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El primero en hablar sobre la posibilidad de que Julian Assange pudiera asilarse en Ecuador ni siquiera fue el propio Assange, ni el presidente Rafael Correa. Fue el vicecanciller ecuatoriano, Kintto Lucas, quien en noviembre de 2010 abrió las puertas de su país “sin ningún tipo de condicionamiento” al fundador de Wikileaks. El portal acababa de publicar más de 250.000 cables del Departamento de Estado de Estados Unidos y, en medio del escándalo, Assange era señalado por Washington de espionaje y de amenazar la seguridad nacional. Los cables eran verdaderos, pero para los voceros estadounidenses no era correcto publicarlos.
El presidente Rafael Correa desmintió el ofrecimiento porque Lucas “habló a título personal”, sin consultarlo ni con él, ni con el canciller Ricardo Patiño. Sin embargo, para entonces era una incógnita qué dirían los cables relativos a Ecuador y aún no había salido a la luz pública el caso por supuesto abuso sexual de Julian Assange en Suecia, el mismo que hoy en Inglaterra lo tiene bajo orden de extradición.
El tiempo y los cables de Wikileaks revelarían las nociones que tenía el Departamento de Estado sobre Ecuador y sobre su presidente, Rafael Correa. Las versiones no resultaron ser muy compatibles con el pensar del gobierno suramericano y, al contrario, reforzaron el discurso de intervención política y manipulación que el mandatario ha usado para referirse a la política exterior de la Casa Blanca.
Los documentos filtrados sugerían que Estados Unidos consideraba que Ecuador tenía problemas de seguridad en la frontera norte porque los narcotraficantes y los grupos armados de Colombia usaban recurrentemente su territorio para descansar, reaprovisionarse y mantener sus cultivos de coca. También, que las Farc habían comprado el silencio de funcionarios para sus operaciones en la región y que las instituciones del país eran “débiles, susceptibles a la corrupción y fuertemente bloqueadas con casos pendientes”.
De la misma manera, la embajada de Washington en Quito mostraba su preocupación por lo que parecían ser ataques continuos de Rafael Correa a los medios de comunicación privados: “Desde que Correa asumió en 2007 ha tachado a los medios comerciales ecuatorianos de ‘incompetentes’ y se quejó de que la mayoría de ellos protegían los intereses económicos de sus propietarios y no los de los ciudadanos (…) Tomadas juntas, las acciones de Correa y las provisiones de la nueva constitución presentan un desafío serio para los medios ecuatorianos y para la libertad de prensa”.
Entre 2007 y 2009 llegó información al Departamento de Estado sobre la cambiante relación de Washington con Rafael Correa. Se aseguraba que el contacto con el gobierno de Ecuador era bipolar, que había momentos de tensión, pero al mismo tiempo los planes de cooperación eran un “éxito”. No obstante, el cable que más mella causó para Quito fue uno firmado en 2009 por la entonces embajadora Heather Hodges, en el que se hacía referencia a la supuesta corrupción del excomandante de Policía Jaime Hurtado Vaca, caso que podría estar ocurriendo aún con el conocimiento del jefe de Estado. Hodges, quien acusaba a Hurtado Vaca de apropiación de dinero público, extorsión y obstrucción de investigación contra colegas corruptos, fue expulsada por el gobierno de Correa apenas se tuvo conocimiento del cable.
El rechazo a las posturas estadounidenses de Correa, la aparente simpatía que mostró por Assange durante la entrevista para Russia Today, hace tres días, y la bienvenida que en su momento dio Kintto Lucas, hacen que hoy la prensa ate cabos para explicar el pedido de asilo del detenido en la embajada de Ecuador en Londres. Durante dicha entrevista, Correa bromeó con Assange, su entrevistador, a quien dio la bienvenida al “club de los perseguidos”.
Conversaciones Quito-Londres
Desde que el australiano Julian Assange comenzó a ser procesado por dos denuncias de abuso sexual en Suecia, ha argumentado que se trata de una persecución por las revelaciones de Wikileaks y que su eventual extradición a ese país significaría su entrega futura al gobierno de Estados Unidos. Desde el martes, Assange se refugió en la embajada de Ecuador en Londres (ciudad en la que esperaba la resolución de extradición que finalmente le fue adversa) para pedir asilo político. Rafael Correa aseguró desde Río de Janeiro, donde participa en la Conferencia Río+20, que su gobierno está procesando la solicitud, mientras la embajadora de Quito en Londres, Ana Albán, se reunió con delegados británicos para hallar una salida “justa” a la situación. Scotland Yard amenazó con arrestarlo si ponía un pie en la calle.