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«O Gadafi o intervención»

Los objetivos de la incursión militar en Libia despiertan muchos interrogantes. ¿A quién le sirve?, se preguntan.

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¿A quién le sirve la intervención militar de Occidente en Libia? Esa es la pregunta con que me responden en El Cairo cada vez que intento saber la opinión de alguien sobre la operación ‘Odisea al Amanecer’. En la opinión pública egipcia, y en general en la del mundo árabe —curtido desde hace dos siglos por las invasiones de Francia, Inglaterra y, desde la Segunda Guerra, de Estados Unidos—, la idea de que la coalición internacional interviene militarmente para proteger a los civiles y construir un Estado democrático en Libia, no tiene credibilidad. “Claro que estoy en contra de la invasión. Si realmente quisieran parar la arremetida de las tropas de Gadafi contra los rebeldes y sacarlo del poder lo hubieran podido hacer de otra forma. Esta operación sólo sirve a los intereses de los invasores”, dice Salah, un hombre de negocios egipcio que, como la mayoría de sus compatriotas, tiene en la peor estima a Gadafi, pero no justifica con ello el ataque de la comunidad internacional. Después de que el Consejo de Seguridad de la ONU diera su aval a la exclusión del espacio aéreo libio, Mohamed Al Bil Tagi, líder de la Hermandad Musulmana, la principal fuerza opositora en Egipto, pidió juzgar a todos aquellos que desde el exterior han dotado de armas a Gadafi. Otras voces egipcias hablan de una suerte de efecto carambola. Con el ataque militar a Libia, la comunidad internacional aplasta a más de un poder: el de Gadafi, el de los rebeldes de Bengasi y, en consecuencia, el que pudiera llegar a tener cualquier otra rebelión armada en la región. Esa es la opinión de Shadi El-Hosseiny, uno de los jóvenes que protagonizaron la revuelta de la Plaza Tahrir. “Ni Europa ni Estados Unidos van a permitir que un movimiento armado llegue al poder en el mundo árabe”, estima. Del otro lado  de la frontera libia, los tunecinos, que desde el triunfo de la Revolución de los Jazmines siguen marchando en demanda de mejoras, condenan el bombardeo. Los centenares de opositores en Yemen, que acampan en las calles de Saná y que fueron brutalmente reprimidos por el régimen del presidente Saleh, la rechazan también. Y es que el sentimiento que se siente en esta orilla del Mediterráneo es una mezcla de ira y cansancio frente a las reiteradas respuestas de fuerza de parte de Occidente. “O la dictadura de Gadafi o la intervención militar, es la dualidad a la que nos ha obligado Estados Unidos”, escribe el analista Elyas Harfoush en Al Hayat, el diario libanés de mayor distribución en los países árabes. Tras el rotundo fracaso de la invasión a Irak y Afganistán, dice Harfoush, Estados Unidos retardó la operación militar en Libia a la espera de que Europa se abanderara de su nueva cruzada en Oriente y de que el establishment árabe decidiera apoyarla. El principal problema, dice, es que Occidente viene a imponer su idea de democracia sin tener en cuenta la de los opositores libios. “Una cosa es cambiar un régimen y otra construir las bases de un sistema democrático”, dice Harfoush, quien advierte sobre el riesgo de que modelos  autoritarios como el de Gadafi mejoren su imagen positiva ante el rechazo a la intervención militar. Incluso en la Liga Árabe se critica la incursión. El organismo regional, temeroso por la llama de las revueltas que encienden la pradera árabe y presionado por Occidente, decidió jugar en los dos bandos. Después de solicitar la aplicación de una zona de exclusión aérea sobre Libia, su secretario general, Amro Musa, quien aspira a ser presidente de Egipto, criticó la operación internacional aduciendo que no respetaba el objetivo principal: respetar la vida de los civiles. Horas después intentó atenuar su crítica, reiterando el apoyo de la Liga Árabe a la resolución de la ONU. Unos y otros dan su opinión, pero lo que piensan los civiles libios, defensores del régimen o rebeldes alzados en armas, “poco importa a Occidente, como tampoco importó la opinión de los iraquíes en 2002”, afirma el escritor y analista político libanés Hazem Sagheyya. “Occidente interviene militarmente guiado por su propio interés, que no es humanitario”, concluye.

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