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La tragedia de Irak

‘Romeo y Julieta en Bagdad’, una adaptación del clásico de Shakespeare, hace parte del programa cultural de los Juegos Olímpicos de Londres.

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Romeo es miembro de una facción islámica minoritaria en Irak, los suníes. Julieta en cambio es chiíta, de la otra rama del islam, que tienen un frágil control político del país. Se enamoran en Bagdad, entre las mezquitas, las diferencias de sus etnias históricamente enfrentadas, los horrores del terrorismo y la ocupación de Estados Unidos. Los amantes shakespeareanos del siglo XVII reaparecen en una nación devastada por la guerra. Es el trágico escenario de Romeo y Julieta en Bagdad, la adaptación que será la novedad el próximo mes, cuando se presente como parte del programa cultural de los Juegos Olímpicos de Londres.

Los Montesco y los Capuleto, que en la obra dirigida por Monadhil Daood aparecen como las familias suníes y chiítas, se pelean por la herencia de un bote. Pretenden navegar en rumbos distintos y no ven solución a su pleito en el corto plazo. Su enfrentamiento lleva más de tres décadas y ha dejado miles de muertos, mientras el bote sigue ahí, estancado. Una metáfora de la eterna lucha entre ambas facciones por el control político de la nación.

Hace seis años, a los amantes se les complicó la historia un poco más. Miembros de la secta de Romeo bombardearon el santuario Al Askari, desatando una guerra que ha matado y desplazado a miles de iraquíes. Para entonces todavía estaban las tropas estadounidenses, que buscaban promover la democracia en el país —una idea tan joven en tierras tan antiguas—, añadiendo más violencia al panorama.

Pero desde que se fueron los gringos, a finales del año pasado, a los amantes les va peor. Al menos 200 personas han muerto, sobre todo en explosiones de carros bomba. La mayoría de los fallecidos son chiítas, por lo que se rumora en las calles de Bagdad que los insurgentes suníes buscan desestabilizar al gobierno.

Así, Irak vuelve a estar al borde de una guerra civil que nunca terminó, sólo estaba silenciada. Ahora vuelve a saltar al escenario tras la retirada de las tropas estadounidenses que ocuparon el país durante una década. Apenas el último soldado norteamericano cruzó la frontera hacia Kuwait, el gobierno acusó al vicepresidente suní de dirigir los escuadrones de la muerte y emitió una orden de arresto en su contra, provocando más división. Aún así, Romeo y Julieta insisten en su idilio, se aman en la clandestinidad para no herir el honor de sus linajes.

El director de la obra no es tan obvio. Las palabras suní y chií ni siquiera son mencionadas. No obstante, cualquier audiencia iraquí puede captar la procedencia de los amantes siguiendo sus retóricas de victimización.

Para los personajes no fue difícil interpretar su papel. Sarwa Rasool, la descendiente de iraníes que hace el papel de Julieta, tenía que esconder su identidad cuando era niña, para escapar a la muerte en medio de la guerra entre Irak e Irán. Además, nació en el barrio Urr, en el norte de Bagdad: “Durante el régimen de Sadam Husein mi barrio era mayoritariamente suní, pero después del colapso del régimen la mayoría empezó a ser chií, y ambas sectas empezaron a matarse entre sí”, afirma la actriz kurda, de 23 años. Añade que uno de sus mejores amigas se suicidó porque su amante era árabe y ella kurda, y su familia no lo aceptaba.

Durante la guerra de sectas, Salah Moneka, Romeo, vio morir a dos de sus mejores amigos y a muchos otros ser gravemente heridos por explosiones. “Esto hizo mi actuación más fuerte, más profunda y más seria”, ha dicho.

El giro de la historia está al final. Los amantes no se suicidan como en la obra original. Romeo se ha fugado hacia la iglesia Our Lady of Salvation de Bagdad (la misma que fue destruida en un brutal ataque por parte de Al Qaeda en 2010), después de haber matado a Tybalt. Luego Julieta llega también al lugar sagrado. El romance parece consumado. Pero Paris, el rechazado pretendiente de Julieta, entra allí con un cinturón de explosivos y se inmola, en un acto extremista de pasión, acabando con su vida y la de los amantes.

Daood dice que Paris es un miembro de Al Qaeda y no es iraquí. El personaje representa a los luchadores extranjeros que llegaron a Irak después de que se iniciara la ocupación estadounidense. Con este final, Daood muestra al mundo la realidad de un país donde el amor intenta sobrevivir entre el odio, el miedo, la muerte, los bombazos… la cotidiana tragedia de Irak.

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