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La explosión en Beirut del pasado 4 de agosto le pasó factura al gobierno de El Líbano. Tras días de intensas manifestaciones en el país, producto de la indignación por esta tragedia, el primer ministro libanés, Hasan Diab, anunció la dimisión del gobierno acompañado por algunos de los miembros de su gabinete.
Diab recalcó en su comunicación de salida que la tragedia en la capital fue producto de una “corrupción endémica” que impide el progreso de la nación.
“Dije que la corrupción está arraigada en todas las partes del estado. Pero descubrí que la corrupción es mayor que el estado”, dijo Diab, acusando a la clase política de tratar de responsabilizarlo por la crisis económica y social que vive la nación, a pesar de que solo llevaba siete meses en el cargo.
La dimisión del gabinete está lejos de calmar la ira de los manifestantes, quienes acusan al gobierno de ser responsable de la explosión en Beirut.
Según las investigaciones preliminares, 2.750 toneladas de nitrato de amonio se encontraban ocultas en un depósito en el puerto de Beirut sin medidas de precaución desde hace seis años, a pesar del peligro que representaba esta carga para los ciudadanos. Cuando las llamas de un incendio en el puerto alcanzaron este deposito el pasado martes se produjo la gigantesca explosión que quedó registrada en video y que deja hasta el momento 158 muertos, 6.000 heridos y más de 300.000 damnificados.
“Las dimisiones de ministros no son suficientes. Deben rendir cuentas”, asegura Michelle, una joven manifestante que perdió una amiga por la explosión. “Queremos un tribunal internacional que nos diga los motivos de su muerte, ya que ellos (autoridades libanesas) quieren disimular lo que sucedió”.
Noticia en desarrollo…
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