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Latinos vuelven a soñar

Tras el fiasco del Dream Act, la administración demócrata adelanta iniciativas estatales para proteger a los inmigrantes. Analistas lo ven como gestos de campaña.

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Nada menos que la escuela Benito Juárez en pleno distrito latino en Chicago fue el lugar donde la Ley de los Sueños de Illinois fue firmada por su gobernador, el demócrata Pat Quinn. La cita fue ante cientos de jóvenes hispanos que no podían ocultar en el llanto la ilusión que esta ley representa, pues desde ese momento su calidad de indocumentados no será obstáculo para acceder a las universidades estatales ni mucho menos para obtener ayuda financiera.

“Es una extraña sensación de victoria, pues sé que lo ocurrido hoy aquí cambiará mi vida así como la de mis hijos. Sin papeles y sin dinero nuestro futuro siempre ha estado destinado a trabajar en el servicio, no había de otra. Ahora podemos soñar con llegar a donde cualquiera que se esfuerce puede”, decía la estudiante de secundaria Madeleina Reyes a la salida de la emocionante ceremonia el pasado 1° de agosto.

La histórica aprobación en el Senado estatal por una aplastante votación de 45 contra 11 votos marcó un día sin precedentes en materia migratoria, donde viven dos millones de latinos, la cuarta parte de ellos indocumentados. Si bien el Dream Act que se aprobó no va tan lejos como el proyecto en el ámbito nacional —el cual otorga una residencia temporal y, una vez graduado de la universidad o de su paso por las Fuerzas Armadas, el estudiante favorecido recibe la residencia y cinco años más tarde su ciudadanía—, sí es considerado como un avance mayúsculo pues permitirá a los cerca de 140 mil jóvenes indocumentados en este estado recibir becas para educación superior en instituciones privadas. También posibilita  que se integren a programas estatales de ahorro para la universidad. La ayuda financiera vendrá de un fondo privado al que accederán quienes  hayan cursado por lo menos tres años de su secundaria en Illinois y quienes tengan por lo menos un padre inmigrante.

Rahm Emanuel, exjefe del gabinete de Obama y hoy alcalde de Chicago aseguró que este es sólo el comienzo en el propósito de convertir a Chicago e Illinois en el lugar más amigable para los inmigrantes. Sin embargo, para muchos analistas las palabras de Emanuel reflejan una campaña de Washington y del Comité Nacional Demócrata con miras a las elecciones presidenciales del próximo año. La administración Obama ve con preocupación a un molesto y defraudado electorado latino, el cual será clave en la elecciones de noviembre de 2012.

Tan sólo el pasado 18 de diciembre Obama perdió en el Congreso la última carta de su agenda latina y eje central de su campaña presidencial, el Dream Act federal, el cual beneficiaría a por lo menos 1’650.000 jóvenes indocumentados en todo el país.

A Illinois se suma Connecticut, California y Maryland, donde las mayorías demócratas en  sus legislaturas aprobaron leyes similares. Sin embargo mientras en California aún corre en la legislatura  una segunda parte de la ley que permitiría a los estudiantes indocumentados aplicar para ayuda financiera pública, en Maryland se preparan para un referendo, pues sectores conservadores recaudaron las 55.736 firmas necesarias para llevar la ley a consulta popular.

Para Angélica Salas, directora ejecutiva de la Coalición pro Derechos Humanos del Inmigrante en Los Ángeles (Chirla), estas leyes son un avance en materia migratoria pues “mientras varios estados de la nación han aprobado leyes antiinmigrantes muy severas, en otros  se está subrayando que invertir en la población inmigrante, sin importar su estado migratorio, es lo correcto”.

Este aparente respiro para los jóvenes latinos ocurre en momentos en que Alabama, Georgia, Indiana, Carolina del Sur, Texas y Utah han aprobado leyes migratorias inspiradas en la polémica SB-1070 de Arizona.

Estas leyes incluyen la criminalización de la estadía en el país sin documentos, que en el resto del país sigue siendo una falta civil,  no criminal; poderes extraordinarios a la policía para detener individuos sospechosos de ser indocumentados; obliga a los empleadores a inscribirse en el programa  E-Verify para cotejar el estado migratorio de todos sus trabajadores so pena de millonarias multas,  y rechaza la aceptación de las matrículas consulares como forma válida de identificación.

La más hostil de todas es la Ley  HB-56 de Alabama, que entrará en vigor el próximo 1° de septiembre. Ésta exige a las escuelas públicas que verifiquen la situación migratoria de  sus alumnos, disposición que ha desatado un éxodo masivo de inmigrantes indocumentados en ese estado sureño donde viven poco más de 187 mil hispanos, la mayoría de ellos provenientes de América Latina.

Obama, a la recaptura de los Latinos
Con un desempleo del 11,6%, mucho mayor al promedio nacional,  el sector que más ha sufrido la  crisis económica en EE.UU. es la población latina, lo cual ha demostrado que en lo económico Obama también les ha fallado, explica Laura Vásquez, analista de legislación migratoria del Consejo Nacional de la Raza. “La pregunta que habría que hacerse es si esta frustración y pesimismo  hará que el voto latino se aparte de Obama en las próximas elecciones”, plantea Vásquez.

Esta es la misma preocupación que se vive en la cúpula del partido, la cual se ha empeñado en que la administración Obama trate de amainar esta serie de problemas con contramedidas, como el memorando dirigido a la ICE, agencia federal que realiza las deportaciones de indocumentados, para que no tramite casos de jóvenes que hayan ingresado antes de los 16 años al país, que estén en la escuela o que hayan estado en el Ejército, tal como lo plantea el Dream Act. La administración también demandó recientemente la ley migratoria de Alabama.

A esto se le suma una agresiva campaña televisiva que proclama: “Sabemos en quién confiar y en quién no”. Con estos comerciales el Comité Nacional Demócrata pretende hacer visibles estos avances menores en materia del Dream Act tratando de frenar el desencanto hispano en lugares como Nevada, Florida, Colorado, Nuevo México y la ciudad de Washington, donde el voto latino fue decisivo para la victoria de Obama en 2008. Campaña publicitaria que desde principios de septiembre será de cobertura nacional.

Sin embargo, lo que más preocupa a los demócratas, añade la representante del Consejo Nacional de la Raza, es que para las próximas elecciones ya no serán 11 millones de votantes latinos sino 20 millones los que podrán votar en la urnas, siendo la mayoría de estos jóvenes que han visto cómo la promesa de un Dream Act federal ha quedado, como muchas de las promesas de la campaña de Obama, en el mismísimo tintero.

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