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México, la protesta apenas comienza

La indignación ya no sólo se debe a los 43 desaparecidos. El escándalo de la casa de US$7 millones de la primera dama, la corrupción y la ineficacia del Gobierno son otras razones.

Jueves 20 de noviembre, Ciudad de México: miles de personas protestan en el Zócalo en solidaridad con los 43 estudiantes desaparecidos. / EFE
Jueves 20 de noviembre, Ciudad de México: miles de personas protestan en el Zócalo en solidaridad con los 43 estudiantes desaparecidos. / EFE
Foto: EFE - Mario Guzmán

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La semana pasada, México vivió una de las protestas más importantes de su historia reciente. La movilización es un reflejo de una indignación producida no sólo por la desaparición de 43 estudiantes, sino por otros motivos de presunta corrupción en el gobierno de Enrique Peña Nieto. La protesta apenas comienza.

El jueves 20 de noviembre, en Ciudad de México, el desfile conmemorativo por el inicio de la Revolución se cancela. En las redes sociales corre una convocatoria para tres marchas simultáneas. Cada una de ellas representando a uno de los tres normalistas que perdieron la vida en los enfrentamientos con policías municipales en Iguala el 26 de septiembre. El reclamo es el mismo desde hace casi dos meses: la presentación con vida de los 43 normalistas desaparecidos. Días antes de las marchas existe nerviosismo entre la sociedad: la sombra de la masacre del 68, cuando cientos de estudiantes murieron a manos del ejército, está en la mente de unos. Los autos incendiados y las bombas molotov, en la mente de otros. Algunas escuelas cancelan clases, por miedo o por solidaridad. El tráfico usual que caracteriza a la ciudad parece desaparecer por unas horas. México le tiene miedo a la protesta.

Se difunde por mensajes a celular un audio donde una chica con el acento propio de la clase alta capitalina advierte que “un amigo de su papá” dice que los manifestantes se tomarán universidades. El audio aconseja no acercarse a la zona donde se encuentra la Universidad Autónoma de México, donde hace una semana una persona fue herida de bala en la pierna por un funcionario de la Procuraduría del Distrito Federal. “Se va a poner muy feo”, sentencia la grabación.

Sin embargo, desde las cuatro de la tarde la gente empieza a concentrarse en los puntos de donde se había acordado que saldrían los contingentes: el Ángel de la Independencia, el Monumento a la Revolución y Tlatelolco, lugares emblemáticos de la ciudad. Alrededor de las seis de la tarde, las tres marchas, ya nutridas por la sociedad civil, estudiantes, campesinos a caballo, obreros, familias enteras y los 43 padres huérfanos, inundan el centro de la ciudad con consignas y cantos. Los gritos de “Fuera Peña” y “México sin PRI” acompañan el “Vivos se los llevaron, vivos los queremos”. La indignación ya no se debe sólo a los 43 desaparecidos. El escándalo de la casa de US$7 millones de la primera dama, la corrupción y la ineficacia del gobierno de Peña Nieto se vuelven parte de las razones por las que la gente dice estar manifestándose.

Hace unas semanas salió la luz que la primera dama, Angélica Rivera, era dueña de una mansión en una de las zonas más caras de la Ciudad de México. La propiedad, valuada en US$7 millones, fue construida por un contratista al que días antes le fue revocada una licitación para hacer un tren y que durante el gobierno de Peña Nieto en el estado de México había obtenido contratos para la construcción de obras. Las sospechas de corrupción se hicieron tan fuertes que dos días antes de las marchas, Angélica Rivera se dirigió a los mexicanos en un video donde, de acuerdo con ella, aclara los orígenes de la propiedad. Según la información proporcionada, Televisa, empresa donde trabajó como actriz de telenovelas, le dio un finiquito de poco menos del valor de la propiedad como condición de mantener su exclusividad durante cinco años.

Haciendo referencia a su personaje más famoso en las telenovelas, los gritos de “Gaviota, Gaviota, tu marido es un idiota” se escuchan con fuerza mientras la marcha se acera al Zócalo. Grupos de músicos tocan encima de los puestos de periódicos y los letreros de algunas calles han sido reemplazados por los de Calle Normalistas y Calle Desaparecidos. El cineasta mexicano Epigmenio Ibarra graba a los jóvenes que marchan por las estrechas calles del centro de la ciudad. Cerca del Palacio de Bellas Artes, la marcha se convierte en fiesta cuando un grupo de jóvenes anima el grito de “43, justicia” con tambores. Personas mayores sostienen letreros en apoyo mientras permanecen en las orillas de las calles; algunos de ellos aplauden con emoción al escuchar las voces de la protesta al ritmo de los tambores.

Con una pequeña provocación a la violencia, los manifestantes se apartan de un joven que está creando disturbios a pocas cuadras del Zócalo. La gente gritaba “No queremos infiltrados” y “No violencia”. Durante las manifestaciones de apoyo ha habido actos vandálicos, como la quema de autos y de edificios de gobierno. El presidente declaró antes, esa misma semana, que no se permitirían actos de violencia y acusó a los manifestantes de querer desestabilizar el proyecto de nación que él está impulsando. Sus declaraciones fueron tomadas como represivas por algunos sectores de la población y en ese sentido se buscó que la marcha se distinguiera por ser pacífica y que no se deslegitimara la protesta con actos violentos.

Poco después de las ocho de la noche, los primeros contingentes comienzan a llegar a la plancha del Zócalo. Son recibidos por consignas, aplausos y destellos de las cámaras de los teléfonos celulares. Una vez que la plaza está llena se quema una figura del presidente Peña Nieto hecha de papel. Cuando una parte importante de los manifestantes se ha retirado, un grupo empieza a aventar bombas molotov a los policías que custodian el Palacio Nacional. Durante el enfrentamiento son detenidas 31 personas. Algunas de ellas dicen que fue de manera arbitraria. Actualmente un grupo de alrededor de 15 personas se encuentran acusadas de terrorismo, delincuencia organizada e intento de homicidio.

A México lo esperan nuevas jornadas de manifestaciones. El descontento parece estar creciendo y la población está perdiendo el miedo. Lo visto el jueves en Ciudad de México puede no tener precedente en la historia reciente del país. La integración de diversos sectores y la expansión de las demandas, más allá de los 43 desaparecidos, pueden generar un momento que cambie, aunque sea un poco, la injusticia en este país.

alcantaraguerra2012@gmail.com

@marcealguerra

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