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Narcos compran indígenas en Panamá

Los traficantes de drogas ofrecen pagos de hasta US$300 diarios en la frontera con Colombia.

Un reciente operativo antidrogas en ciudad de Panamá, el que fueron incautados más de 11 mil kg de cocaína.  / Reuters
Un reciente operativo antidrogas en ciudad de Panamá, el que fueron incautados más de 11 mil kg de cocaína. / Reuters
Foto: REUTERS - © Carlos Jasso / Reuters

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Bandas narcoguerrilleras colombianas despliegan una intensa ofensiva para reclutar a empobrecidos y jóvenes indígenas panameños en la selva del tapón del Darién, en zonas cercanas a la frontera entre Panamá y Colombia, y seducirlos con ofertas de trabajos que, con pagos de hasta 300 dólares por día para el presunto transporte de drogas, los llevan a quedar esclavizados al servicio de la delincuencia transnacional organizada.

El reclutamiento es ejecutado “aparentemente” por tropas del frente 57 de las insurgentes Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc), denunció, en una entrevista con El País, el líder indígena panameño Cándido Mezúa Salazar, cacique general de la comarca de las etnias embera y wounaan, pueblos que comparten un mismo territorio en 41 comunidades en el oriente de Panamá.

“Hay gente armada. Lo podemos decir porque se lo hemos manifestado a las autoridades (panameñas), que a veces no toman la importancia de esa denuncia. Allí está el frente 57 de las Farc desde hace muchos años”, relató.

“Tenemos claros los riesgos. Nos han informado los dirigentes (indígenas) que llegan algunas personas, nadie sabe cómo, a buscar trabajadores, jóvenes más que todo, a reclutar jóvenes para trabajos agrícolas o, digamos, de carga de sacos de arroz. ¿Pero quién carga sacos de arroz en medio de la montaña, a 200, 300 dólares por saco? No sabemos qué es”, reveló.

“Simplemente, los jóvenes son propensos porque tienen necesidades económicas y van por eso. Pero, en realidad, ¿quién paga? No sabemos. Lo único que ellos nos dicen es: ‘Bueno, cacique, nos pagaron 200 dólares y yo necesitaba para comprar un libro, un aceite, arroz’. Es lo que está pasando y estamos diciendo que no debemos caer en eso”.

Consultado por este diario, el estatal Servicio Nacional de Fronteras de Panamá (Senafront) replicó que el frente 57 fue desalojado de suelo panameño tras los operativos desplegados en los últimos cuatro años y que lo que persiste en Darién son “bandas criminales que utilizan estos medios” de reclutamiento. “El transporte de droga de los colombianos es con la complicidad de malos panameños. Si fuese por necesidad (económica), todo el mundo sería cargador de droga. Y en Darién hay muchas necesidades”, alegó Senafront.

Tras admitir que se sabe que jóvenes indígenas son reclutados por las bandas, el servicio alegó que “hay personas a las que les gusta el dinero fácil. El narcotráfico busca precisamente a personas a las que puedan influenciar”.

Mezúa explicó que el fenómeno ha estado “ocurriendo en los últimos cinco años. Tenemos bajo nuestra administración el territorio comarcal, de 430.000 hectáreas, en las que desarrollamos actividades forestales. Las comunidades encuentran huellas de pisadas, de botas, y ya se sabe de quiénes son, sabemos lo que hay”.

Ante el reclutamiento de indígenas, están intentando que los jóvenes se desarrollen en la actividad forestal. “Con generar alternativas económicas para ellos se evita en gran parte eso”, afirmó. Si los jóvenes carecen de actividad laboral sostenible, el peligro es “provocar desde afuera que se vayan a otro tipo de actividad”, narró.

“En el territorio comarcal teníamos la decisión de decir ‘está pasando esto’ a las autoridades, que no lo han tomado en serio. Seguimos trabajando en cómo evitar que nuestra gente caiga en el narcotráfico. Estamos diciéndoles a nuestras comunidades que no puede ser y tener alternativas”.

Hasta hace unos años, recordó, la costumbre era que las comunidades detectaran a las guerrillas colombianas que se movían en el límite de los dos países.

“Informábamos a las autoridades panameñas, que nos decían que lo que veíamos eran tallos de plátano que se movían en las noches. Pero en realidad eran personas armadas, caminando. Esos eran los tipos de eventos que se veían en los territorios. En los últimos 20 años las comunidades han sido afectadas, intervenidas por estas acciones que están atemorizando a las comunidades”, dijo.

Senafront replicó que “eso de que no hay una respuesta (de las autoridades) es totalmente falso”, y afirmó que, por el contrario, “las personas no avisan”.

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