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A finales de octubre de 2011, la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) admitió a Palestina como Estado miembro 195. Meses después, aprovechando su nueva membresía, el gobierno de Palestina —que por esos días daba la batalla diplomática ante la ONU para ser reconocida como nuevo Estado—, le pidió al organismo que incluyera a la Basílica de la Natividad de Belén, situada en Cisjordania, dentro del patrimonio mundial de la Unesco.
La candidatura del Camino de las Peregrinaciones y de este templo de Belén, situado en el lugar donde según la tradición cristiana nació Jesús, pasó el examen del Comité de Patrimonio Mundial de la Unesco, reunido en San Petersburgo, con trece votos a favor, seis en contra y dos abstenciones, y quedó incluida en la lista.
Ahora esta iglesia, que data del siglo IV, podrá obtener ayuda financiera para su restauración, un logro sin precedentes que va más allá de los aspectos cultural, religioso, simbólico, económico y turístico. “Es la primera vez que un lugar histórico bajo control palestino es declarado Patrimonio de la Humanidad, que necesita ser protegido. Ahora podremos conseguir importantes ayudas económicas para hacer las reformas necesarias”, explicaron voceros de la Autoridad Nacional Palestina. “Esta decisión implica el reconocimiento de la cultura palestina, de nuestra identidad y del derecho a controlar y preservar nuestra herencia cultural”, agregaron.
El primer ministro, Salam Fayad, la calificó como una “victoria de la justicia y de Palestina, que nos da esperanzas de tener un Estado con capital en Jerusalén Este”. No es el único que ve la decisión como un triunfo político, más allá de la inyección de capital y el cuidado del turismo en la zona. El portavoz de Mahmud Abás, presidente de la Autoridad Palestina, afirmó que “este reconocimiento global de los derechos del pueblo palestino constituye una victoria para nuestra causa y para la justicia”.
A pesar de esas consideraciones, lo cierto es que la iglesia necesita mantenimiento. No tiene iluminación y sus paredes tienen más huellas de balas que adornos. El techo de madera está corroido por la humedad y el paso del tiempo y las lluvias evidencian el número de goteras, que ya empiezan a causar daños en el interior del lugar. Según cálculos de las autoridades palestinas, dos millones de visitantes pasan cada año por la Natividad.
Los que no están de acuerdo
El embajador israelí en la Unesco, Nimrod Barkan, protestó ante una medida que califica de política. “No han tenido en cuenta las valoraciones de los expertos técnicos y con esta aprobación de la solicitud palestina apoyan su falso argumento de que Israel pone en peligro la iglesia de la Natividad”, denunció.
Por su parte, el embajador estadounidense, David Killion, dijo que su país estaba decepcionado por la decisión. “Se trata de un lugar sagrado para todos los cristianos, por lo que no puede ser objeto de politización”, se quejó.
El reconocimiento de la basílica es fruto de una intensa campaña palestina destinada a lograr el reconocimiento por parte de las organizaciones internacionales. Killion, en un comunicado emitido después de la votación, señaló que el procedimiento de urgencia utilizado en este caso sólo debe usarse en principio para sitios amenazados de destrucción inminente.
En 40 años, “el procedimiento de urgencia sólo ha sido utilizado cuatro veces y solamente en casos extremos, siempre siguiendo recomendaciones de instancias del consejo”, sostuvo el embajador. El gobierno palestino programó fiestas en Belén para celebrar.