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Una nueva masacre tuvo lugar en Siria. Con el recuerdo aún vivo de la matanza de 108 personas en la ciudad de Hula, provincia de Homs, la cifra de muertes una vez más supera el centenar, esta vez en Al Kubeir y Maarzaf, poblaciones de Hama, aunque no se confirma aún el número exacto de víctimas. Mohamed Serimi, portavoz del Consejo Nacional Sirio (CNT), anunció que cerca de 20 mujeres y 20 niños se encuentran en la lista de fallecidos mientras pedía a los observadores de Naciones Unidas supervisar el alto al fuego que aparentemente está vigente desde el pasado 12 de abril.
Los detalles de la nueva matanza no están claros, pero el ‘modus operandi’ parece similar al de Hula, a finales de mayo pasado: escuadrones de hombres armados abren fuego en las ciudades y ejecutan a quienes aparentemente integran las filas de oposición, fieles al CNT.
Tras estos hechos, el exsecretario general de Naciones Unidas, Kofi Annan, quien además es la cabeza de la misión de observación de la ONU, pidió al presidente Bachar Al Asad un compromiso real para detener la violencia que extermina al país desde hace 14 meses. Sin embargo, este episodio también resultó ser “salvaje” para el presidente, quien eludió toda culpa y atribuyó el conflicto a los “agentes extranjeros y terroristas” que quieren desestabilizar el país.
No obstante, está por verse qué consecuencias tendrá la nueva masacre, que engrosa la lista del total de muertos. La ONU ya los cifra en 13.000, aunque la oposición tiende a maximizar el dato. Lo cierto es que este total se ha incrementado de manera frenética durante el último año. Los fallecimientos no se cuentan de a unidades sino de a decenas.
La primera matanza ocurrió el 9 de abril de 2011, luego de casi un mes del inicio de la rebelión contra Al Asad: 37 manifestantes murieron en Homs y apenas dos semanas después 112 muertos eran reportados entre diversas ciudades sirias.
A final del mes de abril, cuando otras 62 personas mueren por oponerse al gobierno, Estados Unidos implementa un paquete de sanciones e inicia la confrontación diplomática con Occidente, que comienza a actuar en bloque para exhortar a Al Asad de salir del Gobierno. Pero las peticiones no son escuchadas por el líder. El 3 de junio de 2011, las fuerzas de seguridad dan muerte a 80 manifestantes en Hama, el día 5 mueren 36 y el 6, 80 más, estos últimos dos casos en Damasco.
Para agosto del año pasado, la cifra de fallecidos en Hama ya sobrepasaba los 300. Desde el inicio de la revuelta la muerte ha sido constante en una cotidianidad fatal, con altas y bajas. En diciembre, bastaron dos días para sumar 200 nuevos cadáveres y para enero la cifra ponderada de la ONU ya era de 5.000. Homs volvió a aportar 80 muertos más en una sola jornada de febrero y en marzo la ONU y la Liga Árabe consideraron necesario trabajar en un alto al fuego con Kofi Annan y un grupo de observadores imparciales.
No se trata de que una masacre sea más importante que otra, pero el escándalo nunca ha sido tan alto como ahora, cuando se juntan Hula, Al Kubeir y Maarzaf y además existe un alto al fuego aceptado por las partes. El CNT pide a gritos una intervención militar extranjera, pero ese es un pedido que Rusia y China, no están dispuestos a avalar. Hasta el día de hoy, no lo consideran pertinente.