidos prokurdos afecta también su propia agenda política. Desde junio las fuerzas militares turcas están involucradas en los bombardeos contra posiciones del Estado Islámico (EI) en Siria e Irak con la compañía de Estados Unidos (que tiene bases a su servicio en Turquía). En esa estrategia, los militantes kurdos han jugado un papel esencial al bloquear el paso de los extremistas del EI al norte de Irak y Siria, y por eso el Congreso de Estados Unidos consagró este año un presupuesto para proveerlos de armas y apoyo militar. En breve, cuando las fuerzas turcas bombardean a los kurdos, el único beneficiado es el EI, cuyas células al parecer abundan en Turquía (más de 30.000 turcos estarían en las filas del ejército extremista). Por eso, hace algunos meses rodó una broma en las redes sociales: decían que el Estado Islámico estrenaba fuerza aérea.

De modo que esa estrategia podría debilitar las fuerzas opositoras al EI, una amenaza latente para el gobierno de Erdogan, y desmejorar la relación con Estados Unidos, un aliado muy cercano que hasta ahora se ha mantenido al margen de la relación temperada entre Erdogan y los kurdos y que parece aceptar los ataques en su contra como un mal menor. El editorial del diario Le Monde apuntó ayer: “Turquía, que acoge a dos millones de refugiados sirios, prioriza la lucha contra los kurdos en un momento en que debería favorecer la opción contraria: negociar con aquellos que están en primera línea en contra del Estado Islámico”.

El gobierno turco apunta al EI como culpable de los atentados (en la baraja de sospechosos estaban incluso las víctimas: los partidos prokurdos). A pesar de ello, Erdogan es acusado de permitirlos: según testigos, en la marcha no hubo suficiente seguridad y de algún modo el gobierno ya estaba advertido del peligro después de los atentados de junio, también en contra de los prokurdos, en Suruç y Diyarbakir, que dejaron más de 30 muertos. El sitio turco de noticias en inglés Today’s Zaman preguntaba en uno de sus artículos por qué, a pesar de todas las sospechas, el gobierno turco ha sido incapaz de contener los ataques del EI.

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