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No la debe estar pasando bien por estos días el papa Benedicto XVI.
Una semana después de haber anunciado la revocatoria de la excomunión a cuatro obispos ultraconservadores que se oponen a las doctrinas conciliadoras del catolicismo, el Sumo Pontífice se encuentra entre serias y múltiples presiones para suavizar los efectos de una decisión que fue interpretada como una señal hostil contra el pueblo judío.
El 24 de enero, Benedicto XVI hizo pública su intención de devolver a las filas de la Iglesia a cuatro obispos ordenados en 1988 por el arzobispo Marcel-François Lefebvre sin la autorización del papa Juan Pablo II.
En cuestión de días, el Rabinato de Israel, máxima institución del judaísmo, anunció la ruptura de relaciones con el Vaticano y sugirió la cancelación de un foro birreligioso que debía llevarse a cabo a comienzos de marzo.
Lefebvre, un prelado francés fundador de la orden de San Pío X, se hizo famoso desde los años setenta por oponerse radicalmente al ecumenismo y la libertad religiosa, principios consagrados por el Concilio Vaticano II. Y Desde que fundara su orden, en 1971, Lefebvre entró en una tensa y constante contradicción con el Vaticano. En 1988, presintiendo su muerte y la necesidad de buscar su sucesor, hizo caso omiso a las prohibiciones del Papa, y ordenó como obispos a los francés Bernard Fellay y Tissier de Mallerais; el hispano-argentino Alfonso de Galarreta; y al británico Richard Williamson.
Durante dos décadas, el Vaticano y los obispos rebeldes intentaron acercarse, y para eso fue creada la Comisión Pontificia Ecclesia Dei. Desde el año 2000, fue el cardenal colombiano Darío Castrillón Hoyos el encargado de liderar esta tarea. De hecho, monseñor Castrillón Hoyos habría sido quien, según la agencia de noticias EFE, logró que, finalmente, el Vaticano permitiera el comienzo de la rehabilitación de los obispos conservadores.
Pero algo sucedió que no estaba dentro de la agenda. Días antes del anuncio de la revocatoria de su excomunión, Richard Williamson, fue entrevistado por uno de los canales nacionales de la televisión sueca. En ella, negó que seis millones de judíos hubieran muerto durante el Holocausto. “Se trataría a los sumo de 300 mil muertos”, sólo en campos de concentración, pues para Williamson, las cámaras de gas utilizadas por el ejército alemán no habían sido utilizados para asesinar.
Y luego el Vaticano anunció su regreso a la comunión.
Reaccionó entonces el Rabinato, que de inmediato cortó relaciones con la Santa Sede. Protestaron las comunidades judías en el mundo. Habló el teólogo alemán Hans Küng, quien, con un inventario de desaciertos de Benedicto XVI en la búsqueda del diálogo entre las diferentes religiones, afirmó que “es hora de que lo releven”. Saltaron cardenales, obispos y sacerdotes europeos, e incluso un prelado dentro del Vaticano, el cardenal alemán Walter Kasper, encargado de las relaciones con la comunidad judía, admitió que hubo “errores de gestión” y un descontento en la Iglesia por “estos equívocos”.
Varias fuentes cercanas al Sumo Pontífice han sugerido que en el Vaticano se desconocían las declaraciones de Williamson. Por eso, pocas horas después de la ruptura rabínica, Benedicto XVI reafirmó su “plena e indiscutible solidaridad” con los judíos y condenó de nuevo el Holocausto. Entre tanto, Williamson emitía una lacónica disculpa, desde Buenos Aires, donde dirige un seminario.
Pero nadie pareció estar satisfecho. El ex presidente de la Conferencia Episcopal Alemana, Karl Lehmann, exigió una “disculpa de alto nivel” por las decisiones del Vaticano. La canciller de este país, Angela Merkel, también arremetió el lunes, afirmando que hasta ahora las declaraciones del Sumo Pontífice no habían sido contundentes, y que “el Vaticano debe dejar definitivamente claro que no se permite el negacionismo”.
El jueves, la Santa Sede le exigió a Williamson que se retracte públicamente si quiere seguir haciendo parte de la Iglesia. También afirmó, de nuevo, que Benedicto XVI “desconocía su posición ”.
Pero hasta entrada la tarde de ayer, el obispo negacionista guardaba silencio.