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Los niños de Gaza quedan expuestos al peligro de las municiones sin estallar

Entre 5 % y 10 % de las municiones disparadas por Israel sobre Gaza no explotaron, poniendo en riesgo a miles de niños. La descontaminación podría llevar 14 años.

03 de abril de 2025 – 08:07 p. m.
FOTODELDÍA Khan Younis (Gaza), 18/11/2024. - Un niño palestino escribe en una bandeja de arena en un aula sobre los escombros de una escuela destruida en el campamento de Khan Younis, al sur de la Franja de Gaza, este lunes. Según el Ministerio de Salud palestino, más de 43.800 palestinos han sido asesinados desde que los militantes de Hamas lanzaron un ataque contra Israel desde la Franja de Gaza el 7 de octubre de 2023, y el 44 por ciento del total eran niños, según el ACNUDH. EFE/ Haitham Imad
Un niño palestino escribe en una bandeja de arena en un aula sobre los escombros de una escuela destruida en el campamento de Khan Younis, al sur de la Franja de Gaza
Foto: EFE - HAITHAM IMAD

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La guerra dejó Gaza repleta de municiones sin estallar que tardarán años en retirarse. Los niños, atraídos por estas “cosas raras”, se acercan a los artefactos y quedan mutilados o incluso mueren al intentar recogerlos.

“En este momento perdemos dos personas por día víctimas de municiones sin explotar. La mayoría son niños que no tienen escuela”, explica a AFP Nicholas Orr, exdesminador británico recién regresado de Gaza, donde estuvo junto a Handicap International.

Los niños están especialmente expuestos porque juegan entre los escombros de edificios bombardeados. “Se aburren, corren por todos lados, encuentran algo raro y juegan con ello”, detalla.

Esto le ocurrió a Ahmad Azzam, de 15 años, que perdió una pierna a causa de un artefacto explosivo abandonado en las ruinas de su casa, cuando regresaba a su hogar en Rafah, en el sur.

“Inspeccionábamos lo que quedaba de la casa y había un objeto sospechoso. No sabía qué era cuando de repente explotó”, relata. Herido en varias partes del cuerpo, tuvo que ser amputado de una de sus piernas.

Como muchos palestinos había regresado aprovechando la frágil tregua, que ya fue rota, en la guerra iniciada por los ataques de Hamás a Israel el 7 de octubre de 2023.

Orr precisa que los niños son más vulnerables ya que algunas municiones “atraen y eso les gusta”.

Los bombardeos israelíes se reanudaron el 18 de marzo y hay pocos datos disponibles sobre la cantidad de municiones sin explotar en el territorio.

Jugar con fuego y con el azar

El servicio de lucha contra minas de la ONU (UNMAS) advirtió en enero que “entre 5 % y 10 %” de las municiones disparadas sobre Gaza no explotaron, estimando que la descontaminación podría llevar 14 años.

Las municiones sin explotar son visibles por todas partes, señala Alexandra Saieh, de la ONG británica Save the Children, que trabaja en Gaza.

“Cuando nuestros equipos van al terreno ven municiones sin explotar. La Franja de Gaza está literalmente llena de ellas”, afirma.

Para los niños que pierden un miembro en las explosiones “la situación es catastrófica porque necesitan cuidados especializados a largo plazo y simplemente imposible en Gaza“, resalta.

A principios de marzo Israel impuso un bloqueo sobre la ayuda que entra en el territorio. Se terminó el material para prótesis y para aquellos que fueron amputados, es una pérdida de movilidad a largo plazo, lamenta.

En el norte, donde los combates terrestres fueron intensos durante meses, el tipo de municiones sin explotar suele ser “morteros, granadas y muchas balas”, subraya Orr.

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En Rafah, donde los ataques aéreos fueron más intensos, “son proyectiles de artillería, o caídos del cielo”, algunos de los cuales pesan decenas de kilos.

Orr no fue autorizado a llevar a cabo operaciones de desminado en Gaza para evitar el riesgo de ser confundido por la vigilancia aérea israelí con alguien que intentara refabricar armas a partir de municiones sin explotar.

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Los mensajes de prevención tardan demasiado en llegar y es difícil saber qué munición está en riesgo de explotar o no. Algunos habitantes creen que pueden deshacerse de ellas viendo a otros moverlas, pero el riesgo es enorme.

“Es jugar con fuego y con el azar”, concluye.

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