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Atrás quedaron las campañas políticas. Estados Unidos ya eligió a su nuevo presidente, y aunque el sucesor de George Bush puede celebrar su triunfo, sabe a ciencia cierta que su victoria en las urnas no es garantía para respirar tranquilo, todo lo contrario, lo que le espera es un paisaje repleto de problemas, que en nada se parece a los bellos jardines que adornan la Casa Blanca.
La enorme crisis económica, el desplome de los mercados, el desangre de los fondos federales, el crecimiento del desastre hipotecario, el aumento del desempleo, la guerra en Irak, el débil sistema de salud, la deuda nacional, la amenaza terrorista, el resquebrajado sistema migratorio y ante todo, la pérdida de la confianza de un pueblo en su Gobierno y la mala imagen a nivel internacional, son algunos de los asuntos con los que el presidente número 44 de Estados Unidos deberá enfrentarse. Por ello no resulta exagerado que muchos analistas políticos definan el camino del nuevo inquilino de la Casa Blanca como una pesadilla de la que no será nada fácil salir.
“Hoy la gente está preocupada, escéptica e insatisfecha. Números récord muestran que el país va por el camino equivocado y en medio de semejante clima, la luna de miel del nuevo presidente pudiera ser tan frágil como un matrimonio a las tres de la mañana en Las Vegas”, asegura David Von Drehle, analista político de la revista Time, quien agrega que el próximo mandatario norteamericano “tendrá que manejar el timón en medio de un tremendo remolino”.
Pero con semejante pronóstico y aunque en muchos ciudadanos reinan la confusión y el temor, la mayoría coincide en que el primer toro que el presidente debe agarrar por los cuernos, si quiere empezar a ver el sol, es el asunto económico.
Michael Bloomberg, alcalde de Nueva York y uno de los hombres más ricos del mundo, asegura que el nuevo jefe de Estado deberá crear una completa agenda en los primeros 100 días de su gobierno, en la que le dé importancia a la crisis económica.
“Usted no puede abordar todos los asuntos importantes al mismo tiempo. Usted tendrá que priorizar, y en tiempos de crisis económica, la economía debe ser primero”, dijo Bloomberg, a través de una misiva dirigida al sucesor de George Bush.
Carol Barker, politóloga de la Universidad de Columbia y docente de la cátedra de Derechos Civiles del International Center of New York, asegura que un asunto vital en el que el mandatario deberá trabajar, es restaurar la confianza de la gente, a través de un paquete completo de reformas.
“El próximo presidente debe darle prioridad al tema económico. Es necesario crear estímulos que contengan recortes en los impuestos o rebajas para todos, excepto para las personas con mucho dinero. Hay que extender el seguro de desempleo, ayudar a los gobiernos locales y estatales a mantener los servicios que ofrecen y crear nuevos trabajos a través de proyectos de infraestructura como la reparación de puentes y carreteras”, dice la analista, comentando que asimismo, debe hacer lo que sea necesario para evitar que más personas pierdan sus viviendas.
A pesar de ello, hay quienes aseguran que el problema más grande para el nuevo mandatario no tiene que ver solo con el desastre que ya está sobre la mesa, sino con las limitaciones que tendrá que enfrentar para poder resolverlo. Richard N.Haass, presidente del Consejo de Relaciones Exteriores, le pronosticó al nuevo mandatario lo que en su opinión será su principal dolor de cabeza: “Habrá días en los que usted se pregunte por qué trabajó tan fuerte para obtener este cargo y lo que le hará más difícil todo, no será lo que le espera, sino los frenos que limiten lo que en realidad pueda hacer”, dijo.
Según el analista, a diferencia del Estados Unidos que hace ocho años recibió el republicano George Bush, que distaba mucho de llegar a parecerse al de hoy, otra de las desventajas del nuevo mandatario es que la bienvenida se la da un país que pasó de tener una deuda nacional de seis trillones de dólares a diez trillones.
“Este presidente heredará guerras en Irak y Afganistán, unas Fuerzas Armadas cansadas, una lucha global contra el terrorismo, una moneda débil, sustanciales sentimientos antiamericanos, un déficit en el presupuesto federal que puede alcanzar 1 trillón en su primer año y una desaceleración en la economía global que incrementará la inestabilidad en
numerosos países”, asegura Haass, quien sentencia que “la campaña no preparó a la gente para los tiempos difíciles que vienen”.
Sobre los asuntos de seguridad nacional, Joe Klein, reconocido escritor y columnista político, aseguró que sería positivo que el nuevo mandatario continúe rodeado de los funcionarios que actualmente manejan la lucha contra los extremistas islámicos. “La crisis financiera le exigirá la mayoría del tiempo y de su capital político y desde esa presunción, por continuidad y ausencia de drama, no sería mala idea mantener a esos jugadores en la batalla”.
Sally Henry, abogada y especialista en asuntos de bancarrotas de la firma Skadden, al igual que varios estudiosos, coincide en que el nuevo inquilino de la Casa Blanca tendrá en sus manos problemas tan serios como los que debió enfrentar Franklyn Delano Roosevelt, originados en la crisis de 1929. “El siguiente presidente tendrá que encarar una crisis económica más severa de la que alguno haya visto durante casi 80 años. El desempleo está por las nubes. El sistema bancario permanece congelado, los despidos están creciendo, los jóvenes han tenido que aplazar su educación superior y la generación nacida cuando sus padres volvieron de la Segunda Guerra Mundial, afrontan retiros con el 40 % de ahorros menos que los que tenían hace un año”, asegura la experta.
Pero a pesar de ello, Henry afirma que la crisis también puede ser una oportunidad para que el mandatario pase a la historia como aquel que trajo de nuevo las rosas a la Casa Blanca. “El reto real para el próximo presidente será convertir limones en limonada. Vamos a pasar por tiempos muy duros, de eso no hay duda, pero eventualmente vamos a recuperaremos y esta confusión ofrece una grandiosa oportunidad para que el presidente utilice su oficina y arregle todo lo que necesita arreglarse, como una excusa para construir una nación donde el sueño americano realmente se haga realidad”, dice Henry. Pero a su vez, no duda en afirmar que si no lo logra, las consecuencias serán desastrosas: “podríamos terminar en un punto donde los ricos se pongan contra los pobres, los ciudadanos contra los inmigrantes, los blanco contra los negros y esta crisis se extendería a todo el hemisferio”.