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La difícil misión de atacar a Irán

Barack Obama invitó al primer ministro de Israel a Washington ante las versiones que hablan de una próxima ofensiva al país persa.

20 de febrero de 2012 – 05:10 p. m.

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Los analistas más ortodoxos dicen que la disputa ya comenzó, que los enfrentamientos entre Israel e Irán ya están en marcha y que cada vez se ve más cercana la posibilidad de que estalle la que la prensa occidental ha llamado ‘próxima guerra’. Quizá deje de ser próxima y se convierta en ‘actual’ cuando las fuerzas de Tel Aviv decidan lanzar una ofensiva contra Teherán y se ponga en marcha una escalada violenta contra las presuntas intenciones bélicas del programa nuclear iraní.

Difícil no hablar de enfrentamientos reales cuando Irán acusa a la inteligencia israelí de estar detrás de los atentados que desde 2007 a hoy han acabado con la vida de cuatro científicos nucleares de Irán. Lo mismo ocurre en sentido contrario, cuando las voces oficiales de Tel Aviv señalan al gobierno de Mahmud Ahmadineyad de ser responsable de los tres recientes atentados contra las sedes diplomáticas judías de Georgia, India y Tailandia. Apenas ayer se conocía la noticia de la captura del iraní Mohammad Kharzei, principal sospechoso del ataque contra la Embajada israelí en Bangkok.

Los ánimos están excitados por el reciente anuncio de Teherán de detener las exportaciones de petróleo hacia el Reino Unido y Francia, en respuesta a las sanciones impuestas al gobierno de Ahmadineyad; por el envío de dos buques militares iraníes a las costas mediterráneas de su aliada nación siria, y los ejercicios militares que el ejército de Irán inició en el desierto de Markazi.

La posición mostrada por el gobierno de Ahmadineyad, quien en varias ocasiones se ha referido a la ilegitimidad de Israel como Estado, han encendido los mecanismos de defensa israelíes. El gobierno, encabezado por el primer ministro, Benjamín Netanyahu, ve en el programa nuclear de Irán una “amenaza existencial” a pesar de que Teherán asegure que sus fines son pacíficos. De hecho, versiones filtradas a la prensa hablan de un eventual ataque de Israel antes de mitad de año. El jefe del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos, el general Martin E. Dempsey, advirtió que un ataque israelí a Irán en estos momentos sería “desestabilizante”, una versión secundada por el secretario de Relaciones Exteriores británico, William Hague, quien opinó que una ofensiva militar no sería lo más sensato en este momento.

El presidente estadounidense, Barack Obama, invitó a Washington al ministro de Defensa de Israel, Ehud Barak, para una visita la semana entrante. También se extendió al propio Netanyahu, a quien Obama esperará en la Casa Blanca el 5 de marzo. Existe un interés en evitar una confrontación que a la larga involucraría a los aliados de parte y parte, y haría de Oriente próximo una total zona de guerra. De acuerdo con los informes de la CIA y El Mosad (la inteligencia estadounidense e israelí, respectivamente), Irán podría construir una bomba nuclear en 2012. La Organización Internacional de Energía Atómica, que ayer comenzó una visita a Teherán con cinco de sus delegados para hallar una salida diplomática a la tensión, dice en sus informes que es factible que dentro del programa nuclear iraní se encuentre el objetivo de desarrollar arsenal.

No es fácil encontrar una salida cuando hay tantas incógnitas en el aire, pero del mismo modo no se podría garantizar que una ofensiva militar israelí sería suficiente para acabar con la amenaza nuclear de Irán. En un informe publicado por el diario The New York Times, quedan en evidencia los problemas que tendría un decidido ataque israelí: los cerca de 1.600 kilómetros que separan a Tel Aviv de Teherán (ver gráfico) serían un problema muy serio para los cazas israelíes, cuya autonomía es cercana a los 2.000 kilómetros, lo que los obligaría a abastecerse de combustible durante el vuelo de regreso. Serían necesarios alrededor de 100 aviones, entre cazas, abastecedores y no tripulados, que se encargarían de eliminar las defensas antiaéreas de Irán.

La logística se hace más complicada de acuerdo con la ruta en la que se emprendan los ataques. La más directa contemplaría el sobrevuelo por una zona históricamente hostil con Israel y las rutas alternas (ver mapa) por el sur y por el norte harían aún más complicado el desplazamiento de aviones por un aumento en el recorrido.

No obstante, ante la posibilidad de solucionar este inconveniente, los bombardeos no prometerían la victoria. Los objetivos, las instalaciones de enriquecimiento de uranio de Natanz y Fordo, el reactor de agua pesada en Arak y la planta de óxido de uranio de Isfahan están bien rodeados de defensas antiaéreas. Además, en el caso de Natanz, la estructura estaría protegida bajo 30 metros de hormigón reforzado y el de Fordo, debajo de las gruesas rocas de las montañas. El ejército israelí cuenta con las llamadas GBU-28 de 5.000 libras, “bombas revienta-búnkeres”, que a pesar de su poder no asegurarían su éxito destructivo.

Todo esto sin contar con que ante un ataque las fuerzas armadas de Irán no se quedarían cruzadas de brazos y responderían con misiles crucero que podrían alcanzar Tel Aviv desde territorio propio, y podrían contar con el apoyo de los grupos armados de Hizbolá en el Líbano y de Hamás en la Franja de Gaza.

Andrew R. Hoehn, un exfuncionario del Pentágono, explicó para el diario neoyorquino que no sería un ataque de una noche, sino de varios días, lo que podría disminuir el impacto del efecto sorpresa y dar capacidad de reacción a Irán. Mientras por ahora Occidente trata de evitar una posible confrontación, Netanyahu y Barack parecen estar dispuestos a asumir la misión. “Hay un montón de incógnitas, una gran cantidad de riesgos potenciales, pero Israel puede saber que esos riesgos no son tan graves”, asegura Anthony H. Cordesman, analista militar del Centro para Estudios Estratégicos e Internacionales de Washington.

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