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McCain y Obama, de frente

Al candidato republicano a la Presidencia de E.U., John McCain, le tocó cambiar de opinión. Después de asegurar que iba al debate hasta que se aprobara el plan de ayuda financiera, llegó al evento en la Universidad de Misisipi.

26 de septiembre de 2008 – 05:55 p. m.

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Al final, la inversión de 5,5 millones de dólares que realizó la Universidad de Misisipi para ser anfitriona del primer debate de las elecciones presidenciales de 2008, no se perdió.

En la mañana del viernes  la campaña del republicano John McCain confirmó que el candidato sí asistiría a debatir su plan de gobierno con el demócrata Barack Obama. Los organizadores, entonces, decidieron incluir en los temas a discutir, que en principio estaban orientados a la política exterior, la crisis financiera por la que atraviesa el país.

El primero en hablar fue Obama, quien acusó del actual descalabro financiero a las políticas de la actual administración estadounidense.  “La crisis se ha gestado por culpa de los ocho años de políticas fallidas de George W. Bush, que han sido apoyadas por el candidato republicano John McCain”, aseguró el aspirante demócrata.

Por su parte, el aludido trató de bajar el tono con que comenzó la discusión. “Por primera vez los partidos Demócrata y Republicano se sienten juntos a negociar una solución”, respondió McCain.

Conforme avanzaron los temas, se vio a un Obama apurado y en ocasiones dubitativo, mientras su contrincante se mostró tranquilo y pausado, expresando siempre con una sonrisa su seguridad en momentos de tensión.

 Jim Lehrer, periodista de la cadena pública PBS, encauzó el debate hacia el tema tributario y de recortes fiscales. El demócrata afirmó que, de llegar a la Casa Blanca, disminuirá los impuestos de los estadounidenses que ganen menos de 250.000 dólares anuales, el 95% de la población.

“Esta medida dará un mayor desahogo económico a los ciudadanos y, por consiguiente, hará crecer la economía en lugar de la política que hemos tenido hasta ahora, de recortar impuestos a los más pudientes y tener la esperanza de que las ganancias de los más ricos se filtren a las clases inferiores”, explicó Obama.

McCain puso en duda la viabilidad del plan de su oponente y lo acusó de querer aumentar la carga fiscal a las empresas del país al igual que el gasto de Hacienda en unos 100.000 millones de dólares.

 Al explicar su proyecto fiscal, el republicano afirmó que recortaría las asignaciones presupuestales específicas, o earmarks, que suman US$18.000 millones. “Voy a vetar cada proyecto de ley que los incluya y voy a denunciar a sus responsables”, aseguró McCain.

Ante esta propuesta, Obama mostró su incredulidad: “Debemos asegurarnos de que no se producen gastos innecesarios, pero no es una cifra que vaya a devolver la salud económica a la clase media”.

Al debatirse el tema de la guerra en Irak, McCain volvió a hacer gala de su pasado como prisionero de guerra, un tema recurrentemente utilizado por su campaña. Sin embargo, causó impresión al afirmar que su país  consiguió el éxito militar, pese a que “fue un enfrentamiento bélico mal gestionado”.

Obama contestó con otra recurrencia: que desde el principio se opuso al envío de tropas norteamericanas al Golfo Pérsico, y  preguntó: “¿Para qué hemos estado allí desde hace seis años?”.

Sin embargo, el republicano hizo un exhaustivo listado de sus conocimientos sobre política exterior, enumerando las operaciones de E.U. en Bosnia, Afganistán, Somalia y Pakistán. Al nombrar a Irán, aseveró: “No podemos permitir otro holocausto”.

Su contrincante no se quedó atrás. “La guerra de Irak ha fortalecido a Irán porque antes eran enemigos”, respondió Obama, y agregó: “No podemos permitir un Irán nuclear”.

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Al final, quedó sobre el aire la misma pregunta que, desde hace 48 años, se formulan los periodistas: ¿quién ganó este primer debate?  Para Steven Volk, analista de la Universidad de Georgetown: “McCain no quiso parecer muy duro y se mostró calmado; su objetivo era mostrarse conciliador, algo que no caracteriza a los republicanos. Obama, por su parte, disimuló muy bien su inexperiencia en el tema internacional. Mostró un carácter conciliador e insistió en que él es el hombre del cambio”.

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