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La familia Manson: 50 años del crimen más recordado en EE. UU.

Charles Manson, un hombre de baja estatura y con aspecto aterrador, pero con una increíble capacidad de persuasión, logró convencer a un grupo de hippies de cometer uno de los asesinatos más atroces de la historia de Estados Unidos, en 1969.

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En medio del apogeo hippie de 1969, de la revolución del amor, la contracultura y la libertad, una ola de crímenes conmocionó a Hollywood (y al mundo). La noche del 8 de agosto la actriz Sharon Tate, de 26 años, quien tenía ocho meses de embarazo, fue asesinada junto a otras cuatro personas en la casa 10050 de Cielo Drive.

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La escena era devastadora. Cadáveres ensangrentados con varias puñaladas y sogas amarradas al cuello. En las paredes se leía “cerdos” marcado con sangre, las comunicaciones y la luz habían sido cortadas, pero no había rastro alguno de robo. La mucama, que entró a la mansión a la mañana siguiente, fue la primera en encontrarse con el cuerpo de Tate y sus acompañantes: Jay Sebring, famoso peluquero de Hollywood; el guionista Wojciech Frykowski y su novia Abigail Folger, heredera de un emporio cafetero. Nadie entendía qué había pasado.

Dos días después, a veinte kilómetros de la mansión donde había sido asesinada Sharon Tate, fueron encontrados otros dos cuerpos apuñalados más de cincuenta veces y amarrados. Eran los comerciantes Leno LaBianca y su esposa Rosemary. Letreros de sangre en las paredes también relataban “muerte a los cochinos”. Ahora, las autoridades estaban en una encrucijada.

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En el rancho Spahn, un lugar que había sido usado para filmar películas de vaqueros en el desierto de California, a finales de los 60 vivía un grupo de hippies veinteañeros (en su mayoría mujeres) que habían abandonado sus casas para vivir en el idilio de la libertad, las drogas y el sexo sin control.

Entre sus reflexiones sobre la vida y sus viajes con LSD se fueron convenciendo de que Charles Milles Manson, un pequeño hombre de 1,60 m de estatura, era su mesías, la reencarnación de dios y de satanás al mismo tiempo, y que ellos eran su “familia”. Pronto, la libertad y el hippismo parecieron convertirse en el apocalipsis.

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Jóvenes, ingenuos e influenciables creyeron en la profecía de Manson, un habilidoso para controlar las mentes: inspirado en un disco de los Beatles, el líder anunciaba la llegada de una guerra entre negros y blancos que terminaría en el exterminio. Según él, los negros ganarían, pero en su “incapacidad para gobernar” vendrían a buscarlo para que dirigiera el mundo. Por más descabellado que sonara, sus seguidores le creían ciegamente.

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