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Según observadores internacionales, los norcoreanos padecen hambre por cuenta de las malas cosechas de los últimos tiempos. El clima no los ha ayudado. El Programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas estima que el país tiene un déficit de por lo menos un millón de toneladas de granos. Pero ayer fue un día especial, según transmitió la televisión oficial, miles de norcoreanos recibieron una ración de arroz y dulces. ¿La razón? La fecha más importante del año: el cumpleaños de Kim Jong-Il, que se celebra cada año con eventos deportivos y culturales, además de una muestra de cine, uno de los pasatiempos favoritos del líder norcoreano, que estuvo acompañado de sus más fieles generales y de su hijo menor.
Y es que uno para todos y todos para uno es la norma que rige los destinos de los miembros de la dinastía Kim de Corea del Norte. Desde que Kim Il-Sung se convirtió en el gran héroe de la guerra de liberación contra la ocupación japonesa, en 1945, el país quedó en manos de su familia. De hecho, cuando comenzó su mandato, en 1948, decidió crear su propia ideología llamada ‘Juche’, mediante la cual promovió el culto a su imagen, a su “dinastía salvadora” y a la “autosuficiencia”.
Así, durante los 46 años que duró su régimen, Corea del Norte se aisló del exterior. En las entrañas del país la represión aumentaba, la pobreza se tomaba los campos, la economía colapsaba, miles morían de hambre mientras en las escuelas se enseñaba que el padre de la Corea comunista, o ‘Gran Líder,’ como se hizo llamar, era el único capaz de mantener el país a salvo de las amenazas. Para conseguirlo se propuso tener el ejército más grande del mundo y determinó que el poder era una cuestión de familia.
Años antes de morir, Kim Il-Sung estableció que su hijo Kim Jong-Il sería su sucesor. Para eso, lo adoctrinó en la ideología ‘Juche’ y creó toda una leyenda alrededor de su nacimiento, que según los libros de historia norcoreanos “fue un evento presagiado por una golondrina y señalado con la aparición de una estrella nueva en el cielo, además de un doble arcoíris sobre las montañas”.
Kim Jong-Il estudió economía y, por designio de su padre, pasó por varios puestos del gobierno coreano. Primero fue instructor del Partido de los Trabajadores (PTC), luego jefe de sección, subjefe, secretario, miembro del comité político y ministro de cultura, hasta que en 1980 se dijo oficialmente que él sería el sucesor del ‘Gran Líder’. Pero una amenaza apareció en el camino: Kim Pyong-Il -uno de los cuatro hijos del segundo matrimonio de Kim Il-Sung quien fue enviado a Hungría por cuenta de la rivalidad que tenía con Kim Jong-Il. Había que sacarlo del camino.
Según desertores del régimen, Kim padre no quería una lucha por el poder entre sus dos hijos y quiso evitar el colapso del régimen favoreciendo a Kim Jong-Il, quien en pocos años se convirtió en la figura más poderosa del gobierno norcoreano. En 1990, Kim Il-Sung ordenó al país obedecer a Kim Jong-Il y desde entonces comenzó a ser llamado el “Querido Líder” y el “Sol del Siglo XX”. Kim Il-Sung murió en 1994 por un infarto y cuatro años después fue nombrado “presidente eterno” de Corea del Norte.
Kim Jong-Il ocupa desde entonces el puesto de Secretario General del Partido y Presidente de la Comisión de Defensa Nacional. Desde esos cargos continuó con el sistema de control impuesto por su padre: campos de concentración y trabajos forzados. Mantiene el elevado gasto militar -1,2 millones de hombres están en las filas y 90% del presupuesto del país está destinado a la defensa- porque según la doctrina ‘Juche’ es la única forma de garantizar la independencia y la ausencia de ataques extranjeros.
También heredó el estilo de vida derrochador de su padre. Amante del buen vino (dicen excolaboradores que toma hasta diez copas diarias), fanático de los trajes de diseñador (Versace es su favorito), coleccionista de zapatos de plataforma (está acomplejado por su baja estatura de 1,60 m), mujeriego empedernido (pierde la cabeza por las rusas rubias, según los periódicos surcoreanos), apasionado por el cine (tiene una colección de más de 20.000 películas), loco por los trenes (mandó a construir uno que sea invisible a los radares) y coleccionista de carros lujosos (según la revista Time tiene 50), Kim Jong-Il se convirtió en un dictador despiadado.
Los disidentes que han escapado lo describen como un maniático, vanidoso y acomplejado. En la década de los 90 el país sufrió una hambruna que cobró miles de vidas, Kim Jong-Il culpó a los propios norcoreanos de su desgracia. Hoy el país sigue sumido en la pobreza extrema, al igual que hace 63 años cuando comenzó a regir la dinastía Kim, mientras el ‘Querido Líder’ vive obsesionado en construir el arsenal atómico más gran del mundo.
Según la inteligencia surocoreana, desde 2008, Kim Jong-Il tiene problemas de salud: sufrió una apoplejía, perdió el habla y el movimiento en su cara. Su estado es cada vez más delicado por lo que aceleró el proceso de sucesión. Hace tres meses anunció que Kim Jong-un, el menor de sus tres hijos, será el futuro líder de la nación norcoreana. Eso sí, acompañado por Chan Song-taek, cuñado de Kim Jong-Il y su único hombre de confianza. ‘El tío’, como se le conoce, es considerado el arquitecto de la sucesión y la persona que necesitará Kim Jong-un para ganarse la lealtad del partido y del ejército, pues con 27 años, y hoy llamado por los norcoreanos como “Comandante Kim” no tiene experiencia militar y tampoco legitimidad política, más allá de su apellido.
Ayer apareció al lado de su padre y su tío durante los festejos del cumpleaños para recordarle a la población que pronto tendrán un nuevo líder, uno que podría sacar al país del mayor aislamiento en muchos años por cuenta de un ataque a 46 marinos de Corea del Sur, en marzo de 2010. Aunque Pyongyang ha tratado de reactivar el diálogo, los surcoreanos exigen una disculpa formal, algo que los Kim no están dispuestos a hacer, a pesar de que las sanciones internacionales y su oneroso programa militar los tenga arruinados y sumidos en la más grande escasez de alimentos de los últimos tiempos.