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“Parecía como si Tokio fuera a colapsar”. Esa es tan sólo una de las frases con las que la embajadora de Colombia en Japón, Patricia Cárdenas, describe los momentos que vivió durante el terremoto de ayer. Se encontraba en plena calle, en el centro de la ciudad, cuando vio cómo los grandes edificios comenzaron a moverse bruscamente de un momento a otro.
En diálogo con El Espectador, la embajadora relató que la primera persona del Gobierno que la llamó para preguntarle por lo que parecía una enorme catástrofe fue el presidente Juan Manuel Santos y posteriormente la canciller María Ángela Holguín. El balance inicial, en palabras de Cárdenas, fue alentador, pues no hubo reportes de colombianos afectados por el terremoto ni por el tsunami que éste desencadenó.
No obstante, es posible que con el paso de las horas se conozca de algunas víctimas. En la zona norte del Japón, la más afectada por el sismo y donde viven aproximadamente 300 de los cerca de 2.000 colombianos que residen en ese país, las comunicaciones se encuentran en un estado precario después del desastre. La embajadora dice que no están ahorrando esfuerzos para informarse sobre los afectados en la zona y que en conjunto con las sedes diplomáticas latinoamericanas mantienen un constante intercambio de datos para analizar el impacto del terremoto en sus ciudadanos.
Por su parte, la cancillería japonesa ha ofrecido todo tipo de ayuda a las representaciones de los países. La sede colombiana sufrió daños internos, mas no estructurales. Sin embargo, cada réplica representa un potencial daño.
La embajada colombiana en Tokio dispuso en su página web (http://es.colombiaembassy.org) un correo electrónico (terremotojapon@gmail.com) y un teléfono (81334411280) para que los compatriotas residentes en Japón puedan comunicarse y para que sus familiares en Colombia obtengan información sobre sus seres queridos.
Segundos de horror
Al principio pareció un temblor común, de los que ocurren a menudo. En el apartamento de Luz Baquero, una bogotana que completa 17 años viviendo en Yokohama (a unos 15 kilómetros de Tokio), la loza dentro de las gavetas de la cocina comenzó a vibrar más de lo usual, mientras la fuerza del temblor aumentaba y tiraba al piso los portarretratos. Antes había estado distraída cocinando, una razón por la que no se percató de que a su teléfono celular y a su televisor había llegado un mensaje de alerta, como suele ocurrir en estos casos, para advertir a los ciudadanos de lo que está ocurriendo. Su reacción inmediata, cuando la intensidad del movimiento rompió toda tranquilidad, consistió en refugiarse debajo de la mesa del comedor, a pesar de que por su cabeza pasaba la idea de salir a la calle, una decisión que no recomiendan los cuerpos de emergencia. Al final, sólo se trató de un instante de horror.
“El mar se devolvió”
Cuando la tierra comenzó a temblar, Andrés Marín, oriundo de Jardín, Antioquia, interrumpió sus labores en la fábrica en la que trabaja y vio de lejos a través de una de las ventanas que del edificio dan a la bahía de Yokohama. “Vi cómo el agua comenzó a andar para atrás, descubriendo el suelo para dejar en el aire un olor a podrido. Cuando esto ocurre, todos sabemos que el siguiente paso del terremoto es un tsunami”. Relata Marín por teléfono desde su apartamento que las más de 60 réplicas del día no lo dejan dormir.