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En momentos en que el barco de la economía mundial parece hundirse y con éste los aires hegemónicos de Estados Unidos como superpotencia, las disputas regionales por mantener el control estratégico de ciertas zonas de influencia son más que una prioridad para Estados Unidos, concuerdan los analistas, al referirse a la preocupación de Washington por el papel que Venezuela está jugando en relación con sus intereses en Suramérica.
En días pasados, el nuevo director de los Servicios de Inteligencia de los Estados Unidos, Dennis Blair, presentó ante el Congreso americano su informe anual, el cual recoge los reportes de las 16 agencias de seguridad de ese país. Su objetivo: poner en sobreaviso las principales amenazas que en materia de seguridad afronta la nación americana.
Dentro del informe, Blair habló sobre ‘El arco de inestabilidad’, refiriéndose a la región que comprende los países localizados desde el Medio Oriente hasta el sur de Asia, identificándolo como el epicentro mundial de la actividad terrorista. Allí se encuentran países como Siria, Iraq, Líbano, Afganistán, Pakistán e Irán. Siendo el último de éstos aquel que más preocupación se roba, pues según el informe, “el accionar de Teherán no sólo pone en riesgo la estabilidad del Medio Oriente sino también la del sur del continente americano”.
El apoyo económico y militar de Irán a grupos extremistas islámicos como Hamas y Jezbola, su fuerte soporte a las milicias Chiíes en Iraq, sus nexos con Siria, su programa nuclear y ahora su progresivo acercamiento militar, político y comercial con Venezuela se ha convertido en todo un dolor de cabeza para Washington. Según el propio Blair, la estrecha relación entre los dos países está creando las condiciones potenciales para la incursión del grupo terrorista Jezbolá en ese sector del continente.
Esto ha prendido las alarmas en varios sectores de la región, teniendo en cuenta los informes de la misma agencia que reportan los vínculos entre el gobierno de Chávez y las Farc, a los que llaman de afinidad ideológica sumados al hecho de que en los últimos cuatro años Venezuela se ha convertido en el segundo corredor de distribución mundial de cocaína después de Colombia, triplicando el número de cargamentos anuales que salen desde su geografía.
“La principal preocupación de Estados Unidos en relación con Chávez y Teherán es que Venezuela se está convirtiendo en un puente para la expansión de los intereses iraníes en la región, como se puede ver en Brasil, Bolivia y Ecuador. Irán es visto por Washington como uno de los países más peligrosos del planeta, no sólo por su posición geoestratégica en el Medio Oriente, sino sobre todo por su creciente capacidad nuclear”, explica Peter Hakim, director del Diálogo Interamericano con sede en Washington. Según el informe presentado ante el Comité de Inteligencia del Senado, Teherán tendría para fines de 2015 la capacidad logística de fabricar sus propias armas nucleares.
Relaciones peligrosas
Parte fundamental del discurso de Chávez es la contraposición y divergencia sistemática a la agenda estadounidense en la región, y es precisamente eso lo que el mandatario venezolano ha logrado durante los últimos cinco años al entablar una estrecha relación bilateral con países como Irán, explica Michael Shifter profesor de asuntos latinoamericanos de la Universidad de Georgetown.
Pues no es solamente Irán el único dentro del directorio de amigos cercanos de Chávez. La venta de armas rusas, tan sólo 4.000 millones de dólares en 2008, su apoyo logístico, entrenamiento militar y los planes de construir un planta nuclear
conjunta también hacen parte del esquema de entablar estrechas relaciones con todo aquel que de una u otra forma desafíe el orden de Washington. No sólo Moscú se ha convertido en un aliado para disuadir a Estados Unidos de una eventual invasión, según propias palabras de Chávez. También están Libia y China, que han venido prestando entrenamiento militar al ejército venezolano, así como un sinnúmero de acuerdos de cooperación en materia de comercio, infraestructura y telecomunicaciones, en el que se destaca el Simón Bolívar, primer satélite venezolano en el espacio.
El problema de entablar relaciones con países como Irán, Rusia y China es que Venezuela en el largo plazo podría estar hipotecando su futuro con tres actores de distintos y opuestos intereses políticos en el escenario internacional, lo cual podría terminar en un fuego cruzado, poniendo en riesgo la estabilidad hemisférica, entiende Shifter, quien añade: “Gobiernos como los de Irán y Rusia están usando claramente a Venezuela para ejercitar y expandir sus intereses en contra de la hegemonía de Estados Unidos en la región. Así como para demostrar su capacidad de entablar un rol más determinante en la arena internacional”.
Para evitar tal escenario y lograr mantener la influencia americana en la zona, el informe de inteligencia, hoja de ruta de la agencia para 2009, enfatiza en la necesidad del fortalecimiento de acuerdos comerciales bilaterales y de ayuda exterior a los países menos desarrollados y para aquellos con mayor afectación por la crisis económica.
Y con respecto a Venezuela, la recesión pareciera ser la mejor arma, pues la dramática caída de los precios del petróleo, más de 100 dólares en los últimos seis meses, hace pronosticar que los programas de injerencia política en la región de Venezuela y sus aliados, por medio de los robustos paquetes de ayuda económica como los ofrecidos a los gobiernos de Evo Morales y Daniel Ortega se vean indiscutiblemente disminuidos. En otras palabras, Washington confía en que sean las mismas leyes del mercado las que neutralicen a uno de los más grandes enemigos del capitalismo americano en la zona.
Habrá que esperar algunos días para saber cuál es el ímpetu político con el que resulta Chávez después de la victoria que lo podría atornillar indefinidamente en el poder. Si bien antes del referendo Chávez dio muestras contradictorias sobre un acercamiento con el gobierno de Obama, habrá que esperar lo mejor para el bien de Colombia y el de toda la región.
México S.O.S.
El otro gran dolor de cabeza para Estados Unidos en la región es el país azteca. Sólo en el último año fueron asesinadas 5.500 personas en la más recia y voraz guerra entre carteles de narcotráfico, que se luchan palmo a palmo la producción y distribución de las drogas dentro de su territorio. Pues México además de servir de corredor para el 90% de la cocaína que entra a tierra estadounidense, es el principal abastecedor de metanfetaminas y marihuana de los Estados Unidos.
A este difícil panorama se suma, por si fuera poco, los efectos de la recesión económica. Un nivel de desempleo cercano al 6% y un estancamiento en el crecimiento nacional, evidencian la fragilidad de una economía que depende en un 80% de sus exportaciones a los Estados Unidos. Son por todas estas razones que Washington pronostica que el tridente de narcotráfico, corrupción y violencia que por estos días impera en tierra mexicana, siga su escalada a pasos agigantados no sólo en el interior de su geografía sino que continúe permeando los Estados Unidos a través de los 3.196 kilómetros de frontera entre los dos países.