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Piedad Córdoba y sus seguidores saben que el solo hecho de que algunos en el exterior crean que se merece el Nobel de la Paz, es ya una victoria. Fue el pacifista argentino Adolfo Pérez Esquivel, ganador del mismo premio en 1980, quien en enero pasado la postuló por su “trabajo intenso desde hace mucho tiempo y con demasiadas dificultades para lograr la paz en Colombia”, lo cual fue avalado por el Instituto de Paz de Oslo. En efecto, dijo Esquivel, la sola nominación “traería consigo la apertura de vías de solución, debido a la crisis por la que atraviesa Colombia”.
Una nominación que terminó por polarizar el país en torno al nombre de la congresista, con fuertes debates a través de las redes sociales de Facebook y Twitter, y hasta marchas de protesta ante la Embajada de Noruega. Sus contradictores no le perdonan, por ejemplo, el beso de saludo que una vez le dio a Raúl Reyes o el posar con una boina guerrillera en la cabeza y recibir flores de otro jefe subversivo, Iván Márquez. Tampoco su extrema cercanía con la causa bolivariana del presidente venezolano, Hugo Chávez, y mucho menos su marcado antiuribismo.
Sus seguidores, en cambio, la ven como una mujer valiente, irreverente, terca y frentera, que a pesar de los riesgos y de poner en juego todo su capital político, convirtió el acuerdo humanitario en su causa, logró la liberación de 12 secuestrados en poder de las Farc y gracias a ella el drama de los plagiados y sus familias se hizo notorio en el escenario nacional e internacional.
En cuestiones políticas no parece haber puntos intermedios con ella. Se le quiere o se le odia. Ha sido amenazada de muerte, fue secuestrada en 1999 por orden de Carlos Castaño, entonces jefe de las autodefensas; estuvo en el exilio con sus cuatro hijos y ha sufrido varios atentados. Pero La Negra, como le dicen por cariño o por rencor, está decidida a seguir adelante y, en las pocas referencias que ha hecho cuando le preguntan por el Nobel, responde que “es una motivación más”.
Motivación que comparten Aldeas Infantiles SOS, una organización social con más de 30 años de presencia en Colombia, también postulada para el Nobel de Paz. Su trabajo con cerca de 4.500 niños, niñas y jóvenes en el país, en materia de prevención y solución al problema del abandono infantil, es su principal bandera para acceder al galardón.
Los otros nominados
El príncipe jordano Ghazi bin Muhammad, impulsor del diálogo entre religiones en Oriente Medio, está en la baraja de favoritos. Otro nombre que aparece en la lista de posibles ganadores es Sima Samar, ex relatora de la ONU para Sudán y presidenta de la Comisión Independiente de Derechos Humanos de Afganistán (AIHRC).
Con ellos aparecen los disidentes chinos Hu Jia, Gao Zhisheng y la uigur Rebiya Kadeer, quienes han sido postulados al Nobel desde 2005. La abogada chechena Lidia Yusupova, el activista ruso Sergei Kovaliov y la organización de Derechos Humanos Memorial han tenido gran resonancia, así como la Coalición contra las Bombas de Racimo, que impulsó la firma de un tratado internacional para prohibir este tipo de armas.