Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Al igual que John F. Kennedy, en 1960, Barack Obama decidió dar su discurso como candidato oficial del Partido Demócrata fuera del escenario oficial de la Convención. Lo hará frente a 75.000 personas en el Estadio de los Broncos de Denver, rodeado de su familia y de las figuras más emblemáticas del partido.
Pero, como se volvió costumbre en su campaña, el ambiente no será el esperado para Obama. La idea de los demócratas era que la reunión política sirviera para limar asperezas y promover las fortalezas del candidato, pero la cita terminó convirtiéndose en una prueba de fuego otra más para el candidato negro.
Cuando Obama se suba al escenario este jueves y pronuncie las palabras de aceptación, las dudas sobre sus capacidades para gobernar seguirán en el ambiente. El emotivo discurso de su esposa, Michelle Obama, y el del líder demócrata, Ted Kennedy los más sobresalientes de los muchos que se pronunciaron en la Convención fueron eclipsados por las apariciones de los Clinton, quienes jamás hablaron de las capacidades del candidato.
Cuando Hillary pronunciaba su discurso y hablaba de su capacidad política y su experiencia internacional, lo que hacía era resaltar las debilidades de Obama. Sus palabras añadieron inseguridad y desconcierto sobre la candidatura del senador por Illinois. Era fácil adivinar lo que estaban pensando muchos de los presentes: “¿Por qué no la elegimos a ella?”.
Las encuestas tampoco favorecen al afroamericano, quien ha sufrido una leve caída en la intención de voto en los últimos días.
Para Obama, su aparición del jueves no será nada fácil. No sólo tendrá que transmitir la sensación de que el partido logró cerrar las heridas; también deberá convencer a los cientos de indecisos que están pensando en pasarse a las toldas republicanas que él es el hombre que necesita el país.
Analistas aconsejan que es hora de irse lanza en ristre en contra de George W. Bush. Dicen que faltan menciones directas a sus fallas y que tiene que hablar con más fuerza en contra de John McCain. A unos les gusta el mensaje del cambio, otros le dicen que hay que hablar de la raza. Unos le insisten en que hable de sí mismo, otros piensan que lo hace demasiado. Las sugerencias sobran.
Si Obama quiere hacer hoy un discurso que recoja todo lo que su partido le exige, tendría que hablar durante toda la noche, y posiblemente nada quedaría claro. Es una situación muy difícil para él, un momento delicado que tendrá que sortear, con escasa ayuda de esta convención. Mientras tanto, los republicanos siguen atacando sin compasión.