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Puerto Príncipe nunca ha sido una ciudad tranquila. Funcionarios extranjeros instalados en el país antes del terremoto denunciaban cómo a plena luz del día decenas de haitianos eran robados y asesinados sin que nadie se sorprendiera. Después de la tragedia, la situación no ha sido diferente. Robos, asesinatos y tráfico de niños son el pan de cada día en esta ciudad en donde más de un millón de personas —el 40% de ellos niños— deambulan por la calle porque lo perdieron todo durante el terremoto.
Las autoridades del país están en alerta máxima pues la situación puede empeorar. El principal funcionario de las Naciones Unidas lanzó un llamado urgente a los haitianos para que entreguen a los criminales que huyeron de prisión, “antes de que comiencen a causar problemas”.
Según los cálculos de los funcionarios policiales haitianos, cerca de 5.000 prisioneros escaparon de la Penitenciaría Nacional y otras cárceles cuando el terremoto del 12 de enero provocó el colapso de cientos de edificios en la capital, Puerto Príncipe.
Se cree que la mayoría de los fugados siguen sueltos y que muchos están ocultos en Cite Soleil, un barrio costero que alguna vez controlaron y que consiguió la paz gracias al presidente René Préval. “Puedo decir que la situación en Puerto Príncipe y en el país es estable a nivel general”, dijo Edmond Mulet, jefe interino de la misión de paz de la ONU en Haití. Sin embargo, agregó: “Me gustaría hacer un llamado a la gente para que denuncie a los criminales que abandonaron las prisiones”, dijo Mulet.
“Ellos están en las calles. Sabemos que se están reorganizando secretamente. Debemos buscarlos antes de que actúen”, alertó el funcionario.
La mayoría de los reclusos que huyeron de la Penitenciaría Nacional integraban violentas pandillas que dirigían operaciones de tráfico de drogas y armas en Cite Soleil, en donde las casas que quedaron en pie luego del terremoto aún exhiben las marcas de balas de las batallas entre las pandillas y las fuerzas de paz.