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Nobel a la transición tunecina

El próximo 10 de diciembre se realizará en Oslo la ceremonia de entrega del Premio Nobel de la Paz al Cuarteto para el Diálogo Nacional de Túnez.

09 de octubre de 2015 – 10:36 p. m.

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En nombre de Mohamed Bouazizi, un vendedor ambulante de 26 años que, en vista de la falta de esperanzas, se inmoló el 17 de diciembre de 2010 en el centro de la ciudad de Sidi Bouzid, miles de jóvenes tunecinos se tomaron las calles para exigir empleo, oportunidades económicas, mejoras en educación y salud. Así, Túnez se convirtió en la cuna de los levantamientos sociales conocidos como la “Primavera Árabe”, que luego estallaría en otros países, como Libia, Egipto y Siria, donde la revolución ha sido fuertemente reprimida.

El presidente tunecino Zine el Abidine Ben Alí estaba en el poder desde 1987 y, debido a las protestas masivas, tuvo que renunciar para exiliarse en Arabia Saudita el 14 de enero de 2011. Desde entonces, la transición tunecina estuvo marcada por un creciente activismo social, la asociación de fuerzas políticas que superaban sus disensos e instituciones heterogéneas. A diferencia de lo que sucedió en Egipto, Ben Alí no optó por fortalecer al ejército para intentar volver al poder.

Tras el derrocamiento del presidente Ben Alí, el 23 de octubre de 2011 se celebraron elecciones para una asamblea constituyente, en la que fue nombrado presidente de la misma Mustafá Benjaafar, del partido socialdemócrata Ettakatol, y como primer ministro Hamadi Jebali, secretario general del partido islamista Ennahda. Este partido, que obtuvo la mayoría en la asamblea, hizo un pacto con partidos liberales y de centro izquierda para levantar el Gobierno interino que tenía como presidente a Moncef Marzouki. La asamblea tenía el reto de redactar una nueva Carta Magna que marcaría un nuevo rumbo para el país.

El camino hacia la democracia, sin embargo, se vio seriamente amenazado en 2013, con el resurgimiento del yihadismo y el asesinato del diputado progresista Mohamed Brahmi, el 25 de julio de ese año. El hecho provocó nuevas protestas masivas y un alto grado de polarización entre las fuerzas islamistas y sus opositores. A mediados de ese año surgió el Cuarteto para el Diálogo Nacional, compuesto por cuatro organizaciones de la sociedad civil (el sindicato Unión General de los Trabajadores Tunecinos, la patronal del país, la Liga Tunecina de Derechos Humanos y la Orden de Abogados) que patrocinaron una salida dialogada a la aguda crisis política.

Al entregarle el Nobel de Paz, el comité del premio señaló que el Cuarteto “estableció un proceso político alternativo y pacífico en un país al borde de la guerra civil. En pocos años logró que Túnez tuviera un sistema constitucional de gobierno que garantiza derechos fundamentales a toda la población”. El mérito del Cuarteto fue impulsar el diálogo entre los islamistas y sus opositores, obligándolos a sacar al país de su parálisis institucional. Finalmente, el 24 de enero de 2014 fue aprobada la nueva Carta Magna, la cual establece la creación de un sistema democrático y laico, bajo un régimen semipresidencialista.

Este proceso de transición culminaría con la victoria en las elecciones legislativas del 26 de octubre de la oposición laica, liderada por Nidá Tunis, y de su líder, Beyi Caid Essebsi, en las presidenciales del 21 de diciembre. Para sellar el logro democrático, el partido Ennahda aceptó su derrota y se produjo un pacífico traspaso de poderes.

Pero Túnez todavía tiene grandes retos por delante, como mejorar la situación socioeconómica por la que Mohamed Bouazizi decidió inmolarse en 2012, fortalecer la lucha contra la corrupción en las esferas gubernamentales y enfrentar serias amenazas a la seguridad. Tres meses después de que culminara la transición, el 18 marzo de 2015, en un atentado en las inmediaciones del Parlamento y en el Museo Nacional del Bardo murieron 17 extranjeros y dos tunecinos, tiroteados por presuntos terroristas. En junio, un ataque reivindicado por el Estado Islámico en dos hoteles de Susa dejó otros 39 muertos, incluido el responsable de la masacre. Los atentados sembraron el temor sobre la amenaza del terrorismo. Temor alimentado por el hecho de que Túnez es el primer país del mundo en número de voluntarios que viajan a luchar en las filas del Estado Islámico en Siria, con más de 5.000 milicianos y colaboradores, de los que cerca del 15% han regresado al país.

La entrega del Nobel, como siempre, es política y simbólica. Supone un espaldarazo para que Túnez enfrente los retos que persisten en materia socioeconómica, de seguridad y lucha contra la corrupción. Además, como señaló el propio comité del Nobel, se espera que el galardón sirva como ejemplo a otros países donde la Primavera Árabe derivó en más violencia y autoritarismo, como sucedió en Libia, Egipto y Siria.

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