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Los reyes también son humanos

Los españoles, según las encuestas, aceptaron las disculpas del rey por su viaje de cacería a Botsuana.

27 de abril de 2012 – 06:50 p. m.

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Julio César fue claro y directo: “Llegué, vi y vencí” (Veni, vidi, vinci). Don Juan Carlos de Borbón, rey constitucional de España, quizá se acordó del romano cuando pidió perdón a los españoles para enmendar su error: “Lo siento mucho, me he equivocado y no se volverá a repetir”, dijo cuando salía de la clínica en la que le reconstruyeron la cadera, rota en un safari de elefantes en Botsuana.

Los españoles, como indican todas las encuestas de opinión, han aceptado de forma mayoritaria las disculpas del monarca y le han perdonado su sonada metedura de pata, aunque la critican, no la olvidan y la tienen presente. Don Juan Carlos presenta un balance de 37 años de reinado que coinciden —a pesar de la crisis actual— con la época de mayor prosperidad y bienestar del país en toda su historia moderna.

El rey, además, fue el impulsor de la democracia y las libertades tras la muerte del dictador Franco. También, en 1991, en plena transición, desbarató con su actitud de defensa de la legalidad un fantasmal golpe de Estado encabezado por un grupo de militares nostálgicos del extinto régimen dictatorial. Y por último, durante todo su reinado ha sido un personaje simpático, cercano y natural para la inmensa mayoría de los españoles. Incluso republicanos confesos, sin abjurar de sus convicciones, durante muchos años se han declarado públicamente ‘juancarlistas’.

Sólo los antiguos comunistas, aglutinados alrededor de Izquierda Unida, y los independentistas vascos y catalanes más radicales reclaman la república. El diputado socialista Alfonso Guerra, vicepresidente en casi todos los gobiernos de Felipe González, que defiende el pasado republicano de su partido, escribe esta misma semana en la revista Tiempo que “el accidente de Botsuana ayudará para resolver problemas todavía no resueltos de transparencia de la Casa Real, para que siga desempeñando la labor histórica de dar una cobertura, simbólica si se quiere, pero determinante, a la más larga experiencia en libertad que han vivido los españoles”.

La cacería de elefantes del rey en Botsuana, en la que también participaba la princesa alemana Corinna zu Sayn-Witt, ha sido un error, adornado además con otros elementos morbosos, que marca un antes y un después en la historia actual de la monarquía española. Muchas cosas cambiarán a partir de ahora en la Casa Real española, en la que también destaca la conducta ejemplar del príncipe Felipe. Una gran mayoría de españoles recibió atónita la noticia del accidente del rey, justo cuando la crisis económica arrecia y el desempleo se acerca a los seis millones de personas. En ese escenario, la cacería real en África no era, desde luego, el mejor ejemplo y sólo alguien con un prestigio entre los ciudadanos como el de don Juan Carlos podía superar —no sin costes, eso sí— el incidente.

El rey ha sido y es popular en España y sólo los más extremistas y radicales defienden el advenimiento de una nueva república, al menos por ahora. Muchos recuerdan que, también en 1992, la reina de Inglaterra, Isabel II, tuvo su particular annus horribilis y ahora, veinte años más tarde, se dispone a celebrar el 60 aniversario de su acceso al trono en uno de los momentos de mayor popularidad. En España, como apuntan desde el entorno del rey, hay otros elementos que juegan a favor de don Juan Carlos y de la monarquía.

Incluso una gran mayoría de los más críticos —que los hay— descartan cualquier veleidad republicana ante la hipótesis de que una hipotética república española fuera presidida, por ejemplo, por el exlíder del Partido Popular José María Aznar, o por el expresidente socialista del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. Tampoco habría muchos partidarios de que el presidente de la República fuera uno de los líderes actuales, el popular Mariano Rajoy o el socialista Pérez Rubalcaba.

En España, la monarquía de don Juan Carlos —y el príncipe Felipe podría continuar la tradición— ha sido un referente de imparcialidad y moderación para la inmensa mayoría de los españoles. Ese ha sido su éxito y su secreto. Y ahora, además, ha tenido la habilidad de pedir perdón con humildad, porque los reyes también son humanos, como todos.

* Director de la revista Tiempo, de España.

>>La cacería de elefantes del rey en Botsuana marca un antes y un después en la historia actual de la monarquía española.

Jesús Rivasés*

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