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Obama frente a Siria e Irán

La amenaza de bombardear a Bashar al Asad se cambió por una resolución moderada de la ONU.

Marcos Peckel
01 de octubre de 2013 – 06:00 p. m.

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Este año se conmemoran dos aniversarios de emblemáticos eventos que, sin embargo, vuelven a adquirir relevancia: uno por tratarse de hechos recientes y el otro porque siempre la tuvo. Hace 75 años, un 30 de septiembre, en Múnich, se reunieron Hitler, Mussolini, Chamberlain y Daladier a debatir la crisis que se cernía sobre Europa por las amenazas de una envalentonada Alemania.

La conclusión de esa reunión fue que Sudeteland, una región de Checoslovaquia, país que no estaba representado en las deliberaciones, le sería entregada a Hitler a cambio de que el Führer cesara sus amenazas de guerra y firmara un acuerdo de paz, el cual Chamberlain blandió victorioso a su arribo a Londres bajo el lema “Paz en nuestros tiempos”. Lo demás es historia y Múnich quedó en la historiografía como el paradigma del “apaciguamiento” y Chamberlain como el ministro que vendió a Europa a cambio de un papel.

Hace 500 años, en 1513, aparecía un pequeño manuscrito en italiano, publicado finalmente en 1932, una serie de reflexiones producto de la pluma del filósofo y diplomático italiano Nicolás de Maquiavelo: El príncipe. Un inmortal tratado político del que se deriva el término “maquiavélico” y que se ha constituido en la biblia de cómo regir los destinos de reinos, imperios y estados. El príncipe, más que una obra sobre política, es un manual sobre la naturaleza humana, con crudas e inescrupulosas enseñanzas que, sin duda, han constituido desde siempre la esencia misma de la actividad política.

Algunas de sus máximas: “el fin justifica los medios”, “es mejor ser temido que amado, si no se puede ambas”, “antes que todo, ármese”, “si va a herir a alguien hágalo tan contundentemente que la víctima no tenga capacidad de venganza”, “para medir la inteligencia de un gobernante observe de quién está rodeado”, “en la política no hay lugar para la moral” y “el arte de gobernar se basa en el engaño”.

La referencia a Múnich surge de las acusaciones de “apaciguamiento” contra el presidente Obama por su política frente a Siria e Irán. La amenaza de un bombardeo a Siria tras el ataque a civiles con armas químicas fue permutada por una moderada resolución del Consejo de Seguridad que obliga, sin obligar, al régimen de Al Asad a deshacerse de su arsenal químico, mientras se le permite seguir matando con armas convencionales.

Con respecto a Irán, un perfumado discurso en la ONU de su nuevo presidente, Hasán Rohani, dio pie a que el mandatario estadounidense lo llamara por teléfono y comenzara una posible distensión entre los dos países. Es aún muy temprano para juzgar si Obama será otro Chamberlain o si su diplomacia dará el resultado esperado. Lo que no perdió vigencia y no la perderá jamás son las enseñanzas de El príncipe. No hay que ir muy lejos para verlas y vivirlas a diario.

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