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El nuevo presidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, quien llegó al poder el 27 de enero, anunció el 17 de febrero un decreto que prohíbe la venta de alcohol de cualquier tipo, todos los domingos durante 13 horas. El toque de queda anti-alcohol, que va desde las cinco de la tarde hasta las seis de la mañana de los lunes, es la medida más reciente emprendida para enfrentar los altos números de muertes en el país centroamericano. De lejos, Honduras tiene la tasa de homicidio más alta en Latinoamérica, con 79 asesinatos por cada 100,000 habitantes en 2013. El Salvador, la nación con la segunda tasa más alta, tuvo en promedio de 7.11 víctimas cada día en 2013, mientras Honduras tuvo 19.
Las cifras presentadas por el Observatorio de Violencia, junto con la Universidad Autónoma de Honduras y el Instituto Universitario de Democracia, Paz y Seguridad, muestran que durante los últimos dos años, más de un 50% de las muertes en Honduras se produjeron los días sábado, domingo y lunes. Pero, no hay pruebas tan concretas para demostrar que la causa de los asesinatos fue el alcohol. La directora del Observatorio, Migdonia Ayestas, hizo en hincapié en que el peligro en Honduras “tampoco es cuestión de horarios ni de alcohol”, diciendo que los problemas socioeconómicos y la corrupción política y militar son más preocupantes. En una entrevista con el periódico español El País, la hondureña destacó que «la veda elude definir cuál es la incidencia o delitos contra la vida cometidos por ingesta de bebidas alcohólicas”. Añadió, además, que de todas formas “esta no es una medida que solucione. Pude comprobar que cuando iba a entrar a regir la ley, la gente se abasteció de licores».
Ayestas tiene razón al subrayar que el alcohol no es la causa principal de la violencia endémica en Honduras. El país ha sufrido una historia reciente difícil, con una falta casi permanente de un gobierno confiable, relaciones turbulentas con su vecino Nicaragua y una milicia y policía que actuaban sin repercusiones durante varias décadas. El desarrollo económico estuvo en segundo plano durante décadas después de la devastación causada por el Huracán Mitch en 1997, que costó US$3 billones en daños. Ahora Honduras es uno de los países más pobres en Centroamérica, con una renta per cápita de US$4,800, sigue solo a Nicaragua que tiene una de US$4,500. Más del 90% de la población hondureña vive con menos de dos dólares diarios, un 60% vive abajo de la línea de pobreza, mientras alrededor de un tercio de la población es subempleada.
Este contexto, junto con una calidad de educación pobre y más del 57% de la población con menos de 25 años, ha contribuido a una cultura de pandillas prominente. Las cifras sugieren que estas pandillas o «maras», de las que hay 900 con 700,000 miembros en el país según la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE), son responsables por la tasa de homicidio increíble que aflige a la nación. Los hombres entre las edades de 15 y 44 años constituyen un 78% del total de muertos por homicidios, con el mayor número de muertos en medio de hombres que tienen entre 21 y 24 años. La violencia desenfrenada entre las maras está, sin duda, conectada con el narcotráfico. La ONU advirtió el mes pasado que los niveles de violencia se están elevando actualmente en Centroamérica, debido a una lucha por el control del mercado.
A pesar de estas cifras, el vocero de la Policía Julián Hernández, insistió que el alcohol es un factor importante a considerar, diciendo que «las detenciones de los que, por ingesta de licor, cometen violencia intrafamiliar y doméstica, homicidios y accidentes de tránsito, aumentan los fines de semana. La mayor incidencia es en los domingos, precisamente a partir de las cinco de la tarde hasta el día siguiente». Además, alegó que «si hay menos ebrios en las calles, habrá menos posibilidad de violencia doméstica o intrafamiliar». La introducción de la polémica norma anti-alcohol viene después de que la viceministra de Seguridad de Honduras, Alejandra Hernández, aseguró que rechazará la idea de una tregua entre las bandas que generan la violencia en el país. Esta decisión difiere de la del gobierno salvadoreño, un país que ha visto una disminución de 57% en la tasa de homicidio desde la introducción de una tregua entre pandillas. Sin embargo, la viceministra insistió a la prensa hondureña hace pocos días, que el gobierno está introduciendo medidas «represivas y de combate al delito». Esta nueva mano dura para el comercio etílico parece ser parte del plan alternativo.
Aunque todavía es pronto para ver si la norma logrará disminuir el total de muertos a largo plazo, expertos y oficiales han sido rápidos al comentar sobre las cifras desde la primera implementación. Ayestas notó que fue una aumento en las víctimas: «el promedio que hemos establecido en el Observatorio es de 19 diarios», mientras la Policía de Honduras reportó 29 muertes violentas en el país durante el domingo 23 de febrero. No obstante, el vocero Julián Hernández aseguró que «la regulación ha sido efectiva», sobre todo en relación con incidentes callejeros y abusos domésticos: no había ninguna víctima de accidentes con conductores bajo los efectos de licor, y solo habían tres casos de violencia doméstica, cuando el promedio durante los domingos es normalmente 15.
Estas cifras tempranas sugieren, entonces, que el gobierno está enfrentando ciertos tipos de violencia en la sociedad hondureña. Sin embargo, el problema más preocupante, de homicidios conectados con la cultura de las maras, todavía se necesita abordar.