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Sin ningún tipo de protección, Mamoudou Grassama trepó por los balcones de un edificio de apartamentos del distrito 18 de París. La hazaña con la que logró salvar a un niño de cuatro años que había quedado suspendido en el pasamanos del balcón, convirtió al inmigrante de orgien africano en un heróe nacional.
Los medios franceses le dicen “hombre araña”. Para él, sus acciones están lejos de las de los superhéroes de los comics. “Vi un niño de cuatro años en esa situación, no he reflexionado, le he salvado”, le dijo Grassama quien en sus declaraciones a la prensa hizo saber que solo le empezaron a temblar las piernas cuando estaba con el menor, a salvo, en el interior del apartamento.
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El premio al acto de valentía no tardó a en llegar: Grassama, originario de Mali y quien entró a Francia en septiembre de 2017 sin tener los papeles en regla, fue felicitado por el presidente Emmanuele Macron en pesona. El mandatario no solo aseguró que “todos sus papeles van a ser regularizados”, también anunció que el cuerpo de bomberos de París está listo para acoger a Grassama entre sus filas.
Con un diploma otorgado por la Policía, en que se certifica su “acto de valentía y servicio”, Grassama también será nombrado “hijo ilustre” de Monreuil, la localidad en la que está ubicado el centro de refugiados en el que tenía su residencia hasta el momento.
“A un gran hombre, la patria lo reconoce”, dijo sobre el caso el ministro del Interior de Francia, Gérard Collomb, quien además se comprometió a supervisar personalmente la solicitud de naturalización del joven maliense, quien ha descrito su duro periplo para llegar a Europa: Salí de Mali, pasé por Burkina Faso y he llegado por Libia, en un barco. Fue muy difícil”.
-¿Y qué pasó con el niño?- El padre del pequeño ha sido detenido por la policía. En el momento del incidente, el menor estaba solo en su casa, por lo que su progenitor está siendo investigado por eludir sus obligaciones parentales.
El próximo 25 de septiembre, el padre deberá comparecer ante la justicia y podría ser condenado a dos años de cárcel y a pagar una multa de 30.000 euros.
Después de los hechos, el niño fue entregado a un centro de acogida de menores.