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Las guerras de Obama y su discurso ante la ONU

En su discurso ante la Asamblea General de la ONU, el presidente de EE.UU. llamó a fortalecer y ampliar la coalición terrorista contra el Estado Islámico.

Foto: EFE - JUSTIN LANE

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Son tiempos de guerra. A pesar del discurso de no intervencionismo militar con el que el presidente Barack Obama llegó a la presidencia de Estados Unidos en 2009, Washington hoy vuelve a liderar una guerra contra el terrorismo. Un enemigo tan amorfo, esta vez bajo el nombre del autodeclarado Estado Islámico (EI), una organización de fundamentalistas suníes que representa la posible consolidación del proyecto iniciado por Al Qaeda.

Cuando Obama recibió el Nobel de Paz en 2009, estaba recién posesionado para su primer mandato y sus promesas de campaña estaban todavía frescas: había dicho que cerraría la base naval de Guantánamo, que haría una reforma migratoria, que impulsaría la paz en Oriente Medio y la reconciliación entre Occidente y el Islam, que acabaría con la ocupación norteamericana en Irak y Afganistán, que no seguiría con la política guerrerista. Al final de ese primer periodo en la presidencia, algunas de esas promesas se cumplieron, aunque la mayoría no. Para las elecciones de noviembre de 2012, una inédita oleada de antiamericanismo estalló en casi todos los rincones del mundo musulmán. Las causas, entre otras, eran el estado de fragmentación e inestabilidad en que se encontraban Irak y Afganistán, el estancamiento en la búsqueda de una salida al conflicto israelí-palestino y la violencia y el auge de islamistas radicales en Libia, país donde Obama tuvo –aunque liderando una coalición desde atrás- la mayor aventura militar de esa primera gestión, que terminó con el asesinato del exdictador Muamar Gadafi.

Hoy la situación de inestabilidad e inseguridad en Irak y Afganistán no ha cambiado mucho, a pesar de la retirada de las tropas estadounidenses. Retirada parcial, porque aunque la misión de combate salió en 2011 de Irak, allá hay una gran cantidad de asesores militares y agentes de seguridad de EE.UU., y en Afganistán las fuerzas de combate se quedarán al menos hasta diciembre de este año.

El conflicto sectario en Irak reapareció tras la retirada de los estadounidenses y se agravó mucho más con la llegada de los militantes del EI, que ahora controlan una porción del norte de ese país. Mientras tanto, en Afganistán reemerge el régimen Talibán, el mismo que Washington intentó erradicar con la invasión a ese país. Fue la misma ocupación estadounidense la que detonó la expansión de los talibanes, que se desplazaron hacia Pakistán, donde según EE.UU. reciben ayudas del gobierno. Errores en la acción antiterrorista de EE.UU., como el uso de aviones no tripulados que acabaron por matar civiles, transportaron los conflictos de Afganistán a Pakistán y aumentaron el sentimiento de anti-americanismo en la población musulmana.

Obama ahora lidera una coalición internacional de más de 40 países con el objetivo de erradicar al EI en Siria e Irak, en una primera fase mediante bombardeos aéreos. Comienza así una guerra de resultados impredecibles. La respuesta del EI ha sido hasta ahora llamar a los “lobos solitarios” a realizar atentados en lugares simbólicos de Estados Unidos, así como decapitar a dos periodistas estadounidenses y un cooperante británico y difundir la decapitación por internet. El EI ha demostrado tener presupuesto suficiente para reclutar al menos 15.0000 combatientes y una estrategia de comunicación efectiva para sumar adeptos a través de las redes sociales y los foros yihadistas. La amenaza de esta organización, entonces, no se limita a Irak y Siria. El enemigo llamado terrorismo es demasiado amorfo y no es claro cuándo se puede cantar la victoria en esta guerra.

Obama sin embargo vuelve a liderar la guerra, tratando de desmarcarse de la ‘guerra contra el terror’ iniciada por George W. Bush como respuesta a los atentados contra las torres gemelas de Nueva York el 11 de septiembre de 2001. El propio presidente ha dicho que, a diferencia de las invasiones a Irak y Afganistán, está vez no se pondrán botas en el terreno, sino que se harán bombardeos aéreos y se brindará apoyo a los grupos que enfrentan a las milicias fundamentalistas suníes.

En la práctica, sin embargo, parece inevitable que la coalición impulsada por Washington tenga miles de militares en Irak y Siria. Dentro del nuevo plan, el Pentágono enviará a Irak casi medio millar de asesores militares para entrenar a las fuerzas iraquíes y kurdas, y utilizará aviones tripulados y no tripulados desde Erbil, la capital del Kurdistán iraquí. Teniendo en cuenta este despliegue y los militares enviados para proteger diplomáticos estadounidenses en Irak, el número de tropas rondará los 1.600. Una cantidad inédita desde el fin de la guerra de Irak (2003-2011), hace casi tres años.

La otra diferencia con la guerra contra el terrorismo iniciada por Bush es que está vez EE.UU. no actúa de manera unilateral, sino apoyado incluso por varios países del mundo árabe musulmán. Potencias suníes como Arabia Saudita y Qatar, de donde han salido millonarias donaciones de privados para los fondos del Estado Islámico, son paradójicamente las que apoyan la guerra contra el Estado Islámico. El discurso que dio Obama este miércoles ante la ONU estuvo dirigido especialmente a países del mundo árabe y musulmán, con un llamado a ampliar los alcances de la coalición internacional. El mandatario estadounidense señaló que el único idioma que entienden los yihadistas es «el lenguaje de la fuerza», defendiendo así la decisión de su país de bombardearlos.

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