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Steve Schmidt es calvo. En todas las fotos este es el aspecto que más sobresale y entonces se entiende por qué es apodado la bala -su cabeza es ligeramente puntiaguda-. Pero mientras las balas a veces fallan el blanco, Schmidt nunca pierde.
Por eso es que John McCain lo nombró director de operaciones de su campaña a principios de julio, a sólo cinco meses de la elección presidencial que parecía ganada por el candidato demócrata. El republicano necesitaba un cambio dramático en su campaña. Y nadie como la bala para atacar el “fenómeno Obama”. Después de todo, Schmidt entra a las campañas políticas para destruir al contrincante.
Ya lo había pronosticado en reciente entrevista con El Espectador, el analista Noam Chomsky, quien aseguró que a Barack Obama se le podría complicar su exitosa campaña a la Presidencia por cuenta de la “sucia maquinaria de difamación del partido republicano”. Decía Chomsky que al igual que le sucedió a John Kerry, en la campaña electoral de 2004, cuando los republicanos pusieron en marcha su “profesional fábrica de mentiras”, “Kerry fue retratado como el candidato menos patriótico y Bush fue mostrado como un héroe militar”. Después de eso, el senador bajó en las encuestas y perdió la Presidencia.
Los recientes ataques en contra del demócrata, que le han representando la pérdida de varios puntos en las encuestas, parecen darle la razón a Chomsky y poner en evidencia la tarea para la que fue contratado Schmitd. “El Partido Republicano echará a andar sus estrategias basadas en mentiras en el momento justo”, aseguró el profesor del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT).
Schmidt era una opción natural para McCain. Es protegido de Karl Rove -el oscuro estratega detrás de la victorias de George W. Bush-. El republicano Rove trabajó en la campaña de reelección de Bush en el 2004, dirigiendo el centro de operaciones, llamado war room. En el 2006 dirigió la exitosa campaña del gobernador de California Arnold Schwarzenegger. Fue la bala quien diseñó la táctica de la campaña de Bush en el 2004: atacar a la oposición sin escrúpulos.
Steve Schmidt está haciendo lo mismo contra Obama. Los últimos comerciales de televisión, que convierten el carisma de Obama en su principal defecto, hacen gala de la táctica que echó a andar. En uno de ellos muestran el entusiasmo que Obama despertó en su reciente gira por Europa para describirlo como un candidato frívolo y farandulero. Los republicanos también estarían detrás de la publicación del escritor ultraconservador Jerome Corsi, titulado The Obama Nation, en donde el demócrata es retratado como un musulmán radical. El libro, en apenas unos días, se convirtió en un best-seller.
The New York Times describió a Schmidt como “la figura más intensa de su partido”. Con solo 37 años, este nativo de New Jersey, que hizo sus pinitos entregando panfletos para la campaña al senado del demócrata Bill Bradley en 1978, parece imparable en este momento. Es un profesional de las comunicaciones dedicado a crear un mensaje y difundirlo con gran habilidad. Y después de ocho años de Bush, esto es lo que lo que necesita McCain.