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Una alergia al periodismo parece haber contagiado a Hugo Chávez y sus aliados bolivarianos. El gobierno venezolano anunció, el pasado domingo, la clausura de 29 emisoras de radio —que se unirán a las 34 ya cerradas en agosto— y nuevas sanciones contra la asediada Globovisión. El canal ecuatoriano Teleamazonas y varias estaciones de radio podrían tener los días contados si prospera la cancelación de licencias exigida por el presidente Rafael Correa. En Managua, Daniel Ortega arremetió contra los periodistas, acusándolos de servir “a los enemigos del pueblo”, y en Santa Cruz, Bolivia, fueron golpeados dos periodistas por dos miembros de la unidad élite de la policía, cuando cubrían el enfrentamiento entre un campesino y las autoridades.
“En los últimos tres años se está imponiendo un patrón de acoso sistemático a los medios independientes en Venezuela, Ecuador, Bolivia, Nicaragua y, en menor grado, Argentina”, explicó a este medio Enrique Santos, presidente de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP).
Da la impresión de que la prensa estorba al Socialismo del Siglo XXI. Los medios, afirman los dirigentes bolivarianos, responden a “intereses de la oligarquía y el imperialismo” y “tergiversan la realidad”. ¿Tienen algún fundamento esas denuncias? ¿Está la prensa demasiado politizada?
“Vivimos un proceso de polarización extrema, y es inevitable que eso se refleje en los medios”, asegura Marco Dipp, presidente de la Asociación Nacional de la Prensa de Bolivia. Además, la falta de una oposición articulada y la fragilidad institucional han convertido a la prensa “en uno de los principales instrumentos de fiscalización del poder”. Y eso tiene sus riesgos.
La estrategia de los mandatarios contra los medios repite el mismo esquema: empieza con insultos y descalificaciones, sigue con agresiones físicas por parte de grupos de choque oficialistas (sobre todo en Venezuela, Bolivia y Nicaragua), acoso judicial, medidas de asfixia (como el reparto de pautas publicitarias o los impuestos al papel fijados en Ecuador) y el cierre de medios. Simultáneamente, estos gobiernos están conformando poderosas redes de prensa con fondos públicos para usarlos como aparato de propaganda.
Venezuela marca la pauta con la clausura de Radio Caracas Televisión y de 34 emisoras y el acoso a Globovisión, entre otras. Rafael Correa se ha convertido en el alumno más aventajado. Desde su programa semanal de radio, recomienda: “Apaguemos el televisor y tengamos la mente limpia. No es necesario leer periódicos”.
En Bolivia se han registrado 90 agresiones a periodistas en los últimos nueve meses, señala Marco Dipp. “De momento no hay leyes mordaza, pero el temor es que, después de las elecciones de diciembre, se incluyan en la anunciada reforma judicial”. Evo Morales ha suspendido las conferencias de prensa y sometido a escarnio público a algunos reporteros.
Su homólogo nicaragüense, Daniel Ortega, no se queda atrás. El gobierno ha concentrado pautas publicitarias en medios de comunicación pertenecientes a la familia del presidente, además de recurrir a un poder judicial controlado por el sandinismo para asediar a los periodistas incómodos, como Carlos Fernando Chamorro. Otras veces son las turbas oficialistas las encargadas de poner orden a base de asaltos y palizas.