Publicidad

La encrucijada egipcia

El gobierno de Egipto, acorralado por las protestas, promete reformas. Los manifestantes siguen en las calles.

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

“Las próximas elecciones presidenciales serán en 2011. Si Mubarak sigue vivo probablemente se postulará de nuevo e inevitablemente ganará”, dijo Margaret Scobey, la embajadora estadounidense en Egipto, en un cable diplomático con fecha de mayo de 2009, revelado por Wikileaks. Hoy esta profecía tambalea junto con el poder de Hosni Mubarak.

Egipto es la última pieza de dominó que vacila en una serie de protestas que sacuden al mundo árabe. La motivación de todas es la apertura de regímenes enquistados durante décadas. La pregunta que se hacen los observadores es si Mubarak, quien se ha mantenido en el poder durante 30 años, logrará capotear la embestida o si se repetirá una Revolución del Jazmín como la acontecida en Túnez.
 
“No es claro hacia dónde se dirige la situación”, afirma Jon Alterman, director para temas de Oriente Medio del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales. “Adivino que las Fuerzas Armadas harán su entrada, los protestantes darán un paso atrás, y habrá algún tipo de negociación sobre lo que sucederá en el futuro”.

Sin embargo, al menos en público, hasta ahora ni el gobierno ni los protestantes hablan de negociaciones. Lo más cercano a una concesión por parte de Mubarak se produjo el viernes en la noche durante una alocución presidencial de 11 minutos desde Sharm el-Sheikh, muy lejos del caos de la capital. En su intervención, Mubarak solicitó la renuncia de todo su gabinete para nombrar uno nuevo. También afirmó que las protestas eran muestra de la apertura democrática del régimen, que comprendía las preocupaciones de los manifestantes, que estaba del lado del pueblo, pero que “una fina línea divide a la libertad del caos”, y no permitiría que el país fuera desestabilizado.
 
Ayer sábado tuvo que nombrar nuevo vicepresidente y nuevo primer ministro en un intento por garantizar el respaldo militar y mantener la gobernabilidad. Algunos interpretan la reacción de Mubarak como una afirmación de su poder disfrazada de concesión: una serpiente que cambia de piel para comprar tiempo. “Aunque pidió que renunciaran los principales funcionarios del gobierno, hizo caso omiso del clamor para que él mismo renunciara. La reacción inmediata entre la gente fue de rabia, una que los observadores pensamos le daría más impulso a las protestas”, dijo Abigail Hauslohner a la revista Time.

Esta actitud pragmática y cautelosa es la que ha distinguido las tres décadas de presidencia de Mubarak, durante las cuales sobrevivió a al menos tres intentos de asesinato, mantuvo la paz con Israel, sorteó el turbulento contexto político generado por dos guerras en Irak y la inestabilidad de la región desde 2003, resolvió varias crisis económicas y ha mantenido a raya una amenaza terrorista interna. Su comportamiento durante esta crisis concuerda con el perfil que de él dibujó la embajadora Scobey en el cable diplomático filtrado: “Su realismo es sincero y ha superado varias pruebas. Es instintivamente cuidadoso y conservador, y tiene poco tiempo para metas idealistas”.

El impulso de las protestas, no obstante, podría llevar esta crisis hacia situaciones imprevistas. Mientras que Mubarak mueve sus fichas y sus tanques desde la distancia, en la calle circulan panfletos anónimos de 26 páginas que dan instrucciones para una insurrección organizada. Se titulan: “Cómo protestar de forma inteligente: tácticas e información importante”. Algunos de ellos fueron filtrados a la publicación The Atlantic, y, luego de solicitar que no se divulguen por Facebook o Twitter, dado el cercano monitoreo que el régimen está realizando de estas redes sociales (la comunicación por telefonía móvil y las conexiones a internet fueron interrumpidas por el régimen), los documentos enumeran “las exigencias del pueblo egipcio.
1) la caída de Hosni Mubarak y de sus ministros, 2) el fin del estado de emergencia, 3) libertad, 4) justicia, 5) la creación de un nuevo gobierno no-militar y 6) la administración constructiva de los recursos egipcios”.

Los objetivos de la desobediencia civil son la toma de los edificios estatales, la cooptación de miembros de la policía y el ejército, y la defensa de “nuestros hermanos y hermanas en la revolución”. Los protestantes ya han quemado la sede en Suez del partido gobernante, el Partido Nacional Demócrata.

Aunque no se ha hablado de negociaciones, Mubarak tampoco le ha cerrado públicamente las puertas a esta opción. Dado su talante personal, su estilo para la resolución de conflictos, y ante todo, el apoyo del que goza entre las fuerzas militares, la crisis probablemente no desembocará en la estrepitosa caída del régimen, ni en una represión que se muestre intransigente a toda opción de reforma. Aún se desconoce si el interlocutor será Mohamed El Baradei, premio Nobel de Paz y exdirector de la Agencia Internacional de Energía Atómica, quien, desde su regreso a El Cairo para liderar el movimiento de oposición, ha permanecido bajo arresto domiciliario, según el gobierno, “por su propia seguridad”.

Las negociaciones, de producirse, se llevarán a cabo a puerta cerrada, bajo el manto de los dos principios en los que Mubarak insistió varias veces durante su alocución del viernes: la seguridad y la estabilidad. Los mismos que juró defender en 1981, cuando asumió la presidencia luego del asesinato del entonces presidente Anwar Sadat, a manos de extremistas islámicos.

“La defensa de la seguridad y la estabilidad”, no obstante, ya ha cobrado más de 74 víctimas entre los protestantes. El gobierno israelí prefiere mantener silencio, pues la supervivencia de Mubarak, su único aliado en la región, resulta esencial para su seguridad. Pero los métodos del gobierno egipcio comienzan a generar incomodidad en su aliado más cercano en Occidente: Estados Unidos. Hillary Clinton, secretaria de Estado, dijo durante una rueda de prensa que “las protestas evidencian que hay profundas insatisfacciones en la sociedad egipcia, y el gobierno debe entender que la violencia no las solucionará”. El propio Barack Obama habló por teléfono con Mubarak y le pidió tomar pasos concretos para consolidar las reformas políticas, sociales y económicas que necesita el país.

En el contexto de la política exterior de Estados Unidos en Oriente Medio, Mubarak no sólo ha sido un aliado en la lucha contra el terrorismo, sino un mediador efectivo en situaciones que van del conflicto árabe-israelí a la crisis en Sudán. Según sugieren varios cables diplomáticos filtrados por Wikileaks, el gobierno estadounidense, con el fin de mantener estables sus relaciones con Mubarak, se ha abstenido de hacer comentarios públicos sobre los abusos a los derechos humanos cometidos por las fuerzas de seguridad egipcias en otras ocasiones. Los ojos del mundo están puestos sobre el manejo que le dé el gobierno de Barack Obama a la crisis de uno de sus aliados más cercanos, y sea cual sea la conclusión, es probable que deba pagar algún precio durante su solución.

“Estados Unidos se ha vuelto dependiente de un Egipto con el que coopera en una amplia cantidad de temas. Cualquier transición de liderazgo implicaría que esto deberá reexaminarse y renegociarse. El reto de los Estados Unidos es cómo desempeñar un papel constructivo sin tener que comprometerse en una situación que no tiene cómo controlar”, afirma Jon Alterman.

Aunque el régimen de Hosni Mubarak está envuelto en una lucha por su existencia, su importancia estratégica y su protagonismo geopolítico probablemente lo aseguran contra una suerte como la que corrió su homólogo en Túnez. Dada la amenaza que suponen los movimientos extremistas islámicos dentro de Egipto, como la Hermandad Islámica, el precio de un país sumido en el caos es quizá uno que ni siquiera la oposición estaría dispuesta a pagar.

El círculo del poder de Mubarak

La presión social egipcia tuvo su respuesta en la noche del viernes, cuando, por medio de una alocución televisada, el presidente Hosni Mubarak anunció la reestructuración de su gabinete. Una decisión difícil de tomar ya que a lo largo de toda su administración han sido pocos los funcionarios que se han mantenido al lado del “faraón”. La mayoría de sus aliados cercanos rozan los 70 años y entre ellos sobresalen el experimentado general y jefe de inteligencia, Omar Suleiman, el ministro de Defensa y jefe de Estado Mayor, Mohamed Hussein Tantawi, el ministro del Interior, Habib al-Adly, y el jefe de las Fuerzas Armadas, teniente general Sami Enan. Asimismo, está el primer ministro, Ahmed Nazif, quien a pesar de no llevar mucho tiempo en el gobierno —llegó en 2004— se ganó la confianza de Mubarak, quien el año pasado lo dejó como presidente delegatario.

Las apuestas de la oposición egipcia

La Asamblea Nacional para el Cambio, principal grupo opositor del gobierno del presidente Hosni Mubarak, no quedó satisfecha con los anuncios que el mandatario hizo para tratar de bajarle el tono las manifestaciones.  La principal figura opositora, Mohamed El Baradei, quien se desempeñó como director general de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) entre 1997 y 2009, desde donde fue elegido Premio Nobel de Paz en 2005, aseguró que las propuestas de cambio eran insuficientes.

Publicidad

Después de una larga temporada en Europa, El Baredei, célebre por haberse opuesto desde la AIEA a la invasión estadounidense a Irak en 2003, regresó a Egipto el jueves en medio de la crisis para ofrecerse a liderar un gobierno de transición. Sin embargo, fue detenido al participar en una manifestación y puesto en prisión domiciliaria.

Las exigencias de la oposición son concretas: se debe levantar el estado de emergencia con el que Mubarak gobierna desde 1981, instaurar un gobierno de transición, disolver el Parlamento, citar elecciones y liberar a los presos políticos del régimen.

Publicidad

Las razones de la revuelta popular en Egipto

40,4: de la población vive por debajo de la línea de pobreza, de acuerdo con el Programa de la ONU para el Desarrollo (PNUD).

9,7: por ciento fue la tasa de desempleo del país durante 2010, según cifras del Banco Mundial.

Publicidad

3,5: es el índice de corrupción egipcio, según Transparencia Internacional. El país ocupa el puesto 98 de 178.

12,8: por ciento fue la inflación del año pasado. En calidad de vida, Egipto es el país número 135 de un total de 194 naciones.

El fuego político del norte de África

Conoce más

Temas recomendados:

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido